Corrupción y seres humanos ¿un binomio inseparable?

El fantasma de la corrupción se pasea por el mundo y en ocasiones suele convertirse en una pesadilla de tal magnitud que atrofia el sistema nervioso de los países e impide su desarrollo óptimo, es decir, amenaza la confianza entre la ciudadanía y sus gobiernos. Algo que es tan elemental para un sano desempeño de las sociedades.

A su paso por las diferentes fronteras, este espectro deja muestras de su poder. Al menos 100 millones de personas viven en la pobreza en el mundo, cada año 2.4 millones de niños mueren de enfermedades transmitidas por el agua, no menos de 1,000 millones de personas ingresaron al siglo XXI sin saber leer o escribir y este entorno podría disminuir drásticamente si tan solo se mejorará cualitativamente la gestión pública de modo que se establecieran instituciones menos corruptas destaca el Banco Mundial.

El mismo organismo internacional ha divulgado que los ingresos de los países que combaten la corrupción y mejoran los esquemas de ley pueden aumentar hasta cuatro veces, es decir, una nación con un ingreso per cápita de US$2,000 que combata la corrupción y mejore la gobernabilidad podría esperar que sus ingresos aumenten a US$8,000 en el largo plazo.

Las estampas se repiten por el orbe sin importar si son considerados países desarrollados o subdesarrollados. En la India aproximadamente del 20% al 50% de los fondos que proporciona el gobierno para sistemas de riego para la agricultura se despilfarraron en corrupción; en Pakistán un trabajo similar realizado por expertos en irrigación reveló la compra ilícita de tomas de agua al Estado, lo que afectó de manera grave a los agricultores río abajo; Alemania, Bélgica, Grecia, Portugal, Francia y Estados Unidos se han visto envueltos en escándalos por corrupción.

Tan solo a principios del siglo XXI, el Banco Mundial ya estimaba en más de un billón de dólares estadounidenses (US$1.000.000.000.000) lo que se pagaba cada año en sobornos en todo el mundo.

 

Las listas negras

 

En este contexto, Transparency International (TI) publica desde el año 2003 el Barómetro Global de la Corrupción, la única encuesta de opinión pública sobre percepciones y experiencias de corrupción, que en su edición 2013 recoge las respuestas de 114,270 personas en 107 países.

Los países más corruptos del mundo son: Sierra Leona, Liberia, Yemen, Kenia, Zimababue, Libia, Mozambique, Camerún, Uganda, Camboya y Senegal.

Las naciones menos corruptas del mundo son: Japón, Finlandia, Dinamarca, Australia, España, Uruguay, Corea del Sur, Portugal, Noruega y Nueva Zelanda.

Respecto al área de América Latina, Bolivia, México y Venezuela son los nada honrosos líderes de este listado; entre paréntesis el lugar global, del menos al más corrupto.

1. Chile (24); 2. El Salvador (30); 3. Argentina (33); 4. Perú (45); 5. Colombia (49); 6. Paraguay (50); 7. Venezuela (53);  8. México (61); y 9. Bolivia (68).

 

México en la lona

 

Cinco mil millones de pesos es lo que cuesta la corrupción en México solamente la relacionada con solicitudes de servicios en seguridad pública, permisos ligados a la propiedad y ministerios públicos, destacó este mismo año el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Con esa cantidad, el país podría reparar ocho veces la Línea 12 del Metro  y representa cinco veces los ingresos tributarios del país durante el primer semestre de 2014. De ese tamaño es el reto de los mexicanos que se ubican en el lugar 106 de 175 naciones en cuanto a la percepción de corrupción, según el índice de Transparencia Internacional.

De acuerdo con una encuesta de la consultora EY, la percepción sobre prácticas de corrupción y el soborno aumentó en México. Según los resultados de su estudio global sobre corrupción y fraude, realizada a 2,719 ejecutivos de 59 países y territorios, incluido México, la percepción de la práctica de corrupción y soborno en el país subió cinco puntos, de 60% en 2012 a 65% en 2014, pese a tener nuevas prevenciones, pues se pueda dar en el ámbito público o privado.

Sin embargo, se subraya que 92% de las empresas en México tiene políticas anticorrupción, cifra mayor a la de América Latina con 78% y de los resultados a nivel global, con 82 por ciento.

El documento expone que a 8% de los ejecutivos mexicanos se les ha solicitado realizar una donación caritativa a un cliente o proveedor; a 18% se les ha pedido pagar un soborno en una situación de negocios, cifra 11 puntos mayor a otras partes en el mundo.

Resaltó que 38% de los encuestados mexicanos considera que es común practicar el soborno para ganar contratos, “y aquí es donde le ganamos en las olimpiadas a todo mundo”, dijo en su momento Bruno Blackmore, director ejecutivo de la firma.

Además, comentó que el comportamiento no ético persiste en México, pues 10% de los encuestados ofrece algún tipo de entretenimiento para ganar o retener un negocio, 4% justificó alterar estados financieros, 8% dio regalos para ganar o retener un negocio, y 14% ofreció pagos en efectivo para ello.

 

La esperanza del triunfo

 

No todo son malas experiencias en la lucha contra la corrupción, estrategias implementadas como la “libreta de calificaciones” que preparan los ciudadanos en Bangalore (India), cuyo resultado ha sido un aumento en el grado de satisfacción de la ciudadanía con los organismos locales o los estudios de seguimiento del gasto público en Uganda, que permitieron reducir las fugas presupuestarias en las escuelas locales son astucias que hacen renacer la esperanza de derrotar al fantasma.

Estados como Botswana, Chile, Costa Rica y Eslovenia, también han sido ejemplo al reducir la corrupción al  mejorar la gestión de los asuntos públicos.

 

La ruta a seguir

 

Al final de cada batalla contra la corrupción se aprende de nuevas tácticas, la resistencia contra el fantasma se hace más fuerte aunque no se perciba en el día a día. En este sentido, Daniel Kaufmann, director de gobernabilidad del Banco Mundial puntualiza algunas rutas a seguir.

  • Vital promover el imperio de la ley, la protección de los derechos de propiedad, la libertad de prensa y la competencia en el ámbito político.
  • Transparencia en el financiamiento de las campañas electorales.
  • Son decisivos los mecanismos que permiten a los ciudadanos expresar su opinión de forma eficaz.
  • El poder de los datos y la transparencia. Los países reformistas utilizan datos para medir y
  • vigilar los progresos alcanzados en materia de gobernabilidad.
  • Se debería alentar más el uso de medidas que contribuyen a la transparencia, tales como leyes sobre la libertad de información, la divulgación pública del patrimonio de los altos funcionarios y un acceso transparente al historial de voto de los parlamentarios.
  • Es importante mejorar constantemente los indicadores que se utilizan a nivel mundial y los diagnósticos sobre países específicos.
  • Ver la corrupción en el contexto de la gestión de los asuntos públicos y el cambio institucional.
  •  Examinar de nuevo la utilidad de los organismos contra la corrupción y las iniciativas legislativas tradicionales. Sería aconsejable desistir de estas iniciativas referentes a la creación de organismos porque normalmente se crean por conveniencia política.
  • Dar mucha más prominencia a los incentivos, la prevención y las reformas institucionales y normativas sistémicas, concentrándose en las instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil existente.
  • La participación ciudadana en la lucha contra la corrupción. La batalla contra la corrupción
  • no puede ganarse únicamente a través de unas cuantas instancias de gobierno.
  • Competencia libre y transparente del sector privado, para evitar que las instituciones del Estado caigan en manos de intereses creados privados de carácter monopólico.
  •  Los dirigentes políticos tienen que estar dispuestos a resistir las presiones de miembros del sector público y privado que obstaculizan las reformas.
  •  Las organizaciones internacionales deben extraer las lecciones que ofrece la experiencia y sugerir medidas francas y concretas para mejorar los resultados. Las empresas multinacionales pueden afectar notablemente —para bien o para mal— la gobernabilidad y la corrupción en las economías.
  •  La divulgación de información por la banca internacional y la lucha contra el lavado de dinero también son importantes.
  • Dar más relevancia a los incentivos para fomentar la buena gestión pública y la lucha contra la corrupción.

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