Energías limpias a debate: El caso de la energía nuclear

Por María Cristina Rosas *

Prácticamente en todos los informes sobre futuros energéticos, se afirma que debe incrementarse el consumo de energía nuclear por ser ambientalmente amigable y económicamente viable a gran escala.

Los combustibles fósiles como fuente de energía, están declinando rápidamente en importancia en todo el mundo mientras que, por otra parte, las sociedades demandan cada vez más abastecimiento energético, sobre todo de electricidad producida por energías limpias. De hecho, la demanda de electricidad se está duplicando respecto a los usos energéticos y se elevará todavía más, en una 50 por ciento, hacia 2040. Los compromisos ambientales de las naciones del planeta para reducir las emisiones contaminantes responsables del calentamiento global demandan acciones urgentes para acelerar el empleo de energías limpias que sean ambientalmente amigables. En 2018 las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera crecieron en un 1. 7 por ciento, esto es, un 70 por ciento más que el incremento promedio registrado en 2010. Esta noticia revela que el mundo debe redoblar esfuerzos para reducir de manera constante el empleo de fuentes energéticas contaminantes.

¿Por qué aumenta tan rápido el consumo de electricidad? Hay varias razones, para empezar, el perfil demográfico del planeta. La población mundial sigue creciendo: mientras que en 2017 se estimaba que existían 7 mil 600 millones de seres humanos habitando el planeta azul, para 2050, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cifra estará rondando los 10 mil millones de personas. Súmese a ello la urbanización. Las ciudades del mundo albergan en su seno al 55 por ciento de la población mundial, cifra que en 2050 será cercana al 70 por ciento. Urbanizar es sinónimo de electrificar.

De ahí la importancia de contar con energías que puedan satisfacer las necesidades económicas, productivas, educativas y de desarrollo en general de las naciones. Tan importante como eso es la sustentabilidad de la generación de energía, por lo que vale la pena echar un vistazo a las características de las energías renovables frente a las que no lo son.

Energía renovable y no renovable

La energía no renovable se caracteriza porque la velocidad de su regeneración es extremadamente lenta en la escala humana pero su consumo es intensivo, lo que sugiere su agotamiento. Como ejemplos de energía no renovable figuran los combustibles fósiles, especialmente el carbón y el petróleo, y la energía nuclear, dado que las minas de uranio son limitadas.

La energía renovable es una fuente de energía que se regenera rápidamente y que puede ser considerada como inagotable a escala humana. Las energías renovables son fenómenos naturales regulares o constantes provocados por los astros, principalmente el Sol, la Luna, y también la Tierra. Hoy día es frecuente que a las energías renovables se les considere como sinónimo de energías limpias, aunque su viabilidad comercial todavía no puede competir con la de las fuentes de energía no renovable anteriormente referidas, aun cuando ello está cambiando rápidamente. Como ejemplos de energía renovable figuran la energía de los vegetales, la energía solar y lunar, la energía derivada del agua (hidráulica), la energía del viento (eólica) y la energía interna de la Tierra (geotérmica).

El aprovisionamiento de uranio procede de zonas geográficas muy diversas (Canadá, África, Oceanía, Asia), si bien políticamente más estables que ciertos exportadores de combustibles fósiles como los que se encuentra en Medio Oriente. Según el Ministerio de Economía de Francia, esta estabilidad constituye una garantía en cuanto a la seguridad en el abastecimiento –y ciertamente en el terreno de la seguridad energética. Como se puede observar en el gráfico anexo, los mayores productores de uranio en el mundo son Kazajstán (de donde se extrae el 39. 2 por ciento del uranio del mundo), Canadá (22. 1 por ciento), Australia (9. 9 por ciento), Namibia (7. 1 por ciento) y Nigeria (5. 8 por ciento). Estos cinco países son responsables del 84. 1 por ciento de la producción mundial de este mineral, lo que los convierte en protagonistas de la agenda internacional en materia energética.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Agencia de Energía Nuclear (NEA), las reservas de uranio en el mundo equivalen a 6. 14 millones de toneladas. Esto es suficiente, según estos organismos, para satisfacer la demanda presente y futura de uranio, si bien dependerá de las políticas energéticas de cada país, amén de que las reservas existentes tendrán que ser puestas en el mercado a tiempo, además de que el sector requerirá inversiones importantes.

Actualmente se encuentran en operación 450 reactores nucleares en el mundo, con una potencia instalada de 391 GW, que consume 62 800 toneladas anuales de uranio para operar. Con este nivel de demanda, las reservas actuales podrían tener una duración de 100 años. Ciertamente eso podría cambiar si se acelera la instalación de nuevas centrales nucleares en el mundo.

Ventajas y desventajas de la energía nuclear

Según sus defensores, las principales ventajas de la energía nuclear incluyen, en primer lugar, que su producción no se ve afectada por la evolución de las relaciones internacionales, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con combustibles fósiles como el petróleo y el gas;  su precio es más o menos estable; además de que no produce emisiones que contribuyan al efecto invernadero, por lo que evita las limitantes previstas en los Acuerdos de París y en otros compromisos internacionales en materia ambiental. Asimismo, el vapor y el agua caliente expulsados por las centrales nucleares puede tener diversas aplicaciones industriales, agrícolas o domésticas, especialmente en la acuacultura.

Otro aspecto a ponderar es que en la medida en que la investigación nuclear es fuertemente subsidiada por el Estado, la explotación de las centrales nucleares generalmente es rentable y lo es más dado que los combustibles fósiles están experimentando rápidamente una debacle tanto en sus inventarios como en sus precios. Por lo tanto, la utilización de la energía nuclear reduce la factura energética de los países, creando y manteniendo empleos industriales y científicos.

Como es sabido, ciertos países carecen de recursos energéticos y los combustibles fósiles son los que, posiblemente se encuentran más desigualmente distribuidos en el planeta, con un puñado de proveedores y una enorme cantidad de compradores. En Francia, por ejemplo, hay poco petróleo o gas y el carbón ya no puede ser explotado de manera tan rentable. De ahí que poner fin al desarrollo de programas nucleares parece imposible a falta de un plan más realista, especialmente en el caso de que se produzca una crisis energética. Se considera que el simple uso del carbón no podría reemplazar a la energía nuclear en Francia y que aun cuando fuera posible, las emisiones de CO2 aumentarían demasiado, comprometiendo el cumplimiento de la reducción de contaminantes responsables del efecto de invernadero.

El empleo de tecnología nuclear posee normas muy estrictas de seguridad. El accidente de Chernobyl, el más grave en la historia de la era nuclear, fue producto de una combinación de desafortunadas circunstancias, pero parece poco probable hoy día que se pueda producir algo similar con las normas occidentales de seguridad que tienden a imponerse en todos los países.

Otro ejemplo muy citado es el accidente de Three Mile Island, que no liberó una cantidad significativa de partículas radiactivas, a pesar de una reacción en cadena comparable a la de Chernobyl, ello debido a la existencia de un mecanismo de contención disponible en todas las plantas occidentales que no tenía el reactor nuclear de Ucrania.

El incidente de Fukushima del 11 de marzo de 2011, provocado por el tsunami y terremoto de magnitud de 9 grados que azotó a Tokohu, en Japón, fue otro hecho desafortunado que abonó a un ánimo internacional contrario al uso de la energía nuclear.

Hay ciertamente una larga historia de accidentes nucleares de distintas magnitudes, pero los defensores de la energía nuclear señalan que, en materia de combustibles fósiles, también se han producido desafortunados incidentes, como los de los buques petroleros Exxon Valdez, Erika y Prestige, o, de manera más reciente, el colapso de la plataforma petrolera Deepwater Horizon de la corporación British Petroleum en el Golfo de México en 2010 y que tuvo devastadores efectos contaminantes en la zona. El punto que se debate aquí es que ninguna de las fuentes de energía comercialmente disponibles en el momento actual, está exenta de accidentes, por lo que no se debería satanizar a la energía nuclear por esa posibilidad.

Las aplicaciones de la energía nuclear involucran, por lo general su uso como combustible: en la producción de electricidad en las centrales nucleares, ya referida; la propulsión naval (principalmente para las flotas militares, en los submarinos y los porta-aviones); y la propulsión espacial (ciertos motores espaciales como el Voyager ya han portado baterías nucleares para apoyar el desempeño de sus instrumentos electrónicos y ciertos satélites también cuentan con pequeños generadores nucleares). Adicionalmente existe la aplicación a través de isótopos radiactivos que se emplean en la industria y en la medicina.

Quienes se oponen al uso de la energía nuclear argumentan que ésta genera desechos muy contaminantes. Los desechos tienen una larga vida y son una herencia para las generaciones venideras. Al menos el 10 por ciento de los desechos radiactivos se mantienen radiológicamente activos por períodos prolongados con una duración de varios miles de años. En el caso del plutonio, la desaparición de su radiactividad demanda varios centenares de miles de años. La vida media del isótopo 239 del uranio es de 24 300 años (que es el tiempo necesario para que pierda la mitad de su radiactividad).

El empleo de la energía nuclear plantea la posibilidad de un accidente. No se puede excluir un accidente grave en las instalaciones nucleares. Esa posibilidad es considerada como « muy plausible » (sobre todo porque todo mundo reconoce que no existe un « riesgo cero »), porque aumenta a medida que las instalaciones envejecen –la vida útil de una central nuclear es de aproximadamente 30 años, si bien esta se puede extender con el debido mantenimiento. Asimismo, en los últimos años se ha insistido en la posibilidad de que las centrales nucleares sean blanco de ataques terroristas.

El empleo de la energía nuclear crea una dependencia energética, toda vez que el 100 por ciento del uranio (combustible que emplean las centrales), es importado. Según sus autoridades, Francia cuenta con depósitos de uranio (por ejemplo en Bessines en Gartempe) que constituyen reservas estratégicas, pero que no son explotables actualmente debido a sus costos operativos. Asimismo, el empleo de la energía nuclear no garantiza una independencia energética dado que actualmente sólo se le puede usar para generar electricidad, amén del agotamiento de las reservas de uranio existentes, en un futuro mediano.

Aun sin accidentes de por medio, los defensores del medio ambiente señalan que la energía nuclear contamina. Se ha denunciado la contaminación de depósitos de agua potable y la dispersión de contaminantes provocada por las minas explotadas en Níger, de donde proviene la mayor parte del uranio que emplea Francia. Asimismo, para asegurar el enfriamiento de las instalaciones (como en las centrales térmicas) se deposita una gran cantidad de agua contaminada en los ríos. El calor y los elementos químicos que contiene, afectan el ecosistema de los ríos y de miles de especies marinas.

Se dice también que la energía nuclear es cara. Ciertos economistas refieren que la energía nuclear es desventajosa porque la producción de energía no recompensa los costos reales de la explotación del uranio, del ciclo de vida de las centrales nucleares (construcción, explotación y desmantelamiento) ni la gestión de los desechos nucleares (almacenamiento, retiro, embalaje). Los aspectos centrales de este argumento son que los costos de construcción no serán amortizables (cálculo efectuado en 1975 teniendo en cuenta su duración de vida y el valor de la energía producida en el momento de su construcción) y que el conjunto de las centrales emplazadas rara vez funciona al máximo de su potencial, porque cada una de ellas debe cumplir regularmente con los períodos de mantenimiento y de examen que garanticen su seguridad.

México y la energía nuclear

En estos momentos, la energía nuclear proporciona el 10 por ciento de la electricidad que se consume en el mundo, y el 18 por ciento de la de los países de la OCDE. Prácticamente en todos los informes sobre futuros energéticos, se afirma que debe incrementarse el consumo de energía nuclear por ser ambientalmente amigable y económicamente viable a gran escala.

Este debate es esencial en México. La central nuclear de Laguna Verde en Veracruz, que es la única planta nuclear existente en el país, genera el 5 por ciento de la electricidad que consumen los mexicanos. El 24 de julio de 2020 termina la licencia de 30 años para la unidad 1 de la central nuclear por lo que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de la que depende, se encuentra tramitando los permisos para gestionar su operación por otros 30 años -los permisos de operación de la unidad 2 caducan el 2 de abril de 2025. En este marco se ha hablado igualmente de la pertinencia de construir otras cuatro unidades también en Veracruz o en otro lugar en la costa del Pacifico.

La renovación depende del cumplimiento de una serie de requisitos, incluyendo, por supuesto, la seguridad en las operaciones de la planta. Sin embargo, además de la citada renovación, parece un buen momento para explorar la posibilidad de apostar más por la energía nuclear y no sólo para crear nuevas centrales nucleares, sino también para emplear comercialmente el uranio que posee el país. Hoy por hoy, el uranio que emplean Laguna Verde y el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) es comprado a Rusia y Sudáfrica y enriquecido en Estados Unidos, lo que implica erogaciones importantes para el Estado mexicano.

A propósito de las necesidades de uranio del país es importante recordar que en México existen yacimientos de este mineral en Sonora (Los Amoles), Chihuahua (Peña Blanca) y Nuevo León (La Coma). También se han perfilado proyectos en Durango (La Preciosa) y Oaxaca (en la Mixteca). En la frontera de Nuevo León y Tamaulipas con Texas existe una cuenca uranífera claramente identificada como Burgos-sur de Texas extremadamente importante.

México, como es sabido, es signatario y artífice del Tratado de Tlatelolco, mismo que creó la primera zona densamente poblada en el mundo, libre de armas nucleares. Si bien este instrumento jurídico es enfático en la prohibición del emplazamiento, fabricación, transferencia, despliegue y/o tránsito de armas nucleares en la zona cubierta por el tratado, establece claramente que sus miembros podrán emplear la energía nuclear con fines pacíficos -artículos 1 y 17. Asimismo, el país ha firmado y ratificado el Tratado de No-Proliferación de Armas Nucleares, así como el Tratado que Prohíbe las Armas Nucleares. Participó, durante el gobierno de Barack Obama, en las cumbres de seguridad nuclear convocadas por el mandatario estadunidense durante su presidencia. Así que la vocación pacifista de México no está aprueba. Con todo, sus necesidades energéticas sí.

Como se explicaba, la comunidad de naciones está obligada a reducir las emisiones contaminantes responsables del efecto de invernadero y en el caso de México se espera que para 2024 el país logre generar electricidad empleando combustibles no fósiles en un 35 por ciento. Para 2050 el compromiso es de reducir en un 50 por ciento las emisiones de dióxido de carbono respecto a las que se producían en el año 2000. ¿Cómo cumplir con estos compromisos cuando sólo el 5 por ciento de la electricidad del país emana de la energía nuclear? La apuesta no debe ser a los combustibles fósiles, ni a refinerías. En México se debe mirar a energías como la nuclear, la geotérmica, la eólica, la fotovoltaica y otras energías limpias. Es un imperativo económico, político, social y moral.

 * María Cristina Rosas es catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Preside el Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olof Palme A. C. Miembro del Consejo Consultivo de la Agencia Espacial Mexicana y del Panel de Expertos de la Comisión de Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: