Los mercados de la Ciudad de México y su reactivación

Por José Alberto Márquez Salazar

Ya en otras administraciones se ha intentado “modernizar” los procesos económicos dentro de los Mercados Públicos, pero no ha sido con la atención suficiente para lograrlo.

La cadena de abasto de productos básicos para la Ciudad de México (mercados) se encuentra en una etapa decisiva para su desarrollo y para el bienestar de las familias. Frente a ella, tiene modelos que, aunque de mayor costo para el consumidor, resultan ser más atractivos.

En el principio del 2020, diversos centros de abasto sufrieron incendios que merman la economía de sus locatarios y de los compradores.

De acuerdo con las autoridades, los diversos incendios que hubo en algunos de ellos tiene que ver con el deterioro de las instalaciones eléctricas y por la forma en que ilegalmente son utilizadas las instalaciones.

Hay dos temas imprescindibles que el Gobierno de la Ciudad de México debe resolver: cómo atender, con pocos recursos, el abastecimiento de energía eléctrica a los locatarios y cómo lograr que el mismo ciclo económico del centro de abasto se “modernice”.

Seguramente pocos saben que la mayoría de los Mercados Públicos en la Ciudad de México son subsidiados para el suministro de energía eléctrica. El costo de esa energía corre a cargo de las autoridades locales: el Gobierno de la Ciudad o las Alcaldías.

Cuando iniciaron funciones los principales centros de abasto de la Ciudad de México, pensemos en la Merced (sus diversas naves), las instalaciones eléctricas eran sencillas y la demanda de energía baja.

El paso de los años incrementó el número de los locales y el tipo de giro. A nadie sorprende qué, en la actualidad, dentro de los mercados, haya estéticas, juegos electrónicos o restaurantes con refrigeradores y pantallas, que utilizan energía eléctrica con niveles superiores a los locales de verduras o abarrotes.

¿Por qué razón los locatarios no contribuyen con un mínimo al pago de energía eléctrica? Quizá el primer argumento es que sus ganancias son pocas y eso afectaría su economía. Sin embargo, no todos tienen las mismas percepciones: quien vende fruta frente a quien tiene pantallas y consolas de juego.

Eso me lleva a pensar en el segundo punto: la modernización del sistema de flujo de dinero en los mercados públicos.

De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de México, a inicios del ciclo escolar 2019-2020, se entregaron en tarjetas electrónicas del Programa de Útiles y Uniformes Escolares, a 1 millón 6 mil 213 beneficiarios ¿A dónde va ese flujo de recursos?

Al no contar con instalaciones y un servicio regular de energía eléctrica, una mayoría de locatarios carece de terminales bancarias que les permitirían recibir pagos a través de tarjetas.

Pero ese tema, que no es nuevo, sigue siendo un problema para que los centros de abasto (mercados) puedan hacer frente a la competencia de los Centros Comerciales donde se puede hacer uso de las tarjetas bancarias.

Ya en otras administraciones se ha intentado “modernizar” los procesos económicos dentro de los Mercados Públicos, pero no ha sido con la atención suficiente para lograrlo. Una coordinación entre la Secretaría de Desarrollo Económico y las Alcaldías con los locatarios debería llevarnos a buen puerto.

Cuáles serían las posibilidades:

1.- Acuerdo con la Comisión Federal de Electricidad para contribuir a mejorar las instalaciones y el suministro de energía eléctrica.

2.- Participación activa de los locatarios (y sus múltiples mesas directivas) para elaborar un programa de regularización y apoyo a las autoridades.

3.- Acuerdo con las instituciones bancarias privadas o con el Banco del Bienestar, para lograr que los locatarios –los que quieran- accedan a una terminal bancaria.

Existe dos temas de fondo que son, quizá, los que deben atenderse con mayor atingencia: una nueva Ley de Mercados Públicos, para actualizar a los nuevos tiempos el Reglamento de los propios centros de abasto, y el restablecimiento y confianza de los locatarios con las autoridades. Ahí, el Congreso de la Ciudad de México tiene la palabra.

Si la Cuarta Transformación y el Gobierno de la Ciudad, tienen un voto de beneficio de la mayoría de los ciudadanos, es oportuno utilizarlo para el beneficio de los propios centros de abasto y sus locatarios.

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