La pandemia de la fragilidad humana

Por José Alberto Márquez Salazar

La principal pandemia que deriva del Covi19 se expresa en el entendimiento de la fragilidad humana. Hoy, más que nunca, sabemos lo sensible que es la raza humana y nuestra falta de preparación.

Es cierto, todos los años, decenas de enfermedades –el cáncer, la diabetes, la hipertensión, la depresión- cobran más víctimas que el Covi19. Sin embargo, la extensión y brevedad con la que el virus se expande demuestran que las barreras son tan simples (higiene y distancia) como complicadas, sobre todo cuando el virus ya se alojó en algún cuerpo.

H.G. Wells inició con este párrafo La Guerra de los Mundos:

“En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus ocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia.”

Al inicio del Siglo XXI estábamos tan ocupados en otras cosas, que pocos advirtieron que un virus movería nuestra estructura mental y física. Más allá, el Covi19 modificará la visión que tenemos del mundo y replanteará preguntas sobre la convivencia social y política; quebrará las visiones económicas, teóricas y prácticas.

El Covi19 nos ha demostrado que el aislamiento social puede salvarnos, que la distancia es mejor que la cercanía, en estos momentos. Va a contrapelo de lo que hemos buscado en los últimos cincuenta años promoviendo la socialización y la movilidad humana.

La pandemia, la vivimos, por lo menos, tres generaciones con diferente perspectiva de la vida (las X, Y y Z, si se permite esa clasificación cultural). El aislamiento voluntario resulta contrario a la idea que millones de jóvenes conocen y que ha sido difundido por medios impresos y digitales.

El mundo de #QuedateenCasa #NoSalgasdeCasa es un absurdo visto hace cuatro meses. Para dos generaciones (la Y y la Z) los momentos históricos como estos han sido vistos en películas o por los medios de comunicación. Pocas veces con tanta cercanía.

Hace poco menos de quince años, Black Eyed Peace, cantaba:

“…

Tonight’s the night night

Let’s live it up

I’ve got my money

Let’s spend it up

Go out and smash it

Like all my Gods

Jump off that sofá

Let’s get get off

…”

Las grandes ciudades, con su crecimiento y hacinamiento impulsaron a nuevas generaciones a conquistar la calle, las plazas, los parques. Hoy, la inteligencia pide otra cosa; resguardarse ¿Será difícil que lo entiendan?

No solamente se combate a un virus, se trata también de modificar, en poco tiempo, la percepción cultural de permanecer quieto, de quedarse en casa. Lo más increíble de la historia es que las tres generaciones haremos más por la humanidad quedándonos en el sillón, sobre todo aquellos que podemos hacerlo.

En la Invención de la Soledad, Paul Auster citó a Blaise Pascale:

“Al mismo tiempo, paralelamente a lo anterior, una breve disquisición sobre la habitación. Por ejemplo, la imagen de un hombre sentado solo en una habitación. Como en Pascal: ´La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación´. Como en la frase: escribió el Libro de la Memoria en su habitación´”.

Todos los días recibo mensajes de amigas y amigos que plantean con optimismo que saldremos de ésta. No tengo la menor duda. Pero en algunos de esos mensajes descubro el reconocimiento de la fragilidad humana y la necesidad de reencontrarnos con las creencias que hoy parecen derrumbarse.

Una de las pandemias que no podremos superar es la que vivimos dentro de casa. La depresión se incrementa con la fragilidad que experimentamos. Nos sabemos finitos y encerrados. Algunos escriben: “muero lentamente”, en una exageración que no puede reprochárseles, aunque en la vida común tampoco salían a la calle y tenían reducida su vida social.

Por estos meses, seremos discapacitados sociales y eso nos puede salvar la vida y evitar momentos angustiosos. Una nueva realidad humana.

En estos momentos, al ver las noticias diarias sobre el Covi19, los seres humanos estamos más conscientes de nuestra breve y frágil paso por esta tierra. No se trata de una película de “zombis” que superaremos apenas termine; es una realidad que dos generaciones están mirando y viviendo.

Pero hay algo más. Relativizar siempre es necesario. Aburridos y hastiados, personas salen a sus balcones a cantar y desesperan por volver a la normalidad. En la calle, en tanto, hay otros tantos millones impedidos de la decisión: ¿ingreso o salud? ¿cuál de las pandemias debemos resolver: la desigualdad o la sanitaria?

El Covi19 vuelve a replantearnos la desigualdad social y económica que vivimos. El cuestionamiento del “¿por qué hay gente que no entiende y sale a la calle?” tiene su abrumadora respuesta en la desigualdad social y económica (por supuesto, no en todos los casos).

Las diversas generaciones que enfrentamos la pandemia por Covi19 coincidiremos en algo, al terminar estos días: somos frágiles y lo esencial es conservar la vida, no importa el aislamiento social momentáneo, no importa quedarnos en el sofá –si tenemos.

Pero hay más, desde la visión pensante, se tendrán que reformular las hipótesis necesarias y respuestas que prevean el futuro; las generaciones Y y Z tendrán que revalorar el futuro de los seres humanos frente a la fragilidad que un virus nos vuelve a esclarecer.

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