Buscando trascender: La Cuarta Revolución Industrial

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Es Director de Administración y Finanzas en el Servicio Geológico Mexicano (SGM), donde su liderazgo ha sido fundamental para que le Organismo obtuviera el Premio Nacional de Calidad 2017, en la categoría de “Organización Grande”. Es graduado del Programa Senior Excecutive Fellows, en Harvard Kennedy School, y egresado del Programa de Alta Dirección D-1, del IPADE Business School, Universidad Panamericana y del Programa de Alta Dirección de Entidades Públicas, por el Instituto Nacional de Administración Pública, A.C. (INAP).

En México la idea de evolucionar hacia la cuarta revolución industrial permea muy lento, a pesar de los avances importantes que ha demostrado la digitalización en la mejora de la productividad, en la reducción de costos, en la facilidad para la conquista de nuevos mercados y en el crecimiento de las organizaciones.

En los modelos de producción y factores productivos, estamos nuevamente ante un cambio de paradigma, tal como lo ha planteado el epistemólogo e historiador de la ciencia Thomas Kuhn[1]. Los modelos vigentes ya están siendo reemplazados por modelos que incluyen la gestión de una gran cantidad de datos e información que generan servicios “personalizados” y que resuelven problemas y necesidades específicos, con un mercado y público objetivo que acepta rápidamente los servicios diferenciados.

Este “target”, al que se están dirigiendo los productos y servicios en la actualidad y que tiene acceso a cualquier producto en el mundo, da por descontados altos niveles de calidad que antes creaban ventajas comparativas entre los competidores. El cumplimiento de estos niveles de calidad y personalización exigidos se convierte en un desafío para las organizaciones y, los principales recursos a los que recurren para el logro de estos altos estándares que se están demandando, implica la combinación de infraestructura física con la internet de las cosas, sensores, software, nanotecnología y tecnología digital de comunicaciones.

El acelerado avance de la tecnología e incremento de datos, que ya es prácticamente exponencial, facilita a las organizaciones moverse hacia la automatización de sus procesos y los obliga a recurrir a medios más eficientes de gestión de la información.

Lograr producir más, con mejor calidad, con productos personalizados, pero empleando menos recursos, es una propuesta válida y, desarrollar la capacidad para aplicar herramientas de análisis de grandes volúmenes de datos y de apoyo en la toma de decisiones, resulta indispensable para lograr concretar esta propuesta.

Esta nueva forma de organización ya es una tendencia global que está cambiando sustancialmente la forma en que se produce y entregan resultados, productos y servicios. Los resultados que se obtengan de aplicar estos nuevos factores productivos, son la actual propuesta de valor que esperan recibir los clientes y público objetivo en la era a la que hemos ya convenido en denominar “la cuarta revolución industrial”.

No reconocer los cambios que se están gestando en las distintas áreas que se interconectan en los sistemas de esta nueva era y la influencia de los nuevos factores que incrementan la productividad, calidad y personalización en los productos de las organizaciones, podría provocar la asfixia de los negocios en el mediano plazo, e incluso en el corto plazo, tal como los conocemos hoy.

Estos cambios aludidos ya comienzan a cuestionar el modelo actual en el mercado del empleo, el trabajo y, de no imprimir acciones o políticas públicas que armonicen con esta nueva tendencia, podría generarse una brecha mucho mayor de desigualdad en el ingreso de las personas. Aquí se abre la oportunidad de una gran tarea social.

Alemania, como Estado Nación, ya está en la ruta de este nuevo modelo a través del proyecto “Industrie 4.0”[2], donde la velocidad, la eficiencia y la flexibilidad se conjugan para generar una ventaja comparativa que eleva la competitividad de su industria, y se puede apreciar que se ha comprometido con la idea de desarrollar las nuevas tecnologías alineadas a esta tendencia, mejores prácticas y nuevos estándares internacionales. Un desafío que se antoja ambicioso y que invita a los demás Estados Nación a seguir su ejemplo.

Los riesgos que las empresas alemanas con inversiones en el extranjero ven para su desarrollo comercial son: la oferta de trabajadores calificados (67 por ciento), así como en los costos de personal y energía (46 y 45 por ciento, respectivamente)[3].

En México la idea de evolucionar hacia la cuarta revolución industrial permea muy lento, a pesar de los avances importantes que ha demostrado la digitalización en la mejora de la productividad, en la reducción de costos, en la facilidad para la conquista de nuevos mercados y en el crecimiento de las organizaciones.

Esta lentitud quizá podría explicarse al asumir que esta nueva tendencia, que está ligada estrechamente con la tecnología de la información y automatización, conlleva la reprochable pérdida de empleos. Claro, reprochable desde la perspectiva del modelo vigente y ante la inmovilidad o lentitud en el diseño de políticas públicas que impulsen la evolución de las industrias y de un modelo educativo y de capacitación que se esté preparando para aceptar, e incluso para protagonizar, el cambio que está gestándose en otras partes del mundo.

El papel preponderante que juega la alta dirección en las organizaciones es fundamental para impulsar la combinación de los nuevos factores de producción, a partir de un liderazgo que busque alcanzar el objetivo de amalgamar estos recursos mencionados al principio de este ensayo y promover el cambio de cultura organizacional, hacia “la cuarta revolución industrial”.

Un “issue” que se incorpora al escenario en este análisis e influye enormemente en la capacidad que pueda desarrollar nuestro país, para estar en sintonía con la tendencia productiva a la que nos referimos, es la brecha de desarrollo existente entre las Entidades Federativas de México, las cuales se han mantenido casi inamovibles y, aunque se han implementado políticas públicas orientadas a desarrollar incentivos para la atracción de inversiones hacia los Estados menos favorecidos, éstos reflejan un ritmo lento de reacción por parte de los inversionistas. Aquí también hay un saldo pendiente con la sociedad.

La relativa lentitud en los cambios hacia esta nueva tendencia podría explicarse también debido a que, la aplicación de los nuevos factores de incremento de la productividad, calidad y personalización de los productos que generan las organizaciones, requieren de un proceso poco ágil de maduración. El nuevo modelo de producción propuesto implica elementos organizacionales estratégicos como: el cambio de cultura organizacional, evolución hacia mejores prácticas y la administración del talento abierto al cambio y a la innovación. Ya Peter Senge propuso un tipo de organizaciones que aprenden constantemente (learning organization), en su obra “La Quinta Disciplina”. Debido a esto deducimos que la integración adecuada de estos elementos requiere de la aplicación de un liderazgo también estratégico, que promueva una sana y competitiva evolución en las organizaciones. Un buen punto de partida podría ser elegir y conservar a las personas correctas, conformando equipos de alto desempeño que faciliten la evolución.

Los resultados que se vayan obteniendo en las organizaciones deben verse incrementados en el tiempo al conjugar: el talento humano, la tecnología, la energía y el capital. Cabe destacar la importancia de mantener actualizados los sistemas de capacitación, desarrollo del capital humano, remuneración adecuada y la evaluación del desempeño para “aceitar” el funcionamiento de los colaboradores, la mejora del clima laboral y una actitud ganadora y de servicio. Confío en que conectar la remuneración con el resultado de la evaluación del desempeño y establecer los incentivos adecuados para un buen clima laboral genera buenos resultados.

Lamotivación de las personas en lo individual y del equipo completo, depende en gran medida del estilo de liderazgo arraigado en la cultura organizacional, sin restarle mérito a las condiciones tecnológicas que se procuren. Es incuestionable la premisa de que la productividad guarda una relación directa entre la cantidad de productos, servicios o beneficios obtenidos por un sistema y los recursos dedicados a la obtención de los mismos. Sin embargo, la alta calidad de los productos y servicios debe asumirse de antemano, considerando los elementos organizacionales que exigen mayor vigencia, como son: la innovación, la mejoría constante en la calidad, la tecnología y los nuevos sistemas o modelos de trabajo.

La productividad, que está asociada directamente con la rentabilidad y crecimiento de la compañía, requiere acompañarse de un sistema eficiente de control que la garantice, para no comprometer la permanencia de la propia compañía en el tiempo.

Concluyo esta breve reflexión asumiendo que el resultado del nivel de productividad de la suma de los factores de producción integrados, tal como los hemos citado, es más alto que la productividad individual de cada uno de los factores por separado. Esto es lo que realmente justifica la existencia de una “organización” y su modelo de producción y negocio.

Yuri Morales.

[1] Thomas Kuhn se ocupó principalmente de cuestiones acerca de filosofía de la ciencia. Define paradigma de la siguiente manera: “Considero a los paradigmas como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

[2] Iniciativa del Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania.

[3] Foreign investment continues to rise – Germany benefits, Foreign investment of the manufacturing industry 2018. Deutscher Industrie- und Handelskammertag.

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