Se restaura una Presidencia fuerte

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

EPNEn los primeros 120 días de gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto ha establecido un nuevo estilo presidencial y retomado algunas de las viejas costumbres del priismo tradicional.

No sólo se trata de la negociación cuidadosa del Pacto por México con los líderes de la oposición y de la lectura de un discurso de toma de posesión agresivo, con 13 promesas para iniciar su gobierno; se trata de la construcción de una nueva percepción sobre la situación del país y de la negociación de proyectos legislativos exitosos, como la reforma educativa.

La vieja alianza presidente-partido, en la que se sustentaba la construcción de las políticas presidencialistas, operó ahora con la anuencia y participación de la oposición. Por eso el Congreso no enfrentó grandes obstáculos a las reformas iniciales. Pero el Jefe del Ejecutivo sabe bien que cualquier alianza o pacto se puede romper, de ahí que se necesitaban otros elementos para fortalecer el poder de Peña Nieto.

En la misma semana se capturó a Elba Esther Gordillo, ex presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), se promulgó la reforma educativa y se realizó la XXI Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional. (PRI)

Con el primer evento, el presidente estableció —como lo hicieron los gobiernos priistas anteriores — que no se tolerarían amenazas a sus proyectos o estrategias políticas que obstaculizaran sus decisiones. A partir de ese momento, muchos actores pusieron sus barbas a remojar y se alistaron para la negociación que ofrece el nuevo gobierno.

En la Asamblea del PRI, el presidente no sólo realizó los cambios que le permitirán impulsar los proyectos prometidos relacionados con la generalización del impuesto al valor agregado (IVA) y la inversión privada en Pemex; además, institucionalizó la injerencia del Ejecutivo en la toma de decisiones políticas del partido. Lo hizo con la anuencia de la organización, pero también con el entusiasmo de quienes —después de 12 años del panismo—, mantienen en su cultura política la necesidad de orden y disciplina, que otrora fueron la base de las glorias políticas del PRI.

Con todo, no se puede afirmar que retornó el viejo presidencialismo priista o que el proceso de toma de decisiones será similar al del lopezportillismo o al del salinismo. México cambió y por eso hoy se requiere del concurso de la oposición para realizar los cambios estructurales que necesita el país.

Sin embargo, el nuevo estilo presidencial, con un discurso que ya no reitera la difícil situación de inseguridad y violencia que prevalece en el país, y con el amplio bono de prestigio que le otorgó el arresto de “la maestra”, logró extender la luna de miel del cambio de gobierno.

En los primeros 120 días no todo ha sido fácil, como lo demuestran los sucesos vandálicos del 1° de diciembre, el estallido en las oficinas de Pemex, el desenlace del caso Florence Cassez, los cuestionamientos en el IFE por el asunto de MONEX, las deudas en los estados y municipios, la aparición de grupos que quieren hacer justicia por propia mano y algunas críticas al Pacto desde la oposición.

Sin duda, la política mexicana entra en una nueva dimensión. Las 14 elecciones locales nos permitirán hacer una nueva valoración. Por lo pronto un nuevo estilo presidencial prevalece.

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