Educación a distancia ¿Y la función de la socialización?

Por José Alberto Márquez Salazar

La modalidad de educación a distancia, con el apoyo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC´s), está modificando las relaciones sociales y culturales en México. De esta forma, la vieja idea sobre el papel de la educación presencial como esencia del proceso de socialización de los escolares dejará pasó a una nueva “realidad” virtual donde las relaciones y el aprendizaje son un terreno no explorado que nos traerá muchas sorpresas ¿Estamos preparados para entender esa nueva forma de interacción social?

Este 24 de agosto, más de 30 millones de escolares iniciaron un nuevo ciclo escolar bajo el programa que la Secretaría de Educación Pública denominó “Aprende en Casa 2”. Se trata de que los escolares, de acuerdo con las medidas sanitarias, realicen los cursos de manera virtual, apoyados por las tecnologías de la información y comunicación (TIC´s) y por medios como la televisión y la radio.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), el mayor número de usuarios de internet en México es la población entre los 25 y 34 año (19.2%) y, en segundo lugar, la de 35 y 44 años (17.3%), mientras que la de 6 a 11 años, 10.0% y la de 12 a 17 años, 14.9%.

De entrada, ya son cuestionados los alcances del programa, debido a la gran desigualdad que enfrentan muchos escolares y que se manifiesta claramente en las regiones del país donde las carencias sociales son más acentuadas. Pese a todas las motivaciones que desde la SEP se generan, lamentablemente, la desigualdad generará mayor desigualdad y la movilización y socialización entrarán a una etapa de incertidumbre.

La institución educativa mexicana en menos de doce años trabajó con dos “supuestos” modelos educativos derivados de las reformas que el Congreso de la Unión realizó a su marco normativo. Sin embargo, el modelo o los modelos están rebasados frente a la nueva “nueva normalidad” educativa digital, desde diversos puntos: la débil y escasa capacitación que tienen las y los profesores en temas digitales; la ausencia de contenidos educativos que se adapten a las nuevas circunstancias (sí bien, se anunció, que se elaborarán, estamos a destiempo); y, la falta de apoyo tecnológico y de acceso a internet que muchos escolares tienen.

Hace tiempo que muchos especialistas en educación señalan el atraso e ineficiencia que la educación en México vive. La Reforma Educativa impulsada entre 2012 y 2013 por el Congreso de la Unión tuvo deficiencias en su aplicación, sin embargo, avanzó, aunque sea de manera normativa, en el capítulo de la educación digital.

De acuerdo con diversos estudios realizados, actualmente las y los niños pasan más de 9 horas diarias utilizando los medios digitales. Conocen al mundo a través de las tecnologías digitales y, nos guste o no, los sonidos, imágenes e ideas, que absorben de ellos van moldeando su mundo y su comportamiento. También el contexto de relación con los otros.

No son pocos los usuarios de las redes sociales que consideran al mundo virtual como un mundo real. Sin embargo, basta ver el papel que en los últimos años han jugado estas redes para promover –desde el anonimato, en la mayoría de los casos- linchamientos, descalificaciones, ofensas, noticias falsas, depresión y ansiedad en quienes las utilizan. En efecto, puede ser que el mundo real sea más cruel, pero es algo físico que puede verificarse: una ofensa desde twitter puede herirme, aunque la persona que la promueva sea desconocida para mí.

Hasta hace unos pocos meses, las clases presenciales, en escuelas públicas y privadas, dependía de la capacidad del docente y su innovación para impartir los cursos. Las y los profesores se encontraban en una clara desventaja frente a otros medios de aprendizaje, pensando en el mundo ideal donde éstos contaban con todas las herramientas e infraestructura. Hoy, quien tiene paso a la red inalámbrica, encuentra con facilidad, en las diversas aplicaciones (YouTube, Instagram, Facebook), síntesis, en video o audio, de libros; clases, cursos o talleres de múltiples materias que se apoyan en imágenes, películas o animaciones.

Mientras un profesor debe preparar una clase para mantener a un alumno durante dos o tres horas atento para explicar la invención de la electricidad, una red social, por ejemplo, YouTube, ya cuenta con material audiovisual que explica el cómo, porqué, cuándo y quién lo hizo; tiene videos y explicaciones ilustradas, en movimiento y hasta en “manga” para difundir el conocimiento.

La tasa de fotogramas (f/s) es el nivel de fotogramas/imágenes por segundo que los dispositivos pueden mostrar. El nivel más bajo, antes de ser percibido como movimiento, que tiene nuestro cerebro y la visión es de 10 a 12 imágenes por segundo. La transmisión de un videojuego, por ejemplo, llega a los 140 fps. Lo que quiere decir que nuestro cerebro está procesando un número superior de imágenes.

¿Qué sucede con las y los niños que, acostumbrados a mirar diariamente una alta transmisión de imágenes a velocidad cada vez mayor, tienen que enfrentarse con la lentitud de movimientos y explicaciones de un profesor en el aula? Lo lógico, desatención, aburrimiento, ansiedad, fastidio.

Hace años, de broma, en casa platicábamos sobre la inutilidad de que las y los niños asistieran a la escuela, considerando este atraso al que está expuesta la educación en México frente a el uso de las TIC’s para el aprendizaje. Los únicos dos motivos que podrían alentar la asistencia a la educación presencial eran: la obtención de un certificado y el proceso de “socialización” que viven los niños en el contacto con los demás.

En otras palabras. Los centros escolares, la escuela, permite que niños de diferente historia, conocimiento, antecedentes, cultura, etcétera, convivan y se conozcan. En las aulas y en el patio del recreo, los niños advierten las múltiples formas de relación que se da entre los seres humanos, tanto en el contacto con sus pares (compañeros) como ante las figuras de autoridad o de colaboración.

Los escolares están entrando, en estos meses, a un proceso donde la educación a distancia también borrará esa posibilidad del contacto y la relación humana. Sí, es cierto, las TIC´s nos han ayudado, durante estos meses de confinamiento, a mantener contacto virtual con las personas, pero, apagado el instrumento tecnológico, la posibilidad de mirar el salón escolar juntos es diferente. No la hay.

Durante muchas décadas, la misma escuela era un factor de movilidad social. El niño de escasos recursos que acude a la escuela encuentra motivos, entre los otros, para superarse, para conocer. No fueron pocas las generaciones que crecieron aspirando a ser profesores. Desde la distancia de las tecnologías, hoy, el profesor ya no es referente, es conductor.

México debe avanzar en el fortalecimiento del uso de las tecnologías para ser aplicadas en el aula posibilitando que el contacto entre las personas continúe. La inversión en tecnologías para la educación, para la capacitación de los profesores es un planteamiento que el Congreso de la Unión y los gobiernos, federal y estatales, deben proyectar.

Hablar sobre el papel de la relación presencial entre alumnos, como método y herramienta de aprendizaje para construir ciudadanía, no es hablar de la nostalgia. Es replantear el papel de la educación en la formación de las personas, es caminar contra la distopia descrita por Aldous Huxley en “Brave New World” o la de “1984” de George Orwell.

Quizá, cuando volvamos a las aulas físicamente, estemos convencidos de que mantuvimos contacto con las y los compañeros, con el profesor, pero al reinsertarnos a la nueva normalidad descubriremos que son otros, no los mismos que veíamos a través de la “telepantalla”.

Como escribió el poeta Octavio Paz:

“…los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia,

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros

…”

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