La crisis alimentaria, una oportunidad

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Francisco MayorgaVisto en los términos de las calificadoras que determinan con letras el grado de confiabilidad financiera de un país o una empresa, el campo mexicano está en la triple “A” (la máxima); así lo define el secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Francisco Javier Mayorga Castañeda. El funcionario reconoce en las crisis alimentaria y económica la causa del aumento de la pobreza en nuestro país, y ve como la mejor solución a estos problemas una profunda reforma fiscal, como la propuesta por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que pretende gravar los alimentos.

Plantea como una posible solución a los baches del sector agropecuario que se manifiestan en la importación de algunos alimentos, acabar con el superávit en la balanza agroalimentaria para destinar esos excedentes a los productos donde hay déficit.

Mayorga Castañeda es un hombre de edad avanzada, sereno, que habla con suavidad y es bien visto por los líderes de las organizaciones de productores, quienes en comentarios en corto no se reservan para manifestar su satisfacción por la llegada, por segunda ocasión, del funcionario a la titularidad de la Sagarpa.

En entrevista con Alcaldes de México, el secretario de Agricultura habla de las rigideces de un marco jurídico cuadriculado que traba la economía nacional, además de que los tres niveles de gobierno no jalan parejo. Estos son sus comentarios.

¿En cuántas “A” encontró el campo y la Secretaría?

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Pues están “activos”, tanto la Secretaría como el campo están en “aumento”: el crecimiento de la producción va hacia arriba, también el presupuesto de 2006 a la fecha ha crecido; y adicionalmente están “aprendiendo”, incluso un servidor, porque las circunstancias y las personas van cambiando.

Creo que con esas tres podemos iniciar. Ya en el camino veremos si añadimos algunas o quitamos otras.

¿Cuáles serían los principales retos que vienen en este momento y hacia adelante? A partir de 2010, por ejemplo, pareciera ser que, de acuerdo con las cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), no ha sido tan sencillo poder superar la crisis alimentaria mundial.

Esa crisis es, al mismo tiempo, una oportunidad, porque actualmente hay que alimentar a más de 6 mil millones de personas en el mundo. México es un país muy diverso en cuanto a sus ecosistemas, sus tradiciones, a los productos que puede ofrecer. Entonces, de entrada hay un buen mercado que atender, y eso debe ser bueno para cualquier productor.

Creo que cuando un producto tiene un mercado, hay potencial; cuando no lo tiene pues ya para qué le seguimos. Yo lo veo como una oportunidad.

Sí hay necesidad de hacer ajustes; creo que hay productos en México en los que tenemos superávit, y lo mejor es dedicar y canalizar esos recursos hacia donde hacen falta.

¿En dónde tendríamos que ponerlos?

TierraHay que ver la balanza comercial, la que nos dice que nos sobran azúcar y de repente maíz blanco, sobre todo en algunas épocas y regiones; por otro lado nos falta mucho en cultivos forrajeros y casi todo en oleaginosas. De entrada ahí ya hay un ajuste: ¿cómo transferir recursos de maíz blanco y azúcar hacia forrajes y oleaginosas?

¿Por ahí va su estrategia para reactivar el campo?

Es una propuesta, pero los que deciden son los productores. Esta es una economía de mercado y el gobierno simplemente propone, induce y sugiere, pero la decisión final es de ellos. Entonces, sí va ser una tarea de usar argumentos que les permitan tomar esa decisión.

¿Cómo ve a las organizaciones de productores?

No las he visto a todas, pero por lo menos el Consejo Nacional Agropecuario está inquieto y consciente de la revalorización del sector agroalimentario y, al mismo tiempo, de que no puede seguir nada más con la inercia y esperar un flujo muy grande de recursos públicos, precisamente porque la economía general no lo permite. A lo mejor hay que aceptar algunas cargas impositivas o la reducción de exenciones para que el país salga adelante.

La pobreza es un flagelo histórico en México, y ha habido cifras desalentadoras en los dos últimos años. ¿Dónde cree usted que se encuentre la falla central por la cual, en lugar de haber avanzado en el combate a la pobreza, haya un retroceso?

Pues en las crisis alimentaria y económica. La FAO estima que, por primera vez en los tiempos recientes, en el mundo ya llegamos a mil millones de habitantes en pobreza extrema, con problemas de alimentación; pero, curiosamente, hay otros mil millones de habitantes con problemas de sobrepeso.

Ahí tenemos esa paradoja: una parte de la humanidad está por debajo del mínimo de calorías para llevar una vida sana, y otra de tamaño similar está arriba del máximo. Son temas de salud pública y de hábitos alimenticios, no nada más de agricultura. También de esquemas comerciales, ya que a veces ahí está la producción, pero no hay mecanismos comerciales que permitan llevarla a los mercados en forma eficiente. Tenemos paradojas de cosechas que se tiran o se destruyen porque no hay mercados.

México tiene ese problema desde siempre; tengo una cifra de 33 por ciento de desperdicio en México.

La FAO ha manejado siempre esa cifra de 30 por ciento de desperdicio en el sector; pero habrá que revisar si ése es el dato al día de hoy, pero sí hay desperdicio. Por ejemplo, de repente tenemos a productores que tiran leche porque no encuentran quién se las compre, y el país importa 30 por ciento de su consumo de leche en polvo.

Para poder darle una buena inyección al sector, ¿sería necesario tramitar algunos créditos internacionales que vinieran directamente al campo a incentivar la producción?

Depende de cómo esté la política de endeudamiento general de gobierno; parece que no hay mucho margen para hacerlo, o por lo menos es lo que ha estado declarando el secretario de Hacienda.

Claro que algunas empresas privadas sí pueden hacer eso en función de qué tan saludables estén sus balances, pero eso ya es una cuestión caso por caso. Yo creo que, como mecanismo general para el país, un mayor endeudamiento externo no es muy recomendable.

EL FACTOR JURÍDICO

¿Habría que mejorar los salarios? La distribución de la riqueza es otro factor importante.

Pero, ¿cómo se mejoran los salarios si no hay mayor productividad? La base para mejorar salarios es la productividad de la mano de obra, y en ocasiones nuestro marco jurídico tampoco nos ayuda mucho en ello.

¿Dónde está el error en ese marco jurídico?

En la falta de flexibilidad. Estados Unidos ha tenido una gran capacidad de respuesta a la crisis porque su marco jurídico es flexible, no está tan cuadriculado como el europeo o como el nuestro.

Eso se lo reconocen todos los países.

China también ha tenido su gran crecimiento gracias a un mercado laboral flexible, tal vez demasiado. A lo mejor no habrá que irse a ese extremo, pero sí creo que nuestro gran problema como país son las rigideces: tardamos demasiado en tomar decisiones para echar mano de recursos de donde sobran y dirigirlos hacia donde hacen falta. También los niveles de gobierno eventualmente no cooperamos y vemos diferente la política, todo lo cual va trabando la economía.

¿Los tres niveles de gobierno no marchan al mismo ritmo?

Así es. Pero también está la excesiva reglamentación. A veces hay recursos que se tienen que regresar a la Secretaría de Hacienda porque, por ejemplo, las licitaciones de obras públicas son muy complejas. Por ello es que caemos en un círculo vicioso, en el que no hay dinero para proyectos porque se estima que no son prioritarios; pero cuando llega el dinero para las obras hacen falta los proyectos, y son recursos que no se pueden ejercer, por lo que van de regreso. Entonces, esa es una tarea que hay que hacer.

¿Es necesaria una profunda reforma del Estado en este sentido?

Sí; pero luego, por hacer planteamientos demasiado agresivos, no nos movemos. Tal vez haya que hacer pequeños ajustes; claro, si se pueden reformas más grandes, muy bien, pero probablemente en el día a día algo se puede flexibilizar.

EL MERCADO, GENERADOR DE RIQUEZA

Pareciera que en México la falta de una visión de largo plazo también ha sido uno de los principales escollos para la producción, sobre todo en el sector agropecuario.

Es correcto. Todavía hay gente que quiere un mercado totalmente libre, y hay quien prefiere regresar a una planificación gubernamental centralizada; pero creo que tampoco los extremos son buenos, ni han funcionado en otros países.

Aparentemente el mercado no fue lo más idóneo para México, ¿ha fracasado?

Yo no creo que el mercado esté fracasando; sí ha demostrado, por más de 200 años, que es un gran generador de riqueza, lo que no podemos negar. Lo que ocurre es que enfrentamos retos nuevos, por esto tal vez haya que regular esos mercados de acuerdo a éstos.

Para ejemplificar esos desafíos: ¿cuándo había vivido la humanidad un problema ambiental como el actual? Pues nunca, no hay antecedentes. La revolución biotecnológica, las transformaciones en la electrónica y en las comunicaciones también son hechos que no tienen más de 30 años, los que hemos abordado con una caja de herramientas que ya se quedó atrás.

¿Cuáles serían estas las herramientas que habría que incorporar?

Una muy importante, que se está discutiendo en este momento, es el tema fiscal. Debemos reflexionar que el petróleo, que fue nuestra principal fuente de ingresos durante muchos años, y cuyo precio ha bajado mucho, ya se acabó.

Entonces, hoy sí tenemos que ir a una reforma fiscal de fondo. No debemos dejar sectores exentos, ya que esto ha sido caldo de cultivo para la informalidad, la piratería, el contrabando y la falsificación de productos.

La ONU se pronuncia en contra de que se graven los alimentos.

El tema es mucho más complejo. No se puede decir nada más que no se graven los alimentos, sino que los impuestos o los gravámenes que se obtengan por ello deben servir para compensar a los sectores afectados. Lo ideal sería no pagar impuestos, pero sin impuestos no hay servicios públicos, ni transferencia de recursos de los que más tienen a los que menos poseen.

Entonces, el tema no es solamente el gravamen, sino también en qué se va a gastar. Si el impuesto que se le ponga a la población se va a ir en burocracia o en dispendio, pues mejor no lo pongas. Pero si va a regresar en mejores servicios, pues hay que ponerlo.

Los países escandinavos tienen altísimas tasas fiscales, y nadie se queja, porque lo que devuelve el gobierno en servicios públicos es de excelente calidad, de cobertura universal. ¿Quién va a protestar contra eso? Estoy pagando, pero también estoy recibiendo más de lo que pago.

¿Eso sería posible en México?

Claro que es posible, yo no veo por qué no.

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