Singladura | Entre policías, austeridad y crimen

Por Roberto Cienfuegos J.

En el 80 por ciento de los municipios de México, los policías “carecen de seguridad social”, una circunstancia que orilla a los agentes policiales a pagar de sus bolsillos cualquier fármaco que requieran, lo mismo que la atención y tratamiento médico que demandan en alguna circunstancia.

A propósito de la iniciativa de presupuesto federal para 2020 y en lo que toca a los policías del país, considerados un sector altamente vulnerable –una paradoja grave en una sociedad como la nuestra bajo el flagelo de la delincuencia organizada- consulté al dirigente de la asociación civil Ciudadanos Uniformados, Iván Chávez Espejel, él mismo un ex policía y ahora abogado que brega por la dignificación de ese cuerpo de seguridad, actuante en un contexto nacional complejo por el desborde criminal y la austeridad inclemente del gobierno federal.

Antes, contextualizo la naturaleza misma de Ciudadanos Uniformados. Se trata de una asociación civil creada hace unos cinco años e integrada por policías, peritos y agentes del ministerio público de todo el país.

Chávez Espejel explica que la tarea esencial de la asociación que preside consiste en garantizar los derechos humanos de los elementos de seguridad pública y colaborar con la ciudadanía a fin de restablecer el tejido social que se ha descompuesto en México.

Explica Chávez Espejel que los policías en México son el gremio de trabajadores que reporta el mayor número de muertos por día, con dos agentes que pierden la vida cada 24 horas.

Se añade a esto, según Chávez Espejel, que en el 80 por ciento de los municipios de México, los policías “carecen de seguridad social”, una circunstancia que orilla a los agentes policiales a pagar de sus bolsillos cualquier fármaco que requieran, lo mismo que la atención y tratamiento médico que demandan en alguna circunstancia.

Por inconcebible que parezca, una mayoría abrumadora de policías “no tiene seguro de vida y muchos menos prestaciones adicionales como becas para sus hijos”, acusa Chávez Espejel, quien reivindica una larga carrera policial.

Añade este dirigente que “casi el 70 por ciento” de los policías “no recibe el equipo balístico y bélico adecuado” para combatir a la delincuencia. “Tampoco reciben capacitación y adiestramiento suficiente para hacer profesionalmente su encargo”.

Según Chávez Espejel, los policías del país tampoco tienen “una relación laboral con el Estado, lo que provoca que no tengan derecho a la estabilidad en el empleo, no tienen derecho al pago de tiempo extraordinario, no tienen horario de salida, tampoco derecho a sindicalizarse, mucho menos a reclamar su reinstalación en caso de despido injustificado”.

A mayor abundamiento, describe el abogado Chávez Espejel, los policías del país “son el gremio de trabajadores con mayor índice de divorcios, de suicidios y de víctimas del Síndrome de Bornout”, descrito como un trastorno emocional que se vincula al ámbito laboral, el estrés causado por el trabajo y el estilo de vida del empleado. Este síndrome puede tener consecuencias muy graves, tanto a nivel físico como psicológico y entre sus síntomas más comunes incluyen la ansiedad y la depresión, que motivan bajas laborales.

Chávez Espejel sostiene que los policías del país “son los empleados públicos más agredidos física y verbalmente por la ciudadanía”.

Además, constituyen el único gremio de trabajadores civiles que son privados de su libertad (arrestados) como una manera de ejercer la disciplina y obligar al cumplimiento de su trabajo.

Más todavía: “son los funcionarios públicos que más tratados internacionales, leyes, reglamentos y protocolos deben conocer y aplicar en el ejercicio de sus funciones”.

Describe este representante que en el ámbito salarial, los policías “están debajo del promedio nacional y más del 80% deben tener un segundo empleo para satisfacer sus necesidades económicas”.

Esto repercute en tiempos reducidos para el descanso, acondicionamiento físico, convivencia familiar, superación personal y académica.
Agrega Chávez Espejel el hecho de que sólo por ser policías, los seguros de vida que deben ampararlos son más costosos debido al riesgo que representa su labor, las tasas de interés en los créditos son más altas por igual motivo, las penas aumentan si cometen delitos, y su posibilidad de encontrar otro trabajo en caso de despido es casi nula debido al Sistema Nacional de Seguridad.

¿Habría que añadir más para enriquecer este panorama tan desolador y que sería a todas luces el trasunto de la ineficacia y la corrupción policial que imperan en México?

Es posible añadir algunos datos sobre seguridad pública que aparecen en el presupuesto de egresos de la federación para 2020.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana, que comanda Alfonso Durazo, tendría un presupuesto de 59,150,695,893 pesos, mientras que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dispondría de un monto de 94,028,694,246 pesos, prácticamente el doble. La Secretaría de Marina se conformaría con 33,557,785,594 pesos, el menor.

Según la propuesta presupuestal, Sedena dispondría además de 1,256,938,591 pesos para elevar salarios, 1,040.255,517 para nuevas plazas y 551,290,800 para otras medidas de carácter económico, laboral y contingente.

En contraste, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana tendría 704,161,724 para aumentos salariales, pero cero pesos –sí, cero pesos- para la creación de nuevas plazas y 223,910,877 pesos para otras medidas, con excepción del uso para indemnizar a quienes rehúsan su incorporación a la Guardia Nacional  o cualquier otra institución federal.

Esto, en pocas palabras, implica que no habrá dinero para contratar a más personas en la Guardia Nacional, lo que trasunta igualmente que la presidencia del país espera o confía en que los policías federales se incorporen de manera voluntaria a la Guardia Nacional, lo que garantiza se quiera o no la militarización de la seguridad pública del país, pues sólo habría presupuesto para nuevas contrataciones en la Sedena.

Así estamos. Un panorama complejo como pocas veces. Más todavía en un escenario de severa restricción presupuestal, austeridad inclemente y violencia desbordada y despiadada. (fin)

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@RobertoCienfue1

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