La relevancia de los riesgos mundiales para la Agenda Nacional

Como sociedades somos mucho menos competentes a la hora de abordar riesgos complejos y multidimensionales en los sistemas interconectados que sustentan el mundo en el que vivimos.

Cada año se publica un Informe de riesgos mundiales por parte del World Economic Forum. En los años recientes ha predominado un ambiente de gran incertidumbre global y un creciente descontento social con el orden político y económico existente. Tanto estos informes como notas periodísticas y otros estudios alrededor del mundo han sugerido reformas fundamentales al capitalismo de mercado y una reconstrucción de la integración y solidaridad dentro de los países y entre ellos.

Si bien hay nuevas oportunidades para el progreso que no se deben desaprovechar, existe una urgencia de hacer frente a los desafíos sistémicos que se intensifica debido a la incertidumbre, inestabilidad y fragilidad del sistema global. Lo cierto es que la humanidad se ha vuelto muy hábil en comprender cómo mitigar los riesgos convencionales que se pueden aislar y manejar con cierta facilidad, mediante enfoques estándar de gestión de riesgos. Sin embargo, como sociedades somos mucho menos competentes a la hora de abordar riesgos complejos y multidimensionales en los sistemas interconectados que sustentan el mundo en el que vivimos, tal es el caso de las organizaciones internacionales, las economías, las sociedades y el medioambiente.

Nuestro ritmo acelerado de cambio está poniendo a prueba las capacidades de absorción y adaptación de las instituciones, las comunidades y las personas. Cuando los riesgos o amenazas caen en cascada a través de un sistema complejo, el peligro no es un daño incremental, sino un  caos que suele quedar fuera de control o una transición abrupta a un nuevo statu quo que resulta insuficiente.

Entre los riesgos más relevantes a nivel mundial, se encuentran los ambientales, que han adquirido importancia durante los últimos años y la tendencia es que continúen siendo relevantes y urgentes, pues los seres humanos estamos llevando a nuestro planeta al borde del abismo y el daño es cada vez más evidente y difícil de subsanar. La biodiversidad se está perdiendo a un ritmo de extinción masiva, los sistemas agrícolas se encuentran bajo presión y la contaminación del aire y el mar se ha convertido en una amenaza cada vez más preocupante para la salud de las personas. Por lo anterior se requieren estrategias multilaterales e integrales para contrarrestar el calentamiento global y la degradación del medioambiente mundial.

Los riesgos para la ciberseguridad también están aumentando, tanto en su prevalencia como en su impacto desestabilizador. Los ataques contra las compañías casi se ha duplicado en cinco años y los incidentes que antes se consideraban extraordinarios son cada vez más comunes. El impacto financiero producto de las violaciones de seguridad cibernética va en aumentando y algunos de los mayores costos del 2017 están relacionados con los ataques mediante programas de secuestro cibernético, que representaron el 64 % de todos los correos electrónicos maliciosos; lamentablemente esta amenaza crece y se sofistica día a día.

La economía mundial enfrenta una combinación de vulnerabilidades de larga data y amenazas más recientes que han surgido o evolucionado en los años posteriores a la crisis mundial. Los riesgos conocidos incluyen precios de activos potencialmente insostenibles con el mundo que ya lleva ocho años en un período alcista, un endeudamiento elevado que ahorca las finanzas sanas de los Estados, particularmente en China, y continuas tensiones en el sistema financiero mundial regido por un sistema económico hegemónico. Entre los desafíos más recientes, también se encuentran una potencia política limitada en caso de una nueva crisis, interrupciones causadas por la intensificación de los patrones de automatización y digitalización, y la acumulación de presiones mercantilistas y proteccionistas en un contexto político nacionalista y populista en ascenso.

El mundo sin lugar a dudas ha entrado a una nueva e inquietante fase geopolítica. Los enfoques multilaterales basados en reglas se han desgastado. El restablecimiento del Estado como la principal fuente de poder y legitimidad se ha convertido en una estrategia cada vez más atractiva para muchos países y sociedades, pero que presiona a numerosos estados más pequeños a medida que cambian las arenas geopolíticas, provocando brechas de creciente desigualdad.

Hoy por hoy, no hay señales de que existan normas e instituciones hacia las cuales puedan converger las principales potencias mundiales, al contrario, cada vez es más notoria la competencia entre estas. Esto genera nuevos riesgos e incertidumbres: tensiones militares y diplomáticas; interrupciones económicas y comerciales, y ciclos de retroalimentación desestabilizadores entre las condiciones mundiales y las condiciones políticas internas cambiantes de los países que luchan por adaptarse a la globalización y mundialización.

Las relaciones internacionales se desarrollan ahora de maneras cada vez más diversas. Más allá de las acumulaciones militares convencionales, estas incluyen nuevas fuentes cibernéticas de poder duro y blando. Evaluar y mitigar los riesgos y amenazas en todos
estos escenarios de conflictos potenciales requerirá un análisis cuidadoso del panorama, una anticipación de la crisis por parte de los actores estatales y no estatales, y voluntad de actuar de forma conjunta.

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