Soluciones a pequeña escala en transporte: necesarias

Los expertos sugieren poner en marcha estrategias de movilidad en ciudades de menor tamaño, que de ser exitosas, podrían replicarse en urbes más grandes

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FOTO: GABRIELA PÉREZ MONTIEL / CUARTOSCURO

Trasladarse puede ser una gran experiencia por el disfrute del camino y los paisajes; sin embargo, en ciudades de México la experiencia se puede transformar en una pesadilla con transporte público caro, incómodo, inseguro, contaminante y poco eficiente.

Hoy día, el desarrollo tecnológico permite contar con sistemas de transporte público eficiente, seguro, cómodo, accesible, interconectado y amable con el ambiente, pero aún se tienen que sortear algunos retos, como disponer de suficientes recursos para su adopción, infraestructura adecuada, así como transformaciones en el entorno culturales y político.

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FOTO: GABRIELA PÉREZ MONTIEL / CUARTOSCURO

Superar esos desafíos se vuelve casi urgente si se considera que hacia 2050, 70 por ciento de la población mundial se concentrará en ciudades.

El director del Instituto de Energías Renovables de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Antonio del Río Portilla, señala a Alcaldes de México que en el territorio nacional se ha privilegiado el transporte individual, especialmente de vehículos, en un esquema similar al de Estados Unidos, mientras que en Europa se desaslienta el transporte privado y se fomenta el público.

ABANICO AMPLIO

Aunque la Ciudad de México y algunas urbes de otros estados avanzan en la adopoción de sistemas eficientes de transporte público como el Metro, autobuses de tránsito rápido (BRT por sus siglas en inglés), tren suburbano, tren ligero, autos eléctricos e híbridos, así como transporte individual como las motocicletas eléctricas y bicicletas convencionales y eléctricas, los problemas de movilidad prevalecen.

Hoy día existen empresas que ofrecen tecnologías eficientes y sostenibles que se adaptan a las características geográficas, sociales y económicas de cada país, estado o localidad.

El Metro es quizá uno de los sistemas de transporte más eficientes y seguros, pero también destaca el tren. De acuerdo con la firma francesa Alstom, el tren “es una de las modalidades de transporte que presenta una mayor eficiencia energética” ya que consume 2.2 por ciento de la energía final del transporte y es el responsable de 3.3 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono en el transporte.

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Odón de Buen Rodríguez.
FOTO: ROSALÍA MORALES

Los trenes urbanos, suburbanos, de alta velocidad, totalmente eléctricos; de uno o dos pisos, con sistema de frenado eléctrico; los de sistemas tranviarios, elevados o a nivel de piso, son sólo algunas versiones de ese sistema de transporte, pero lo importante es que son considerados como una opción más limpia en comparación con autos y autobuses que operan con combustibles fósiles como la gasolina y el diésel.

Del Río sostiene que el transporte nuevo debe ser eléctrico porque en estos momentos puede parecer que esa opción es menos económica, pero si se le agregan los costos ocultos (por daños a la salud y al ambiente) del transporte basado en combustibles fósiles, resulta que el impulsado por electricidad es más rentable en el largo plazo.

El costo de la movilidad eléctrica es más barato por kilómetro recorrido en comparación con un auto de combustión interna porque en la segunda opción se gasta más en mantenimiento, “pero en la mayoría de las decisiones gubernamentales impera el costo inicial más que el de operación y el ciclo de vida”, lamenta el especialista.

Pero no sólo el tema económico ha sido una barrera para el crecimiento exponencial de esas opciones de transporte sustentable. Las baterías de los vehículos eléctricos no son suficientes cuando se trata de grandes distancias y no hay suficientes electrolineras porque no hay parque vehicular y lo mismo ocurre para los transportes a gas LP y natural.

Al respecto, el director de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), Odón de Buen Rodríguez, comenta que el modelo de negocios para vehículos que usan gas natural es tener una flotilla y un lugar donde los autos carguen el combustible. De ahí que el crecimiento de esa opción avance lentamente.

En el caso de los vehículos eléctricos, considera que si se generaliza el uso de ese transporte se debe garantizar el diseño de redes eléctricas que permitan contar con energía en los centros de consumo; pero también está la posibilidad de que las casas funcionen como prosumers, es decir, como productoras de su propia energía con paneles solares que permitan abastecer a los vehículos eléctricos y como consumidoras.

Del sistema BRT, conocido como Metrobús, el funcionario refiere que es necesario crear un sistema inteligente que ofrezca rutas más seguras, ágiles, económicas y sostenibles.

De la red de bicicletas que opera en la Ciudad de México y otras ciudades del país, De Buen Rodríguez destaca que las nuevas reglas para el uso de casco y luces por la noche para evitar accidentes promoverán la seguridad, aunque se debe avanzar en el desarrollo de infraestructura para biciestacionamientos.

SOLUCIONES ADECUADAS

Por otra parte, Del Río Portilla admite que una de las urbes más activas en la transición hacia el transporte sostenible es la Ciudad de México, ya que cuenta con Metro, redes de Metrobús, taxis eléctricos e híbridos, así como autobuses híbridos, líneas de trolebús y el sistema de bicicletas en renta denominado Ecobici.

Sin embargo, critica que la mayoría de los esfuerzos en ese tema se concentren en la capital. “Hay 80 millones de personas que vivimos fuera de la CDMX y tenemos que resolver el problema para ellos con transporte de calidad que no emita gases de efecto invernadero.”

Tenemos que entender, agrega, que la solución en México es más grande y que debemos empezar a aprender en ciudades más pequeñas con soluciones que inicien a pequeña escala para después trasladarlas a ciudades como la capital del país, donde los problemas son más complejos.

En San Miguel de Allende, Guanajuato, por ejemplo, la opción ni siquiera son los autos eléctricos porque las calles son tan estrechas que es más viable usar motos o bicicletas eléctricas, agrega.

MOVILIDAD INTELIGENTE

La inseguridad también es un factor que inhibe el uso del transporte público. La encuesta más reciente de movilidad urbana que realizó el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) arrojó que 53 por ciento de los consultados se siente inseguro o muy inseguro al utilizar autobuses, microbuses y taxis como medios de transporte.

De acuerdo con dicha encuesta, 48 por ciento de los consultados señaló que hay muchos problemas de tráfico en su ciudad y cuatro de cada 10 dijeron que hay mucha contaminación en el aire de su urbe.

Aunque el transporte es suficiente, no es eficiente. Ocho de cada 10 encuestados aseguraron que cerca de su casa hay alguna ruta de transporte público que le permite hacer sus actividades diarias, pero 53 por ciento señaló que no hay información suficiente de las rutas y los horarios.

Para ello, Odón de Buen considera que se debe establecer un sistema compartido de información que se concentre en una aplicación digital móvil para que los usuarios encuentren la ruta óptima para trasladarse a un punto.

“En México podemos integrarnos relativamente pronto, pero se requiere el liderazgo de los alcaldes para constituir un modelo integrado donde compartan información y participen de manera coordinada”, considera De Buen Rodríguez. No obstante, el director del Instituto de Investigaciones de Energía Renovable considera que no es factible transformar todo el transporte en tres años pero sí podría ocurrir ese cambio en un plazo de 10 a 15 años.

Con base en cifras de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), para mejorar sustancialmente el transporte público en México se requiere una inversión de casi 88 mil millones de dólares (mdd).

Acelerar la transición hacia un transporte sostenible es fundamental no sólo porque cada vez se encarecen más los combustibles de origen fósil, aumentan los congestionamientos viales y se elevan los niveles de emisiones contaminantes, sino también porque se debe reconocer la movilidad como un derecho humano fundamental.

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