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El riesgo de ser alcalde en Michoacán

Ha sido una semana lamentablemente violenta en el estado de Michoacán; cuatro atentados con aspirantes a una presidencia municipal, tres muertos y un ileso; y aquí pesa la pregunta: ¿quienes verdaderamente nos gobiernan?

El miércoles 13 de junio atentaron contra la vida de Alejandro Chávez Zavala, presidente con licencia y candidato del Frente, por Taretan; días después Miguel Amezcua Manzo, candidato del PRI por la alcaldía de Santiago Tangamandapio fue atacado a balazos, resultando ileso; miércoles 20 de junio, atentan contra la vida del candidato independiente por Aguililla, Omar Gómez Lucatero, y Jueves 21 atentan contra la vida del aspirante del PRD al ayuntamiento de Ocampo, Fernando Ángeles Juárez.

Es tiempo de empezar a afirmar que no hay políticas públicas que alcancen para garantizar el estado de derecho, pues estas han quedado reducidas a mera obra pública y asistencialismo.

¿Hay intereses que quieren entrar al gobierno, o intereses que no quieren salirse? En Michoacán, un estado tan masacrado por la inseguridad, cuyos habitantes han visto ya con normalidad las notas rojas de los principales medios de comunicación donde ya no se lamenta la muerte. Una sociedad resquebrajada que necesita consumir sensacionalismo más que consumir noticias que construyen.

Entonces, ¿qué sentido tiene aspirar a ser presidente municipal si lo primero que se arriesga no es perder la elección sino la vida? ¿Qué sentido tiene tener intenciones de Gobernar si serán otros quienes pretendan tomar las decisiones trascendentales a base de delincuencia? El Gobierno del Estado lo único que ha asegurado puntualmente son sus declaraciones y condolencias, hacia los deudos.

¿Tiene solución Michoacán? ¿Tiene solución México? Si la sociedad lo quiere, sí. Pero no bastará una varita mágica, bastará solamente hacer a un lado los intereses personales por los intereses colectivos… ¿Dónde quedó esa frase tan solidaria de: donde come uno comen dos?
Finalmente enfrentamos un contexto que como sociedad fuimos permitiendo que creciera con nuestras omisiones. Pero, pese a todo, hay que salir a votar, no con miedo, no con angustia, sino con la convicción de que tenemos que acabar con la pereza social y evitar que otros decidan por uno.

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