Al rescate del Canal Nacional

Hubo un tiempo en el que la Ciudad de México podía recorrerse navegando a través de innumerables canales. Pero la modernidad se impuso. Hoy día, de aquellos caminos de agua sólo queda el recuerdo en los nombres de las avenidas por las que transitan automóviles, donde antes circulaban canoas.

Sin embargo, aún quedan vestigios de esos caminos. Uno de ellos es el Canal Nacional. Considerado una extensión del lago de Xochimilco, y una de las vías de comunicación más importantes de la cuenca de México. Desde la época prehispánica hasta inicios del siglo XX conectaba al sur de la ciudad con el centro, a través del antiguo Canal de la Viga. Actualmente se extiende a lo largo de 8 kilómetros, desde la zona de Cuemanco hasta la avenida Río Churubusco, a través de las delegaciones Coyoacán, Iztapalapa, Xochimilco y Tlalpan.

Los buenos días del Canal Nacional terminaron con el entubamiento La Viga, en 1933. A partir de entonces su cauce, alimentado con aguas tratadas, se convirtió en basurero y comenzó a padecer los estragos de especies de flora y fauna nociva, como lirio acuático, tules, carpas y moscas.

Lanchas, redes y bolsas

Con el fin de llevar a cabo el rescate este espacio ecológico, en 2004 vecinos de las colonias Prado Churubusco, Campestre Churubusco, Paseos de Taxqueña y Hermosillo, en la delegación Coyoacán, se dieron a la tarea de limpiar el tramo más visitado con el apoyo de voluntarios y visitantes: un área de 1.5 kilómetros, desde la calzada de La Viga hasta Río Churubusco.

Éstos fueron los inicios de la Fundación Ecológica Club de Patos para el Rescate del Canal Nacional, una asociación civil sin fines de lucro cuyo objetivo consiste en promover la preservación de este cuerpo de agua, así como sus áreas aledañas y prevenir la contaminación de su cauce mediante la participación vecinal.

Alejandro de la Vega Segura, coordinador de dicha iniciativa, explica que la limpieza del agua ha sido fundamental para introducir aves acuáticas que ayuden a controlar el crecimiento de lirio acuático y de larvas de moscos, que han afectado durante décadas a los habitantes de las colonias aledañas. De tal manera que con la ayuda de lanchas, redes y bolsas, los voluntarios descienden al canal para remover basura de todo tipo.

“Nos enfocamos en retirar desechos orgánicos e inorgánicos que perjudican el agua y el entorno, también retiramos animales muertos, eso forma parte de nuestra obligación por restaurar y conservar el Canal. Cada año se realizan entre 6 y 18 jornadas, aproximadamente”, explica Axel Robles Flores, presidente del Club Rotaract Viveros Coyoacán, una de las organizaciones que apoya las actividades del Club de Patos.

En una de las últimas acciones de saneamiento llevadas a cabo con el apoyo de más de 270 integrantes del programa de Voluntariado Banamex, se recolectó más de tonelada y media de desperdicios, apunta Agustín Gómez Ipiña, coordinador de voluntarios de dicho programa, y agrega que además de los beneficios ambientales, este tipo de actividades favorecen la
convivencia de las familias.

Labor colectiva

Canal, Nacional, RescateEn diciembre de 2004 se comenzaron a introducir en este tramo del Canal Nacional los primeros patos y gansos domésticos donados por criadores particulares, con la asesoría de médicos veterinarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Nos da mucha alegría que ya hay gansos pequeños, lo cual indica que estas especies comienzan ya a reproducirse en éste que es su hábitat, lo cual nos compromete más a seguir apoyando esta labor. También tenemos bancos de carpas y de tilapias, sin embargo esos peces no son característicos de aquí, y es un problema, porque esos peces se reproducen bastante rápido y comienzan a comer los bordes, lo cual ocasiona que se erosionen, es algo que se debe controlar. Por otro lado ayuda un poco que aquí se practica pesca deportiva”, refiere.

De la Vega Segura apunta que desde entonces se han conformado redes de voluntarios de todas las edades, integradas por vecinos, visitantes, instituciones educativas, organizaciones de la sociedad civil, empresas socialmente responsables, académicos y representantes del gobierno para continuar con la labor de rescate del Canal Nacional.

Las actividades de esta organización se llevan a cabo mediante una planeación anual, para lo cual se elabora un calendario mensual de las jornadas. Esta información se difunde a todas las redes de voluntariado mediante redes sociales, correos electrónicos, páginas de Internet y carteles.

Cuando se trabaja por primera vez con grupos de ciudadanos que acuden al llamado de las jornadas, se les brinda una explicación sobre las actividades a realizar y el objetivo de cada una, así como el manejo de las lanchas, el uso de los chalecos salvavidas y de los radios de comunicación, la separación de residuos orgánicos e inorgánicos, la siembra de árboles y la limpieza del equipo.

Compromiso vecinal

En cuanto a los principales beneficios ecológicos, Axel Robles comenta que los vecinos de las colonias que comparten este tramo del Canal Nacional son los más favorecidos, ya que además del retiro de desperdicios del cuerpo de agua, también se limpian las áreas verdes aledañas, como los espacios para correr. No obstante, advierte que también hay vecinos que no se comprometen a mantener dichos espacios en óptimas condiciones.

“En una de las jornadas vino incluso el colegio Miraflores de Santa Fe, pero es difícil que los voluntarios sean los mismos residentes de la colonia”, apunta.

En ese sentido, Karla Pantoja Valdez, promotora de la campaña Efecto Colibrí, menciona que una de las tareas fundamentales de las organizaciones que participan en el proyecto consiste en predicar con el ejemplo con el fin de sensibilizar a la población local para que se sume al rescate de este espacio. El reto es que en el futuro, se sumen otras acciones ciudadanas para hacer la rehabilitación integral de los 8 kilómetros sobre los cuales se extiende el Canal Nacional, comenta.

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