Yo habito, luego existo / Mega proyectos: Progreso y desigualdad

por | Abr 28, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Por Romy Rojas Garrido *

Los mega proyectos urbanos han marcado la historia de las ciudades modernas. Desde rascacielos emblemáticos hasta complejos de transporte integrados, estos desarrollos representan símbolos de progreso y modernidad. Sin embargo, detrás de su brillo y su capacidad de transformación, se esconde una pregunta crucial: ¿a quién benefician realmente estos grandes proyectos?

Según datos de ONU-Hábitat, la desigualdad urbana afecta a más de la mitad de los habitantes de las ciudades del mundo (ONU-Hábitat, 2020). Los mega proyectos, si no se planean con una visión inclusiva, pueden intensificar la segregación urbana, provocando que barrios completos queden al margen de la inversión, mientras otros se vuelven inaccesibles para quienes antes los habitaban.

Ejemplos en el mundo son claros. La construcción del Crossrail en Londres ha mejorado la movilidad urbana, pero también ha elevado los precios de vivienda, generando desplazamiento de comunidades locales. En Shenzhen, China, los mega proyectos tecnológicos y de infraestructura han convertido a la ciudad en un hub económico, pero las zonas periféricas mantienen altos índices de informalidad y pobreza. En Nueva York, la revitalización del Hudson Yards ha sido un éxito arquitectónico, pero también un caso de gentrificación acelerada que ha alterado la vida de los barrios cercanos.

Foto: Tren Maya en Facebook.

En América Latina, Santiago de Chile y Buenos Aires han visto cómo mega desarrollos inmobiliarios y comerciales han transformado áreas centrales, generando modernización y derrama económica, pero a la vez desplazando a comunidades de larga data, con consecuencias sociales profundas. Medellín, con sus proyectos de integración urbana, es un ejemplo positivo de cómo un mega proyecto puede reducir desigualdad, conectando barrios marginales con el centro y fomentando cohesión social.

En México, la historia es similar. Mega proyectos como el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, el Tren Maya o desarrollos inmobiliarios en zonas estratégicas muestran el enorme potencial de crecimiento económico. Pero también revelan la urgencia de planificación ética y regulaciones claras, para que la inversión no genere ciudades fragmentadas, desplazamiento forzado o barrios inaccesibles. La gentrificación no es inherentemente negativa; bien regulada y estratégicamente aplicada puede mejorar la cohesión social, generar seguridad y derrama económica, y preservar la identidad de los barrios.

El desarrollo urbano tiene un poder inmenso: puede ser instrumento de progreso y bienestar, o un mecanismo que amplíe la desigualdad y la exclusión. Por eso, como urbanista y ciudadana, sostengo que fomentar una nueva cultura del desarrollo urbano en México es urgente e impostergable. Autoridades honestas, planificación ética y participación comunitaria son la base para que los mega proyectos transformen nuestras ciudades sin dejar a nadie atrás, creando espacios donde vivir, trabajar y soñar sea un derecho de todos, no solo de unos pocos.


Referencias

*Por la Maestra en Arquitectura Romy Rojas Garrido, Directora General de ULC Urban Linked Culture y Presidenta del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano de México CONARED.

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Redacción Alcaldes de México

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