Estufas ecológicas salvarían 8 mil vidas al año

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Por Juan Danell Sánchez

Para el Siglo XXI, la ciencia ficción vaticinó escenarios como el holocausto por guerras nucleares, pero también un nivel de desarrollo de la humanidad donde la tecnología haría posible superar todos los problemas que pudiera enfrentar la sociedad mundial para un desarrollo sano; pero no ha sucedido aún ni lo uno ni lo otro.

Lo que sí ocurre en México es que cada año mueren 33 mil personas intoxicadas por gases contaminantes liberados a la atmósfera; de esa cantidad, 13 mil son víctimas del humo emitido por los fogones en las chozas habitadas por alrededor de 16 millones de mexicanos, de los más pobres del país, en las zonas remontas del territorio nacional.

Las cifras son del Banco Mundial, retomadas por el Copenhagen Consensus Center (CCC), y expuestas en el seminario que realizó en mayo pasado, en la Ciudad de México, para tratar problemas globales que exigen de la atención precisa y bien direccionada de los gobiernos y organismos internacionales que participarán en la reunión de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, en septiembre.

En el caso de las ciudades mexicanas, el problema se deriva de los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por la industria y los autotransportes, que aún con los compromisos internacionales adquiridos en esta materia y los esfuerzos del gobierno de México para reducir en 35 por ciento las emisiones de estos contaminantes para el año 2024, la realidad que se vive en el país es apabullante.

Al respecto, el CCC cita que tanto en la metrópoli como en el campo, la causa es la misma: pequeñas partículas en el humo que se respira, y que pueden conducir a enfermedades pulmonares crónicas, infecciones respiratorias agudas, cáncer de pulmón, padecimientos del corazón y derrames cerebrales.

Desde luego, este no es problema exclusivo de México, es un flagelo mundial que cada año causa seis millones de muertes en el orbe, de entre una población de más de siete mil millones de personas.

Las cifras para México, de acuerdo con el CCC, indican que una de cada 17 muertes (5.9 por ciento) que se registran en el país, se debe a la contaminación del aire: “es la octava causa de defunciones, después de la desnutrición, presión arterial alta, sobrepeso, alcoholismo y drogas, tabaquismo y sedentarismo”.

De acuerdo con los estándares mundiales, las partículas más peligrosas contenidas en el aire que respiramos son las conocidas como PM2.5 (menores de 2.5 milésimas de milímetro de diámetro) que pueden penetrar hasta lo más profundo de los pulmones.

Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció como límite para la contaminación promedio del ambiente diez microgramos de partículas PM2.5 por metro cúbico de aire (10ug/m3).

En el caso de la Ciudad de México las concentraciones medias son de 25ug/m3, y Puebla, Toluca y Monterrey están en el rango de 20-36ug/m3, es decir, a más del doble de los estándares establecidos mundialmente, que ya de por sí resultan absurdos, porque la contaminación, aunque fuera de 1ug/m3, es nociva para la salud humana.

En el documento de la Copenhagen se cita que en los hogares donde se utiliza leña o carbón como combustible para cocinar, los niveles de contaminación son de entre seis y 15 veces mayores al de las ciudades, y esto hace que las personas que habitan en ellos respiren concentraciones de PM2.5 en el aire que son de once a 26 veces superiores a lo recomendado por la OMS.

Ante este panorama, una de las acciones urgentes consiste en sustituir los fogones o estufas tradicionales que queman leña o carbón por los que consumen gas natural o LP, lo cual reduciría el número de muertes en más de 64 por ciento. Sin embargo, los hogares donde aún se usan fogones, por lo general se ubican en lugares extremadamente apartados y eso representa un problema para el suministro de estos combustibles.

Otro factor importante que dificulta el cambio es el ingreso promedio diario de esas familias, pues pertenecen al rango de los más pobres, es decir, sobreviven con un dólar y medio al día: alrededor de 20 pesos. El gasto en combustible representaría para ellos poco más de ocho pesos diarios.

A esto habría que sumar el valor de la estufa, que en promedio tiene un costo de tres mil pesos, lo cual complica aún más una solución de fondo para el problema de las muertes por intoxicación con humo de leña en las comunidades en pobreza extrema.

Cálculos del CCC estiman que la conversión de todas las casas a gas LP salvaría 8 mil 100 vidas al año, y representaría una inversión de 16 mil millones de pesos anuales, pero los beneficios sociales y económicos serían de 40 mil millones de pesos, esto es porque se reducirían los gastos en salud y costo ambiental.

Esto, que es un problema grave, también representa una oportunidad para que los tres niveles de gobierno realicen inversión pública en obras que representen soluciones reales y de fondo, y no necesariamente con dádivas económicas, que por su tamaño se convierten en parches mal puestos en el tejido, que persigue llegar a una sociedad desarrollada.

Y una de tantas formas de avanzar en estas soluciones, bien puede ser una mayor vinculación de los gobiernos con las universidades donde se desarrolla investigación para establecer ecosistemas en los que se aprovechan los desechos y residuos, para obtener gas metano, que a su vez se utiliza como combustible para generar electricidad, pero que también se puede usar para abastecer estufas domésticas.

Se trata de que con recursos públicos se desarrollen programas integrales en esas comunidades, para construir los depósitos de los desechos (biodigestores), la red de drenajes y tuberías para distribuir el gas para las estufas, así como los generadores y cableado para el suministro de energía eléctrica tanto al alumbrado público como a los hogares.

Ya existen trabajos al respecto, impulsados por organismos internacionales como la ONU y la FAO, pero en ellos la participación de los gobiernos locales ha sido tan incipiente como el número de hogares atendidos. Falta voluntad al margen de la política, para que las soluciones a estos problemas avancen. Pero, bueno, esto es México.

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