La mentira como estrategia de campaña

Publicado Por

Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio. twitter Twitter

El 22 de abril se efectuó, en el Palacio de Minería de la Ciudad de México, el primer debate entre candidatos presidenciales de este proceso electoral 2018. A grandes rasgos este ejercicio, que en teoría sirve como escenario para el intercambio de argumentos y presentación de propuestas hacia la ciudadanía, terminó convirtiéndose en una arena de lucha libre, en la que 4 de los 5 candidatos a la presidencia arremetieron contra el líder de las encuestas Andrés Manuel López Obrador; los argumentos que presentaron los adversarios del tabasqueño fueron directamente a dos de los ejes de su campaña: el combate a la corrupción y la llamada amnistía nacional.

Lo interesante del caso no es precisamente la serie de ataques que se dieron contra AMLO, eso era lógico, más por la gran ventaja que existe por parte del tabasqueño hacia su más cercano contrincante. De hecho los adversarios del tabasqueño esperaban con anhelo este debate, más porque no han logrado enganchar con el público y necesitaban urgentemente oxígeno para seguir la contienda por la presidencia. Ante tal situación sabían bien que para lograr ganar el debate tenían que usar todos los recursos habidos y por haber, entre ellos el uso faccioso de la mentira.

Según los datos mostrados por la iniciativa de medios “Verificado 2018”, de los 5 candidatos a la presidencia quien presentó más argumentos falsos o mal elaborados fue precisamente Ricardo Anaya, candidato de la Coalición Por México Al Frente.  Algo que deseo destacar de este punto es precisamente cómo Anaya y su equipo de trabajo construyeron las mentiras que fueron exponiendo a lo largo del debate, al grado que se hizo acompañar de gráficas, imágenes y hasta citas de libros para arremeter contra AMLO.

La mentira fue el elemento central de la estrategia de Anaya, con el objetivo de hacer ver a López Obrador como un incongruente. Y en ese sentido deseo centrar mis argumentos.

  1. La intencionalidad de los mensajes. El ejercicio que realizó Verificado 2018 es un claro ejemplo de cómo se deben, en primer lugar, investigar y corroborar datos, lo cual me lleva a pensar que Anaya tuvo a un grupo de personas apoyándolo en esta actividad de rastrear, contrastar y hasta leer los libros de AMLO, con el claro objetivo de combatir al tabasqueño y exponerlo ante el electorado. Pero lo digno a destacar es que dicha información fue de algún modo consultada por el candidato, y tanto es así que este pudo explicarlos de forma fluida y segura. Ahora, tan sabían que estaban mintiendo que tuvieron que preparar elementos para defenderse en caso de demostrar las mentiras expresadas.
  2. El impacto. Anaya y su equipo de campaña, sabían que el debate presidencial sería transmitido por televisión abierta en los principales canales de televisión y que en esta ocasión también se difundirían por redes sociales, lo cual brindaría la posibilidad de atraer a más electores a su causa. Por ello, recurrieron a la construcción de esta estrategia desde una semana antes, al contratar en Google, un motor de búsqueda que permitiera al electorado saber quién resultó triunfador del primer debate, y en el cual Anaya era presentado como el ganador. Con ello, dejando en claro la estrategia que construyeron desde muchos días atrás.
  3. La calidad moral. Ricardo Anaya y su equipo ciertamente lograron el objetivo, verse en teoría mucho mejor que sus adversarios, y con ello triunfaron indudablemente en este primer ejercicio de debate, sin embargo, lo destacable de todo esto, es lo terrible que pudiera ser que un candidato y su equipo de campaña tracen su estrategia de campaña a partir de la ruta de la mentira con el claro interés de triunfar. Y con ello deseo concluir.

Cuando una persona esta dispuesta a hacer lo que tenga que hacer para lograr sus fines, entonces estamos hablando de una persona que no cuenta con uno de los principales valores que hacen del ejercicio político un gran problema para nuestro país, y con ello me refiero a la honestidad, si un candidato ha decidido centrar una estrategia a partir de la construcción de argumentos falsos, entonces qué podemos esperar cuando decida rendir cuentas a los mexicanos por las acciones que este y su equipo de campaña realicen al momento de ejercer el poder.

Estaríamos hablando que de ganar Anaya la presidencia de la República, viviríamos en un país de fantasía,  y por supuesto de impunidad así como de deshonestidad encabezada por el jefe del Ejecutivo en turno.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: