Hacia el tercer mes de gobierno

Independientemente de las intenciones del nuevo Presidente, el sexenio ha iniciado con muchos obstáculos. Se trata del efecto de una combinación de situaciones: exceso de celeridad, mucha inexperiencia, errores tácticos y un deseo de cambio a ultranza que la sociedad recibe con incertidumbre. Sigue siendo temprano para realizar una evaluación integral o para emitir un juicio justo para la historia de la llamada cuarta transformación. Lo cierto es que algunas cosas han cambiado, pero la dirección del barco aún no parece del todo definida.

El recuento de acontecimientos apunta a una problemática política que requiere definiciones claras para su normalización. Una cosa es tomar decisiones simbólicas como hacer de Los Pinos un parque cultural, y otra cosa es enfrentar a los afectados por la austeridad, desde los despedidos y los que vieron sus ingresos severamente reducidos, hasta los efectos de los recortes presupuestales en la administración pública Federal, sin olvidar las nuevas problemáticas que van a encarar los gobiernos estatales, los que dispondrán de menos recursos durante 2019, a pesar del endeudamiento heredado.

Los planes del Presidente, para sorpresa de muchos integrantes de la nueva administración, han tenido que enfrentar a la fuerza de la realidad. Los ejemplos están a la vista: los bonos aeroportuarios impidieron que se cancelara el NAIM desde el 1o de diciembre, como se anunció; la Suprema Corte de Justicia de la Nación hizo valer su autonomía, por encima de las aspiraciones presidenciales de establecer su salario de 108 mil pesos como tope máximo en la definición de los tabuladores salariales; las críticas al proyecto original de la Guardia Nacional hicieron necesario que se llamara a un periodo extraordinario de sesiones para hacer las correcciones debidas al proyecto (al momento de redactar estas líneas aún no conocemos el desenlace de dicho periodo extraordinario); Pemex enfrentó el desabasto y las previsibles compras de pánico de gasolina, como un efecto obvio pero torpemente no previsto, de la estrategia contra del robo de combustible en toda la república; la muerte de la Gobernadora de Puebla y del Senador Moreno Valle mostraron el sospechosismo de la sociedad ante este tipo de eventos y evidenciaron las consecuencias para el Jefe del Ejecutivo Federal del mal trato que otorga a sus adversarios políticos; y súmele usted.

Una cosa es cierta para el público en general, en casi todos los casos, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), personalmente carga con todas las consecuencias políticas de las decisiones tomadas, dado que por voluntad propia se convirtió en el único vocero de su gobierno.

Febrero será particularmente interesante porque inicia el segundo periodo ordinario de esta Legislatura. La llamada cuarta transformación requiere de muchas reformas constitucionales y legales para honrar la oferta presidencial de cumplir todas las promesas de campaña. Se tendrá éxito si se opta por la negociación, a pesar de que la aplanadora morenista cuenta con los elementos para imponer su voluntad. Los temas por abordar no parecen fáciles: el sistema nacional de salud, la solución al problema de las pensiones o la reforma electoral, por mencionar sólo algunas. Adicionalmente, no hay que olvidar la necesidad de legislar sobre las consultas populares. Después de todo, junto con la reforma para establecer las reglas de la revocación de mandato, también esos temas son parte de las promesas de campaña.

Seguramente febrero traerá muchos debates y se abrirán nuevos frentes y nuevas polémicas. Lo irremediable es que para cada caso, el gobierno tendrá que seguir enfrentando los imponderables de una realidad implacable que no da espacio para celeridad o improvisaciones. Urge que termine la curva de aprendizaje, por el bien de todos.

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