Atlas de riesgos, paso a paso.

DerrumbeLa protección civil ocupa ya un lugar prioritario en la sociedad. Los fenómenos perturbadores a los cuales se exponen las personas y sus bienes, como incendios, huracanes, sequías, sismos, entre otros, han contribuido a desarrollar herramientas de análisis de riesgo y vulnerabilidad, con base en las características geográficas y sociales de cada localidad.

La gestión integral de las contingencias nos obliga a realizar acciones más estrictas para identificar, analizar, evaluar, controlar y reducir los posibles impactos ante un desastre. En ese sentido, los atlas de riesgos constituyen una herramienta de gran valor. Los gobiernos municipales interesados en elaborar un documento de este tipo deben conocer al detalle los fenómenos de peligro a los cuales están expuestos los ciudadanos.

EL ABC

El primer paso consiste en recolectar la información necesaria, como el tamaño actual de la población, el número de establecimientos mercantiles que operan en la entidad, las vías de comunicación y demás instalaciones estratégicas.

Para la búsqueda y compilación de datos, se requiere conformar un equipo multidisciplinario de expertos en prevención de desastres, que cuente con el apoyo de instituciones de investigación estatales y federales. Asimismo, hay que involucrar a los actores sociales que conozcan bien la dinámica del municipio.

InundaciónLa siguiente etapa consiste en organizar reuniones de trabajo para analizar la cartografía del ayuntamiento, las estadísticas más importantes y el historial de desastres o emergencias del lugar. También se deben evaluar los posibles mecanismos de coordinación con las demarcaciones aledañas. En esta parte del proceso, los expertos tendrán que interpretar y articular la información de tal manera que la población pueda entenderla, ya que cualquier persona o institución podrá consultar el atlas de riesgos.

La herramienta se debe estructurar en capas, cada una de las cuales tiene que hacer referencia a las características de la localidad y a un evento específico. La capa inicial puede aludir a la geografía del municipio. Posteriormente se incorporan las que corresponden a asentamientos humanos, servicios, actividades económicas, siniestros, etcétera.

El Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred) ofrece herramientas que se pueden descargar de su sitio web para elaborar posibles escenarios de catástrofes, como la base de datos sobre declaratorias de emergencia, de desastre y de contingencia climatológica, o el buscador de ciclones tropicales.

En el atlas se pueden incluir varios tipos de proyecciones. Las más comunes son los mapas generales, en los cuales se señalan, mediante símbolos, todos los tipos de riesgo que, por su frecuencia o extensión, representan una amenaza para la población, y los mapas específicos que ofrecen una perspectiva pormenorizada de cada tipo de contingencia.

DOCUMENTO VIVO

Una vez que esté terminado el atlas se debe poner a disposición de los ciudadanos en un sitio web, de tal manera que se pueda consultar fácilmente. Si se opta por contratar a una firma consultora que se encargue de elaborarlo, hay que cerciorarse de que en el equipo participe por lo menos un especialista en protección civil, cartografía, geografía o actuaría. La herramienta deberá estar estructurada en capas de riesgo, también tendrá que ser susceptible de actualizarse casi en tiempo real y deberá estar publicada en una plataforma electrónica de fácil consulta.

HuracánComo los municipios son sensibles a las afectaciones que pueden provocar los desastres, es preciso que los planes de desarrollo incluyan a los atlas de riesgo como una herramienta para la toma de decisiones. La prevención no sólo es el primer paso, sino que es el más importante.

Debemos pensar en este tipo de instrumentos como un documento vivo, el cual, debido al incremento o disminución de los fenómenos perturbadores y a las actividades diarias de la población, se debe actualizar permanentemente. Por ello, hay que darle seguimiento a las situaciones de desastre y de emergencia después de que ocurren y registrar los datos que se generen.

Si en nuestro municipio no existe un registro histórico de este tipo de eventos, hay que acudir a los archivos estatales y federales con el objetivo de crear una base de datos que sirva como referencia en situaciones similares. Toda información es válida, siempre y cuando la comprobemos.

Hay que dejar en claro que la elaboración de un atlas de riesgo es una inversión y no un costo. Los beneficios se pueden ver reflejados en la disminución del pago de primas de seguro y en ahorros considerables al destinar sólo los recursos necesarios en acciones claramente definidas, como la creación de albergues y logística de los cuerpos de emergencia, entre otras.

Los tiempos de dejar las cosas a la suerte, a la coyuntura o a la improvisación han terminado. La profesionalización de los municipios en esta materia ya no es una opción sino una necesidad. Pensemos en que esto nos ahorra tiempo, dinero y esfuerzo.

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