No son niños sicarios, son víctimas de trata de personas y explotación

Por Areli Rojas Rivera

Están violando los derechos de los menores de edad y están cometiendo un delito grave como es la trata de personas con fines de enrolamiento en grupos armados

Últimamente hemos leído y escuchado a muchas personas hablar de “niños sicarios” y “niños autodefensas”. Quizá estos términos sirvan para simplificar el entendimiento de los fenómenos relacionados con armas que están afectando a la infancia en nuestro país; sin embargo están lejos de retratar la realidad que viven estos niños y niñas.

Los niños y niñas no se enrolan en las filas del crimen organizado o de las autodefensas con toda convicción, eso es evidente, pues su desarrollo biopsicosocial de estas niñas, niños y adolescentes está en una etapa vulnerable que puede ser manipulada por las personas adultas y violentar su integridad.  Ante esto, no podemos decir que las niñas y niños son “sicarios” o “autodefensas”, pues no es una determinación que ellos estén tomando con todas las herramientas de vida que ello implica.

Lo que está ocurriendo es que quienes involucran a niños y niñas en grupos armados como son los grupos del crimen organizado o autodefensas, están violando los derechos de los menores de edad y están cometiendo un delito grave como es la trata de personas con fines de enrolamiento en grupos armados, de acuerdo al artículo 10 fracción VII de la Ley General para Prevenir, Sancionar Y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de Estos Delitos.

De igual forma, cabe mencionar que al existir niños y niñas que están siendo involucrados en grupos armados, se está violentando la Convención de los Derechos del Niño y su protocolo facultativo correspondiente a evitar que los niños y niñas participen en estos grupos. No podemos hacer caso omiso ninguna de las personas que tenemos niños y niñas en nuestras comunidades; pues tanto autoridades como comunidades y familias deben ser partícipes de garantizar un desarrollo integral de bienestar y calidad a todos los niños y niñas. No es solo un tema de alguna institución en particular, ni de los padres, madres o tutores de los niños y niñas; sino es responsabilidad de todas y cada una de las personas que habitamos en México, toda vez que debemos darnos a la tarea en coordinación (Estado-sociedad) de generar oportunidades, velar por la salud física y mental de las niñas y niños, y generar redes de apoyo sólidas que alejen a los niños y niñas de ser víctimas de cualquier violación grave a sus derechos humanos, la infancia no nos puede ser ajena a nuestro deber diario.

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