
Bertha Herrerías.
Durante los últimos años, la creación de nuevos negocios ha estado marcada por una narrativa dominante: levantar rondas de capital a través de inversionistas, fondos institucionales, family offices o incluso amigos y familiares. Este modelo, ampliamente promovido en escuelas de negocio y foros de emprendimiento, ha desplazado casi por completo una forma más tradicional —y comprobada— de emprender.
Se trata del modelo “convencional”: abrir un negocio pequeño, una tienda, un taller o un servicio; comenzar con un cliente, sumar después a uno o dos colaboradores, crecer de manera gradual y, con el tiempo, rentar un local o ampliar operaciones. Un camino menos espectacular que el de las startups, pero con bases más sólidas.
Esta visión es la que defiende Javier García Iza en su libro Crece sin inversionistas. El autor señala que, si bien un negocio tradicional no promete rendimientos exponenciales ni crecimientos vertiginosos, sí ofrece mayores probabilidades de éxito a largo plazo, sobre todo porque quien emprende conserva desde el inicio la propiedad y el control de su empresa.

Foto: Cortesía.
García Iza cuestiona además una de las características más frecuentes del emprendimiento de tipo startup: la idealización de obtener grandes ganancias en muy poco tiempo. La impaciencia y la falta de perspectiva a largo plazo suelen llevar a decisiones apresuradas que comprometen la viabilidad del proyecto.
El libro propone invertir tiempo, calidad, innovación y pasión en las ideas propias, con la ventaja de no tener un socio inversionista que exija resultados inmediatos. Como resume el autor: “Rápido y mal tarda más que lento y bien”. Avanzar con calma y consistencia no solo permite llegar más lejos, sino que, paradójicamente, puede ahorrar tiempo y recursos en el camino.
A lo largo de la obra se presentan herramientas prácticas para la gestión de ingresos, el manejo responsable de deudas, la toma de decisiones estratégicas, la creación de entornos laborales saludables y el papel central del liderazgo y la felicidad en las organizaciones. Asimismo, se introduce el concepto de bootstrapping: una estrategia de financiamiento basada en iniciar y hacer crecer una empresa con recursos limitados, sin depender de capital externo significativo.
Ya disponible en librerías, Crece sin inversionistas concluye que el crecimiento orgánico no es el camino más fácil, pero sí el más auténtico. El verdadero desarrollo empresarial no debería medirse únicamente en términos económicos, sino también por su impacto en la comunidad y en el bienestar personal de quien emprende. En México, donde existen numerosas oportunidades locales, el reto está en saber identificarlas y construirlas con visión de largo plazo.
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