Participación femenina rezagada a nivel regional.

SIMBOLO-FEMENINO1En 1953 las mexicanas conquistamos el derecho al voto. Se entendió sólo como derecho a votar. Hace falta que seamos votadas en igual circunstancia que los hombres y designadas en puestos de primer nivel. Eso implica transformar el pensamiento, lo que no se logra por mandato. Cuando ocupemos 50 por ciento de los puestos de primer nivel, en los ámbitos federal, estatal y municipal, la democracia mexicana habrá dado un gran paso. Efectivamente seremos iguales y la voz de todas y todos será escuchada.

De las más de 2,400 alcaldías del país sólo 120 son encabezadas por mujeres, equivalentes a una porción de 5 por ciento, según el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Delegacionales 2011.

Por eso, es pertinente recordar las palabras de la poetiza mexicana Rosario Castellanos, que en su poema Meditación en el umbral, hace una seria reflexión sobre la necesidad de que las mujeres asuman un papel más protagónico en la vida pública del país: “No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana, de Tolstoi…”.

¿Qué hacer? Trabajar con mujeres de todos los partidos para fortalecer liderazgos, difundir y defender sus derechos políticos, así como impulsar gestiones para que los partidos abran espacios a las militantes.

PRESENCIA FANTASMAL.

En los municipios es donde suceden los cambios. Ahí, la presencia de mujeres en puestos de toma de decisiones es casi fantasmal. Además de la porción de 5 por ciento que pertenece a las alcaldesas, hay pocas síndicas, ya que de 2,600 puestos de ese tipo, sólo 473 son ocupados por mujeres, y de 11 mil 834 regidurías, menos de la mitad están a cargo de ellas, esto es 5,129, según consta en el documento Mujeres y Hombres en México 2011, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). De lo anterior se desprende que las mujeres llegan a cargos de menor impacto.

Asi mismo, el documento del INEGI antes mencionado reporta: “En el Poder Judicial las Expediente Abierto mujeres sólo han ocupado la quinta parte de los puestos de ministras, magistradas y juezas”. La mayoría de quienes juzgan son hombres.

En el Poder Ejecutivo Federal, sólo tres secretarías son dirigidas por mujeres. Esto induce a suponer que las políticas públicas se ejecutan desde la perspectiva masculina. El anterior titular de la Secretaría de Trabajo dijo: “La remuneración que perciben las mujeres por su desempeño laboral llega a ser hasta 16 por ciento inferior que la de los hombres, por jornada y trabajo de igual valor” (ver el diario Excélsior del 22 de marzo de 2011).

INEQUIDADES HOMBRE-MUJER.

El Global Gender Gap Report 2010 anota: México ocupa el lugar 89 de 135 países en igualdad de género, mientras que en empoderamiento político el sitio 63. La Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (Onumujeres) afirma que no hay país que trate igual a mujeres y a hombres. Ellos tienen privilegios, algunos muy agraviantes, como la violencia, que las sociedades consideran “normal”.

Ante este escenario, no seamos pasivas. Como sugiere Rosario Castellanos: “No (concluir) las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana”. Ella no conoció al Instituto Federal Electoral (IFE), pues ni elecciones había. En vez de contar vigas, el IFE cuenta electores. Hay más electoras y la participación de ellas en las casillas es mayor a la de ellos.

ACCIONES CONCRETAS.

México ratificó la Convención Sobre Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (Cedaw), cuyo artículo séptimo dice: “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la vida política y pública del país”.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) dictó una histórica sentencia que obligó a los partidos políticos a cumplir con las cuotas de género. Por eso, actualmente contamos con 37.8 por ciento de diputadas y 32.5 por ciento de senadoras. Sin embargo, este avance no ha sido igual en los ejecutivos estatales. No hay ni una gobernadora, ni los legislativos locales mejoran. En 2009, de los 1,141 diputados locales, sólo 23.2 por ciento eran mujeres.

Con el propósito de encontrar una solución a la baja representatividad política de las mujeres en nuestro país, es necesario encontrar una nueva forma de ver las cosas. Como dice el poema Meditación en el umbral, no queremos que más mujeres se suiciden por amor. Tampoco Mesalinas, mujeres poderosas y de costumbres disolutas. Menos aún, como María Egipciaca, asceta retirada al desierto después de una vida de prostitución. Ni quien imite a Magdalena, adúltera rescatada de ser lapidada, y nadie como Clemencia Isaura. La doble moral sostiene la desigualdad.

“Otro modo de ser humano y libre” sí es posible para mujeres y para hombres, “Otro modo de ser”.

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