¿Qué pasará con los pueblos mágicos?

La desaparición del programa de pueblos mágicos es una oportunidad para que los estados y los municipios gestionen con autonomía proyectos turísticos, de los que podrían derivar innegables beneficios.

Foto: María Cristina Rosas

El presupuesto de egresos de la federación del nuevo gobierno no contempla, en 2019, recursos para los pueblos mágicos, al desaparecer la partida del Programa de desarrollo regional turístico sustentable y pueblos mágicos. Para defender esta polémica decisión, se explicó, además de la existencia de una política de austeridad a todos los niveles, que los Estados y los municipios deben invertir en su propia infraestructura turística.

La decisión preocupa, considerando la importancia del turismo para la economía nacional. Si se suma a lo anterior que el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador decidió desaparecer Promexico y asignar a las embajadas y consulados de México en el mundo tareas de promoción de inversiones y turismo, todo parece indicar que, de no existir una estrategia integral adecuada, el turismo nacional y extranjero podrían estancarse, con importantes consecuencias económicas y políticas para la nación.

A pesar de la mala imagen internacional de México en el mundo, el turismo internacional creció a lo largo de la administración que recién terminó. También lo hizo el turismo nacional. Como es sabido, el turismo, en sí, es la tercera fuente de ingresos para el país y tiene una relevancia fundamental en el empleo, la inversión, la cultura y, para decirlo pronto, es un componente importantísimo del poder suave de México.

A la fecha se tienen registrados 121 pueblos mágicos, siendo Puebla (con 9), Veracruz (con 6), Guanajuato (con 6), Hidalgo (con 6), Michoacán (con 8), Jalisco (con 8) y el Estado de México (con 9) quienes cuentan con la mayor cantidad de lugares así etiquetados. Los 7 estados referidos suman 52, o bien el 42. 9 por ciento de los pueblos mágicos del país.

El Programa de desarrollo regional turístico sustentable y pueblos mágicos nació en 2000 en los primeros meses del gobierno de Vicente Fox y se ejecutó a partir de 2001 con la designación de los dos primeros pueblos mágicos, a saber: Huasca de Ocampo (en el estado de Hidalgo) y el célebre Real de Catorce (en San Luís Potosí). Como se señalaba, a la fecha son 121 los lugares así designados, siendo la última “ampliación” en la lista, la que se hizo el pasado mes de octubre de 2018 en el marco de la Feria Nacional de Pueblos Mágicos realizada en Morelia, Michoacán al sumar 10 nuevos sitios.

“Pueblear” es una costumbre que existe en diversas partes del mundo y, ciertamente en México. La diferencia es que, en los últimos años, la visita a los grandes centros turísticos nacionales -i. e. playas, ciudades-, sin dejar de ser importante, enfrenta un cambio en las tendencias de consumo y esparcimiento de parte de la población a escala planetaria. La transición demográfica y epidemiológica, el estrés citadino, el acceso e incremento de los niveles educativos y la segmentación de los mercados, lleva a que se haga necesario ofertar productos culturales y turísticos “novedosos” y “diferentes”, amén de “auténticos.” Así, existen propuestas de “turismo médico”, “turismo gastronómico”, “turismo enológico”, turismo “ambientalmente responsable”, etcétera, que apuestan a necesidades e intereses particulares de los consumidores. En este sentido, la idea de ofertar propuestas turísticas al margen de las grandes corporaciones y operadores, ha probado ser atractivo.

México, en consonancia con estas tendencias, apostó por un programa turístico-cultural, el de los pueblos mágicos, que arrancó con el siglo. Por “pueblo mágico” se entiende una comunidad en el territorio nacional que ha preservado su arquitectura, tradiciones, historia y cultura. Las exigencias para la designación de pueblos mágicos se han ido ampliando con el tiempo e incluyen:

  • Tener una población no menor a 20 mil habitantes;
  • No ubicarse a más de 200 km de un destino turístico principal;
  • Requiere la integración de un Comité Pueblo Mágico formalmente;
  • Debe crear un programa de desarrollo turístico local para los siguientes 3 años;
  • Garantizar servicios de salud y seguridad pública para el turista;
  • Manejar adecuadamente la basura y los residuos; y
  • Evidenciar el atractivo simbólico o cultural de la localidad.

La condición de “pueblo mágico” no es algo que se establezca de una vez y para siempre. Para que la designación subsista, cada pueblo mágico está obligado a mantener un Comité Pueblo Mágico activo y al día en sus resoluciones; llevar a cabo con normalidad los planes y programas turísticos acordados; mantener los servicios logísticos, de salubridad y seguridad necesarios para proteger al turista; garantizar el funcionamiento de un sistema de información estadística; sopesar el impacto del desarrollo turístico en la comunidad; innovar en materia de catálogo de productos turísticos disponibles; ofrecer un informe anual de actividades con lujo de detalles y tener la aprobación del Congreso del Estado y del cabildo local para la renovación.

Para muchos, el programa ha sido un éxito, si bien tiene sus detractores. Entre los beneficios de la denominación, figura, naturalmente, el incremento del turismo nacional e internacional, lo que, en principio, beneficia económica, política y culturalmente al país. Pero las críticas son dignas de consideración, destacando el diferencial significativo de infraestructura existente en cada pueblo mágico: los hay con mayor o menor capacidad hotelera, con mayor o menor seguridad, con o sin cajeros automáticos, con accesibilidad y/o conectividad física -carreteras, vías férreas- o virtual -banda ancha, wifi-, etcétera. Incluso algunos consideran que la llegada de más visitantes y fuereños puede dañar el patrimonio de la zona.

Pero, ¿qué implica que el programa desaparezca? Antes de que la nueva administración dejara de asignar presupuesto al programa, tanto los gobiernos de los estados como la federación destinaban recursos para mejorar el atractivo del lugar, lo que para el pueblo mágico en sí no tenía costo. Así, los gobiernos estatales y la federación asumían las erogaciones necesarias para pintar fachadas, dar mantenimiento a los monumentos y sitios de valor histórico, mejorar la infraestructura de drenaje, electricidad, conectividad, etcétera. Ahora estos gastos deberán ser asumidos por los gobiernos estatales y los municipios. Ello genera oportunidades y desafíos. Una oportunidad evidente estriba en el fortalecimiento de los municipios y los estados en la gestión de los recursos para el sector turístico, lo cual podría ser replicado en otros ámbitos. En infinidad de ocasiones se ha criticado la ausencia de un genuino federalismo en el país y se ha pugnado porque se fortalezcan los tres órdenes de gobierno, esto es, el federal, el estatal y el municipal. La desaparición del programa de pueblos mágicos es una oportunidad para que los estados y los municipios gestionen con autonomía proyectos turísticos, de los que podrían derivar innegables beneficios. El riesgo estriba en que, dado que la cultura ocupa normalmente un lugar marginal en las políticas públicas, los pueblos mágicos sucumban ante el abandono y/o el desinterés de las autoridades municipales y/o estatales, quienes naturalmente tienen numerosas prioridades y podrían argumentarlo así para justificarse.

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