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Del Amor Mundi a los Méxicos Posibles

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

El pasado 21 de marzo un colectivo altamente plural presentó la iniciativa Méxicos Posibles, cuatro escenarios que emanaron de un amplio dialogo entre más de 90 personas extraordinariamente diversas que solo coincidieron al 100% en desear un México mejor.

Tuve el honor infinito de participar en la construcción de esos cuatro escenarios y además de sentirme nutrida de experiencias y nuevas esperanzas; mi participación ahí me remontó al pensamiento de mi filósofa preferida, Hannah Arendt, desde que tuve el primer encuentro con sus textos, por ahí de mis 18 años, tuve un “crush” intelectual con sus pensamientos, pero también desde entonces a diario buscaba algún ejemplo vivo que me permitiera ratificar y confirmar que sus propuestas pueden materializarse. Llegué a pensar que era una utopía filosófica extraordinariamente diseñada, que parecía poder ser real pero muy probablemente nunca lograría presenciar eso que ella llamó Amor Mundi; el amor al mundo, a la otredad del aquí y el ahora, pero también a la otredad trascendental.

Para mi filósofa estar en el mundo implica Mit-sein (Estar con los otros y otras). Ella como nadie logró articular los conceptos de: ser, mundo y pluralidad para la construcción de sentido para la acción y el planteamiento deliberativo entre iguales y diversos.

“En el Ser Humano, la alteridad que comparte con todo lo que es, y la distinción, que comparte con todo lo vivo, se convierte en unicidad, y la pluralidad humana es la paradójica pluralidad de los seres únicos”[1].

La comprensión de la minucia del ser humano se define como punto de partida del amor mundi no antropocéntrico y biófilo; un amor que se alimenta de la alegría de los seres vivos humanos a la vista de su suerte ontológica, lo que en este caso quiere decir: de su capacidad de amar a la otredad como un todo.

Lograr ceder el amor antropocéntrico hacia uno(a) mismo(a) y hacia algunos seres con afinidad, por el amor a lo humano presente y futuro; pareciera ser una de las utopías más inalcanzables, sin embargo en los momentos de mayor co-creación dentro de  Méxicos Posibles se pudo hacer patente esto, dolió y costó ceder auto-dogmas, pero aceptamos las realidades, más allá que la propia, nos reconciliamos con ellas y acordamos que después de ese estatus holístico de nuestras producciones cognitivas teníamos que pasar a la acción (Praxis) y uso libre de la palabra (Lexis) para edificar el escenario del México común y quizá del mundo común; así pues, queda claro que, aunque los seres humanos seamos indispensables dada nuestra pluralidad, por sí mismos somos apolíticos y requerimos de la unión y del permanecer juntos para dar lugar a la política, en el sentido real que esta debe tener como una construcción común en donde los intereses de todos los seres humanos se consensan y abandonan el estado pre-político del conflicto.

Aquí surge otro concepto, la isegoría que apuntala el género de relaciones que la pensadora alemana consideraba el más apropiado para que la política se sustentara, pues esta se refiere al intercambio de pensamientos, posiciones, creencias y emociones del trasvase de vida a la hora de tomar decisiones públicas, con irrestricto respeto hacia la pluralidad de los seres humanos y desde ellos.

A lo anterior se suman un componente de construcción colectiva basado en la unión y en la confianza, es relevante mencionar que en el idioma materno de Arendt, el verbo Hören (escuchar) forma parte de uno distinto, Gehören (pertenecer), de modo que se detona por sí mismo el supuesto de la escucha como experiencia de la alteridad, es decir uno(a) pertenece al otro(a) al escucharle, y él/ella forma parte de uno(a) mismo al ser escuchado(a). Es así como la utopía que existía entre mi filosofa y yo, paso a la phronesis; una sabiduría práctica que con método, voluntad y amor, personas tan diversas logramos echar a andar rumbo a la co-construcción del amor mundi que busca trascender generaciones creando para ellas el mejor México Posible.

[1] Arendt, La condición humana, p. 206.

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