Un nuevo gobierno de mayorías

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Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio. twitter Twitter

La victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) del 1° de julio, ha sido sin lugar a duda el tema de mayor interés de la sociedad mexicana. Y no es para menos, el mandato de las urnas fue muy claro, la mayoría de los mexicanos que acudieron a votar externaron su negativa por darle continuidad al partido en el poder (PRI), así como de entregar una nueva oportunidad y regresar a la presidencia al Partido Acción Nacional (PAN).

Según datos de los cómputos distritales, AMLO obtuvo más de 30 millones de votos, lo que representó un 53 por ciento de los votos emitidos. Si nuestro sistema electoral hubiera considerado la segunda vuelta, con el objetivo de dar una mayor legitimidad, AMLO no hubiera necesitado recurrir a este compromiso, porque la misma sociedad confió en él desde el principio.

Un punto interesante es que no sólo la sociedad dio su confianza a AMLO, sino también a los candidatos a diputados y senadores de Morena, con ello obteniendo las mayorías necesarias en ambas cámaras para poder realizar los cambios que sean necesarios y lograr la llamada “cuarta transformación” que tanto prometió el tabasqueño durante su campaña.

El punto que deseo destacar es precisamente ese: antes de que terminaran las campañas electorales, diversos partidos políticos, algunos intelectuales y miembros de la sociedad, hicieron un llamado por el voto dividido, argumentando que las mayorías eran un riesgo al darle poder absoluto al Presidente. Muchas personas aceptaban ese argumento ya que en su mente indudablemente nos traía las épocas del antiguo régimen priista, en el que la oposición no existía como contrapeso a las decisiones presidenciales. Sin embargo, la elección histórica del pasado domingo 1° de julio demuestra que la sociedad sabe que AMLO requiere de esas mayorías para poder extirpar el mayor de los males que ha afectado a nuestro país, me refiero a “la corrupción”, y ciertamente la única forma de abolirla de nuestra vida pública es teniendo el apoyo del Poder Legislativo.

En agosto, el Instituto Nacional Electoral (INE) avaló los proyectos para la distribución de las posiciones de representación proporcional en el Congreso de la Unión, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) concluyó con los cómputos correspondientes a la elección de legisladores, donde la coalición Juntos haremos historia, abanderada por Andrés Manuel López Obrador, quedó en la Cámara de Diputados con alrededor de 308 legisladores: 191 por Morena, 56 del Partido Encuentro Social (PES) y 61 del Partido del Trabajo (PT). En tanto, en el Senado de la República, la coalición Juntos Haremos Historia quedó con 69 escaños, 55 de Morena, ocho del PES y seis del PT.

Ahora, un punto que deseo destacar y con ello concluyo: cuando digo que las elecciones presidenciales fueron históricas, lo digo porque así realmente fueron, la sociedad votó y dispuso lo que consideró mejor para su futuro, mandó desde las urnas y castigó a los partidos políticos que le ha fallado. Y eso mismo puede suceder si AMLO no cumple sus promesas. Los partidos políticos y sus candidatos ahora tendrán la obligación de ser mejores si desean contar con la confianza de la sociedad. Realmente este triunfo electoral ha logrado involucrar a la sociedad a incorporarse al quehacer de la vida pública del país.

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