¿Toda sociedad tiene el gobierno que merece?

por | Ago 15, 2025 | De Puño y Letra | 4 Comentarios

Toda sociedad tiene el gobierno que se merece, esta frase se atribuye a Joseph de Maistre, pensador y diplomático francés del siglo XIX, y se ha popularizado para hablar de la calidad y naturaleza de un gobierno, que refleja en gran medida la participación, responsabilidad y actitud de la sociedad que lo elige o sostiene.

Entonces, si toda sociedad tiene el gobierno que merece, viene la pregunta ¿qué sociedad se ha construido en México?

Cuando un servidor público o político necesita de un equipo de seguridad no solo para cumplir su agenda pública, sino para salvaguardar su vida, algo anda muy mal en esa sociedad, y cuando esa misma seguridad se convierte en símbolo de estatus, poder o privilegio, peor aún.

Foto: Gobierno de México.

Estamos ante una distorsión profunda de la idea de servicio público, de la ciudadanía y del ser persona, donde la protección dejó de ser un derecho para convertirse en escudo o en vitrina; los datos son claros, ocho alcaldes asesinados en menos de un año, y no es sólo el crimen organizado el que dispara, es el vacío del Estado, la impunidad, la pérdida de comunidad, es una sociedad que ha dejado de ver al otro como alguien digno de respeto, sea un servidor público… o un ciudadano más.

Provocado por el alejamiento de la política y por las promesas incumplidas de los gobernantes en turno, pero ¿Qué nos dice esto de nosotros como sociedad? nos dice que hemos desdibujado el valor del liderazgo, que confundimos autoridad con poder, y servicio con dominio, que hemos normalizado la violencia y glorificado la arrogancia.

Nos dice también que el miedo ya no distingue rangos: desde el médico comunitario, el docente, hasta el regidor, desde la madre jefa de familia hasta el alcalde más votado, nadie está a salvo cuando las reglas las pone el que tiene más armas, más dinero o quien grita más alto, pero hay otro síntoma: figuras públicas que se comportan como si la ley no les aplicara, que humillan, agreden o violentan verbalmente desde la comodidad de un volante de lujo, una cámara de celular o una cuenta verificada como en el caso de Lady Racista, y muchas otras figuras similares, que son reflejo de una cultura donde la falta de empatía, la soberbia, la prepotencia y la discriminación se reproducen con impunidad, que además, son en casos, lanzados para cargos de elección popular.

Foto: Archivo.

Estamos viviendo en una sociedad que premia la soberbia y castiga la dignidad, ¿qué tipo de ciudadanía estamos construyendo si una autoridad local no puede caminar sin protección, y al tiempo, ciudadanos comunes se sienten con derecho a agredir a otros, grabarlos, insultarlos, y exhibirse sin pudor como si tuvieran licencia para estar por encima de la ley?

Esta es la consecuencia de años de impunidad, de corrupción, de gobiernos que no cumplen, de obras que no mejoran la calidad de vida, de policías infiltradas y de ciudadanos que, por cansancio o miedo, dejaron de participar y cargan gran resentimiento.

En este país, el miedo, la ineficiencia y la arrogancia ya son parte de la arquitectura institucional, está en las puertas de los ayuntamientos, de los palacios de justicia, o de gobierno, incluso en los congresos locales, cercados, cerrados a la población, de igual forma en las calles sin alumbrado, en los jueces que no juzgan, y en la gente que ya no cree en nada… porque no sabe en quién confiar.

Esta es la paradoja: Al que sirve, lo matan; al que humilla, lo aplauden; al que lucha por los demás, lo olvidan; al que se exhibe con violencia simbólica, lo vuelven tendencia, en medio de todo eso, la democracia se achica, la dignidad se silencia, la ciudadanía se retrae, el estado de derecho y las instituciones se vacían.

¿Cómo revertir esta lógica destructiva? la respuesta no está sólo en más policías, más patrullas, más cámaras de seguridad o más filtros de ingreso al servicio público; la respuesta real está en reconstruir lo más profundo: el tejido social, el sentido del bien común, y el liderazgo ético.

  • Educar para la ciudadanía, no solo para la productividad: Que las escuelas formen seres humanos conscientes, respetuosos, críticos, empáticos, y conocedoras del funcionamiento del sistema, no sólo personas productivas.
  • Recuperar la dignidad del servicio público: El líder debe ser el primero en dar ejemplo, no en blindarse del pueblo; Liderar es servir, no mandar.
  • Promover una cultura del respeto: No se puede exigir paz mientras se normaliza el insulto, la humillación, el clasismo, el racismo, el usted no sabe quién soy yo.
  • Construir comunidad desde lo local: En colonias, barrios y municipios hay que volver a mirarnos como vecinos, no como competencia o enemigos; el tejido social no se reconstruye desde el Congreso, el cabildo o los palacios de gobierno, sino desde la cuadra.
  • Exigir justicia real, no solo castigos ejemplares: Basta de perdonar por popularidad, la justicia no es selectiva; tiene que alcanzar tanto al funcionario corrupto como a la influencer violenta.

Lo que ocurre en nuestra realidad no es más que un espejo, que algo incómodo, sólo refleja lo que se construyó, al final, los servidores públicos que hoy se blindan con escoltas reflejan tanto la amenaza real del crimen… como la distancia que se ha creado de la clase política con la sociedad que representan.

Las ladys, lords y personajes que se exhiben como si estuvieran por encima del bien y del mal, son también reflejo de una sociedad donde el poder —político o económico— se usa para manipular y oprimir, no para servir, pero no hay destino escrito, la historia de México siempre ha sido lucha con esperanza.

¿Qué tipo de sociedad que queremos ser? ¿Qué tipo de líderes vamos a formar? ¿Qué líderes nos van a gobernar?

Una cosa es cierta: Toda sociedad tiene el gobierno que tolera… pero también puede construir el que merece, y para eso, no basta con votar o quejarse, hay que participar, exigir, educar, respetar, sanar… y liderar, desde donde estamos, con lo que somos, con lo que nos duele, pero sobre todo… con lo que todavía podemos transformar.

Es por todos, no se trata de proteger políticos, servidores públicos, autoridades o policías, tampoco de gobernar para unos cuantos, se trata de garantizar el derecho a vivir en forma digna, de eso va la democracia, de eso va el gobierno, el presente.

Y sobre todo… de eso va el futuro de México.

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Ricardo Escutia

Especialista en Desarrollo Municipal, ponente en seminarios, coloquios y congresos nacionales e internacionales, interesado en políticas públicas, especialmente en áreas de seguridad púiblica, juventud, desarrollo, programas sociales y obra pública.

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