¿por qué en México una sequía se vuelve desastre?

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Maizales

Durante 2009 el campo mexicano enfrentó la peor sequía de los últimos 70 años, lo que puso al descubierto la vulnerabilidad de este sector y la falta de medidas de prevención que existe para enfrentar ésta y otras consecuencias del cambio climático, a las que han contribuido factores como el crecimiento desproporcionado de la población y el aumento de la actividad económica.

La sequía que se presentó a mediados del año afectó a millones de productores en distintas regiones del país.

Representantes de organismos agrícolas, especialistas y académicos coincidieron en que las condiciones extremas del clima continuarán en el futuro, lo que agravará la amenaza que eso representa para 71 por ciento de la superficie cultivable del país, integrado por tierras de temporal. Al mismo tiempo, la demanda de agua aumentará conforme crezca la densidad demográfica y la actividad económica.

La solución a lo anterior está en la definición de políticas públicas más eficaces que permitan aprovechar mejor el recurso, establecer tarifas más equitativas, aumentar la recaudación por este concepto e impulsar la inversión en infraestructura.

“El 2009 no ha sido el mejor año, pero no deberían ser así las cosas, porque para que una sequía se vuelva desastre necesitamos ser muy vulnerables. Las preguntas son: ¿qué hemos hecho?, ¿estamos preparados?, ¿qué tanto sabemos para poder actuar preventivamente?”, cuestiona Víctor Magaña, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El experto advierte que México ha tenido muy malas experiencias en el tema de las sequías, las cuales afectan no sólo al país sino a muchas economías del mundo: “A este país le va a faltar agua, lo que es sabido desde hace 30 o 40 años; al crecer tanto la población como la actividad económica, hay mayor demanda del líquido. Pero no cambia la cantidad de agua que tenemos, la que deberemos repartir entre más actividades y más personas”, advierte.

Magaña considera que lo grave de esta situación es que, a pesar de los pronósticos, no ha cambiado el manejo que se le da al agua, ni se han tomado acciones para aumentar la inversión en infraestructura hidráulica.

LA CLAVE: EL MANEJO DEL AGUA

sequíaGabriela Alarcón, consultora del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), destaca, por su parte, que a pesar de la situación, el sector agropecuario ha sido uno de los que mayores beneficios ha tenido en el acceso y uso del agua a lo largo de los últimos años, en comparación con la industria o el segmento residencial. Ello se ha hecho a través de subsidios y concesiones, aunque esto no ha sido suficiente para que el campo nacional aumente su productividad.

“La asignación del agua ha beneficiado al sector agropecuario, al que se le han dado enormes concesiones de extracción, por agua que prácticamente no paga. Además, las tarifas eléctricas para bombear el agua están subsidiadas, y si llegara a pagar algo sería para mejorar su propia infraestructura, pero en realidad no le retribuye nada al Estado por este recurso”, expone.

Alarcón refiere que en comparación con naciones que son potencias agrícolas, como Australia, Brasil, Argentina, Israel o Estados Unidos, estos países utilizan, en promedio, 55 por ciento del total de su agua para dicha actividad; en tanto México, sin ser una potencia agrícola, gasta 75 por ciento en agua para su desempeño: “En México, por ejemplo, para producir una tonelada de maíz utilizamos casi 2 mil metros cúbicos de agua, mientras que en Estados Unidos utilizan 900”, añade.

Asimismo, los problemas de inundaciones se deben a la falta de inversión en infraestructura, a pesar de que durante la década de los 90 se hizo un esfuerzo importante por recuperar los costos de operación, señala.

De acuerdo con la especialista del Imco, la disponibilidad natural media de agua percápita en México se ha reducido dramáticamente en los últimos 55 años, ya que de ser un país con alrededor de 18 mil metros cúbicos por habitante por año, ahora se registran sólo cerca de 4 mil.

“Sí ha habido un proceso de desertificación y los patrones de lluvia han cambiado, pero hay lugares donde sigue lloviendo, y el nivel de precipitación media se ha mantenido relativamente constante.

“Entonces, nuestra visión es: sí es un problema natural, los fenómenos meteorológicos se están volviendo más extremos, pero ese no es el problema principal. El enfoque debe de ser el manejo del agua”, enfatiza.

Datos del Tercer Informe de Gobierno indican que la recaudación por el cobro de aprovechamientos de agua, en lo que corresponde a distritos de riego, pasó de 110.8 millones de pesos en el año 2000, a 191.7 en 2008, y, de forma preliminar, se registraban 151 millones de pesos, a junio de este año.

No obstante, de acuerdo con los especialistas, los recursos no son suficientes para atender la demanda de servicios e inversión en el sector agrícola, ya que, por ejemplo, a nivel nacional se recupera menos de 50 por ciento de los costos de operación y conservación de los distritos de riego, y muy poco de los costos de infraestructura hidráulica.

Las cuotas que se aplican por el servicio a los diferentes usuarios tampoco reflejan el costo real, y los sistemas de cobro son deficientes, lo cual deriva en subsidios al consumo, con lo que se alienta el desperdicio del recurso.

POSIBLES SOLUCIONES

Rubén Chávez Villagrán, titular de la Comisión de Sostenibilidad y Competitividad de Cadenas del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), comenta que prácticamente todo el país se vio afectado por la pasada temporada de sequía, incluidas algunas zonas urbanas como el Distrito Federal.

Por eso, enfatiza, la importancia de que el gobierno, en sus tres niveles, y el Poder Legislativo trabajen en políticas que impulsen, bajo estudios especializados, la modernización y desarrollo de obras de infraestructura que hagan eficientes los sistemas de riego y que permitan captar los excesos de lluvia para las largas etapas de sequía.

“Esto debería ser una política de Estado y una manera profunda de estudio, y no sólo de opinión o sugerencia, como la hubo hace ya muchos años. Fue una política por la que se hicieron diversas obras de infraestructura de gran envergadura: en Chihuahua, por ejemplo, se construyeron una o dos presas, y se construyó el Sistema de Riego 09, que dio origen a Delicias y fortaleció a Camargo, pero estoy hablando de hace 60 o 70 años.

“Muchas de las presas del país, sistemas de riego y distritos de riego que hoy existen vienen de aquella época. Entonces, es necesario que se hagan estudios para que se realicen las obras que se requieren para este nuevo tipo de clima, lo que permitiría aprovechar los excesos de lluvia”, puntualiza Chávez.

El también presidente del Consejo Estatal Agropecuario en Chihuahua recomienda considerar el caso de Estados Unidos, donde se construyen obras para el almacenamiento de los excedentes de lluvia, las que, junto con desagües de seguridad, vierten el excedente de líquido.

“Eso está a nuestro alcance. Hay otras alternativas que requieren de estudios de mucha mayor envergadura, como las presas. Sin embargo, hay una serie de métodos, como pozos de absorción; en este tipo de lagunas también se hacen unas perforaciones, se instala un tipo de ademe que pueda filtrar el líquido aunque sea un poco, y para que los excedentes de agua se rezuman y se inyecten”, agrega.

Otra opción, sugiere Alarcón, son los “bancos de agua”, organismos que otorgan asesoría relacionada con los aspectos técnicos y administrativos en el uso de los recursos hídricos, así como de la normatividad aplicable en materia de transmisión de derechos.

La idea, explica, es que se depuren los títulos de concesión y se asegure que se les dé el uso que se autorizó, además de aplicar auditorías para evitar la creación de “mercados negros”, y posteriormente ajustar las tarifas de uso.

Actualmente, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) trabaja en varios de estos proyectos, además de operar programas de infraestructura hidroagrícola. Asimismo, México ha trabajado junto con organismos internacionales en la gestión de créditos para el apoyo de proyectos que mejoren el uso del agua en el sector.

Grisell Medina, subgerente de Gestión y Evaluación de Proyectos con Crédito Externo de la Conagua, refiere que en marzo de este año concluyó el último financiamiento internacional que se tenía para el campo, el cual fue otorgado por el Banco de Reconstrucción y Fomento (BIRF).

El Programa de Modernización Integral del Riego (PMIR), que incluyó un préstamo de 303 millones de dólares, tuvo como principal objetivo apoyar la viabilidad del sector de riego en el país y elevar los niveles de bienestar de los usuarios, mediante el mejoramiento de la eficiencia en el uso del agua y el incremento de la productividad agrícola de riego, bajo mecanismos de participación coordinada entre instituciones y usuarios.

A futuro, estima Medina, la Comisión podría buscar otro proyecto, aunque la administración de los recursos se debe coordinar con la Secretaría de Hacienda, para lo que se evaluarían las posibles alternativas.

El panorama a futuro es muy complicado, pero, según los expertos, todavía hay posibilidades de tomar acciones para evitar desastres, tanto por la sequía como por inundaciones.

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