Anaya, ¿víctima de guerra sucia?

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Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio. twitter Twitter

La teoría de la fijación de la agenda, mejor conocida como “Agenda Setting”, nos dice que los medios de comunicación, principalmente los denominados masivos (prensa, radio y televisión), tienen una gran influencia sobre el público, al grado de determinar qué acontecimientos deben ser del interés social e informativos, y por ende cuánto tiempo, espacio e importancia debe dársele, sin embargo vemos que esta teoría también se ajusta al terreno digital, o por lo menos las estrategias de los distintos candidatos a la presidencia eso han buscado.

El 21 de febrero, se difundió por parte del Servicio de Administración Tributaria (SAT), un listado de 50 empresas catalogadas fantasmas, entre las que se destacan Manhattan Master Plan, firma que adquiriera en 2016 una nave industrial a Ricardo Anaya por 54 millones de pesos, situación que puso en el reflector al ahora candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, por el supuesto delito de lavado de dinero.

A lo largo de más de dos semanas este tema ha sido comentado y discutido en los distintos espacios noticiosos y no noticiosos del país, se ha hablado sobre las distintas explicaciones que ha hecho Anaya sobre cómo obtuvo los recursos para comprar una nave industrial (mensajes emitidos en sus distintas cuentas de redes sociales), o cómo la Procuraduría General de Justicia (PGR) inesperadamente exhibe el video donde Ricardo Anaya, acude a sus oficinas a entregar su declaración sobre su relación con Manuel Barreiro, propietario de Manhattan Master Plan (mensaje emitido por la cuenta oficial de twitter de la PGR), y por último sobre la difusión de un video donde Ricardo Anaya acude a la boda de Barreiro (mensaje emitido en twitter por un grupo de panistas que están inconformes por el actuar de Ricardo Anaya).

En los tres casos mencionados, se observa un claro posicionamiento de la figura de Ricardo Anaya en los medios de comunicación principalmente por las redes sociales y posteriormente retomado por los medios tradicionales, como consecuencia este tema ha sido discutido por en el terreno de la opinión pública.

Esto nos permite entender que se buscó directa o indirectamente que Ricardo Anaya se situará en los comentarios de la sociedad digital y no digital. Un dato interesante nos lo ofrece el estudio que realizará Security Consulting Technology Risk Management (GLAC), que indica que Anaya rebasaría sus propias cifras en presencia en redes sociales, logrando un incremento del 84.7 en comparación con la semana previa al anuncio del delito de lavado de dinero.

Según este estudio el incremento se da precisamente por el efecto de las imputaciones en las que el panista se ha visto involucrado, y pese a las descalificaciones que se le han realizado, los registros indican que las referencias negativas hacia el candidato pasaron de un 54.7 a un 48.7 por ciento.

Esto nos permite entender la magnitud e impacto que han tenido en estos últimos días los medios de comunicación y con ello lograr posicionar el tema de Ricardo Anaya, al grado que en la última semana se ha manejado la idea “de ser víctima de guerra sucia en su contra”, producto de la estrategia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), para desprestigiarlo y posicionar a su candidato José Antonio Meade rumbo al arranque de las campañas presidenciales de este 2018.

Lo interesante de ello, es la campaña muy bien orquestada de defensa y victimización que muy bien ha capitalizado Ricardo Anaya y equipo, y la cual venía gestándose desde que el expresidente panista anunciara que miembros del CISEN lo estaban vigilando y por tanto espiando. Con ello se buscó destacar el supuesto miedo que la administración priísta tiene en su contra, y han tratado de crear una nueva imagen de Anaya y situarlo como el bueno de la historia. A raíz de esto el panista no ha dejado de manifestar su repudio al uso de los aparatos del gobierno para atacarlo e impedir su candidatura.

Por ello han ido preparando el terreno para generar en el imaginario colectivo la idea de que Anaya es la victima de esta historia, y de que este es la opción que atentará contra los intereses del gobierno en turno, buscando que esta imagen perdure ante todas las situaciones negativas a las que se ha visto involucrado Anaya, como su apoyo incondicional a la reforma energética cuando era diputado y líder de la bancada, o la imposibilidad de vida democrática al interior de su partido, al evitar a toda costa un proceso abierto y justo para contender por la candidatura presidencial, o en la selección de candidatos a los distintos cargos públicos.

A manera de conclusión, el supuesto crecimiento y presencia de la imagen de victima de Ricardo Anaya, no fue un proceso esporádico u ocasional, todo lo contrario, fue una estrategia que se vino construyendo desde hace días por parte de su equipo de campaña y con ayuda del gobierno federal, quien sin querer le ha dado a Anaya el ingrediente que este estaba esperando y que ha aprendido muy bien de su principal adversario en esta contienda electoral Andrés Manuel López Obrador, y que consiste en “yo soy la mejor opción, por ello temen que gane la presidencia”. Sin embargo al equipo de Anaya, se le está olvidando algo muy importante, y es que ciertamente se puede manipular por momento a la opinión pública, pero esta no todo el tiempo estará viviendo en el engaño, ya que tarde o temprano despertará y los efectos pueden ser terribles si no se le trata con seriedad; si no que Anaya le pregunte al actual presidente de México quien decidió seguir esta misma estrategia.

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