Singladura / La pandemia oculta

Roberto Cienfuegos J.    /  @RoCienfuegos1

 

Aun cuando hay indicios crecientes y sobre todo esperanza, de un adiós definitivo a la pandemia por el coronavirus, al menos en sus peores manifestaciones, está aún por contarse la herencia trágica o la pandemia oculta para miles de niños en todo el mundo, y en México en particular, donde diversos estudios colocan a nuestro país entre los más afectados a escala internacional.

Foto: PALECH

El fenómeno, poco estudiado hasta la fecha y por supuesto menos medido o cuantificado, deberá pronto, convocar la atención gubernamental y aún de los diversos sectores del país, en particular el económico y social. Aludo al drama de la orfandad por la Covid-19, que da cuenta todavía de un mundo prácticamente inexplorado, pero no por ello menos grave dentro de la extensa lista de herencias vinculadas a la pandemia, formalmente declarada en México hace dos años.

Un informe del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, incluido en el número 208 de Mirada Legislativa de septiembre de 2021, coloca a México a la cabeza de una lista de seis países de América Latina, con el mayor número de menores de edad que perdieron, en el tráfago del Covid-19, a su cuidador principal, con un número que ascendía hasta agosto del 2021 a 141 mil 132. Se trata, por supuesto y muy lamentablemente, de un saldo preliminar.

Otro dato resaltante es que el número de muertes fue mayor entre hombres que en mujeres en todos los países, en particular, en personas de mediana edad y padres mayores; por lo que la orfandad de padre y de abuelos custodios es mayor que de madres y abuelas custodias.

La pandemia por Covid-19 arrojó al menos 1 millón 134 mil niños en todo el mundo, cuyas vidas han cambiado permanentemente por las muertes asociadas con Covid-19 de sus madres, padres o abuelos custodios.

De estos niños y niñas, 1 millón 042 mil quedaron huérfanos de sus padres. Más de 1.5 millones de niños experimentaron la muerte de sus padres, abuelos con custodia o abuelos o parientes que vivían con ellos.

Niñas y niños huérfanos de padre, madre o ambos fallecidos entre marzo 2020 y agosto 2021 elevan la cifra a 157 mil en esta situación en el caso de México.

Lo anterior refleja que dentro de la media docena de países con más fallecimientos a causa de la Covid-19 en el mundo, las niñas y los niños de México han sido los más afectados en cuanto a la pérdida de cuidadores primarios y secundarios, según el informe.

Así que la respuesta por parte de la sociedad y, en específico, de las instituciones gubernamentales y sector privado será vital para estar en condiciones de afrontar las complicaciones que se desatarán en las dinámicas familiares y en el desarrollo particular de aquellas niñas y niños en el futuro inmediato, y más aún, una vez que sea declarado el fin o el control de la pandemia como se espera aún desea en las próximas semanas.

Asimismo, se indica que por cada 100 muertes por Covid-19 hay 90 niñas y niños con pérdidas de cuidadores (primarios o secundarios), lo que evidencia que la contención y el apoyo familiar en México será un punto básico. Los cuidados de menores de edad dependen, en varios casos, de las abuelas y abuelos, por lo que las personas de la tercera edad han sido un pilar fundamental para que padres y madres de familia tengan la posibilidad de dedicarse a diferentes actividades económicas.

DETECCIÓN Y RESPUESTA

Otro informe, éste del Colegio Imperial de Londres, estima que la orfandad en México asociada a la Covid-19, lastima a 214,300 menores por la muerte de uno o de ambos padres, y se eleva a 228,200, en una estimación de pérdida del cuidador primario.

Aún más. Las estimaciones del número de niños que perdieron a sus cuidadores primarios y/o secundarios es de 316,700.

Hay otras estimaciones, citadas éstas por la prestigiada revista médica británica The Lancet, según la cual, las prioridades de la pandemia de Covid-19 se han centrado en la prevención, detección y respuesta. Más allá de la morbilidad y la mortalidad, las pandemias tienen efectos secundarios, como niños huérfanos o privados de sus cuidadores, expone.

En estos casos, hace ver, que estos niños a menudo se enfrentan a consecuencias adversas, como la pobreza, el abuso y la institucionalización, por lo que pone hincapié en la necesidad de asignación de recursos para su atención, urgente por lo demás.

Señala que a nivel mundial, desde el 1 de marzo de 2020 hasta el 30 de abril de 2021, las estimaciones indican que un millón 134 mil niños (intervalo creíble del 95 por ciento 884,000–1,185,000) experimentaron la muerte de los cuidadores principales, incluido al menos uno de los padres o abuelos con custodia.

La publicación estima que un millón 562,000 niños sufrieron la muerte de al menos un cuidador principal o secundario.

Los países referidos en el estudio con tasas de muerte del cuidador principal de al menos uno por cada 1000 niños incluyeron Perú (10.2 por cada 1000 niños), Sudáfrica (5.1), México (3.5), Brasil (2.4), Colombia (2·3), Irán (1·7), Estados Unidos (1·5), Argentina (1·1) y Rusia (1·0).

El número de niños huérfanos superó el número de muertes entre los de 15 a 50 años. Entre dos y cinco veces más niños tenían padres fallecidos que madres fallecidas.

Según The Lancet, la orfandad y las muertes de cuidadores constituyen una pandemia oculta debido a las muertes asociadas a la Covid-19.

En consecuencia, resulta clave acelerar la entrega equitativa de vacunas para la prevención. Además, el apoyo psicosocial y económico puede ayudar a las familias a criar a los niños privados de cuidadores y ayudar a garantizar que se evite la institucionalización. Estos datos muestran la necesidad de un pilar adicional de respuesta: prevenir, detectar, responder y cuidar a los niños.

Añade que las familias tienen poco tiempo para preparar a los niños para el trauma que experimentan cuando muere un padre o cuidador. La evidencia muestra que la institucionalización, una respuesta común incluso cuando hay un padre sobreviviente, puede provocar retrasos en el desarrollo y abuso elevado.

Los niños que pierden a sus cuidadores primarios tienen mayores riesgos de experimentar problemas de salud mental; violencia física, emocional y sexual; y pobreza familiar.

LOS RIESGOS

Estas experiencias adversas aumentan los riesgos de suicidio, embarazo adolescente, enfermedades infecciosas, incluido el VIH/SIDA, y enfermedades crónicas, dice el estudio que abarcó 21 países que representaron el 76.4 por ciento de las muertes globales por Covid-19, entre el último día de marzo de 2020 y hasta el 30 de abril de 2021.

Así, determinó que los países con al menos un niño por cada 1000 que experimentaron muertes asociadas con Covid-19 entre los cuidadores principales fueron Perú, Sudáfrica, México, Brasil, Colombia, Irán, Estados Unidos, Argentina y Rusia, con tasas que oscilaron entre 10·2 en Perú a 1·0 en Rusia.

Entre los 21 países incluidos, un millón 217 mil 648 niños quedaron huérfanos o privados de sus abuelos con custodia u otros abuelos convivientes. Las tasas de niños que perdieron cuidadores primarios o secundarios fueron más altas en Perú (14.1 por cada 1000 niños), Sudáfrica (6.4) y México (5.1). Para India, el rápido aumento en las muertes asociadas con la Covid-19 de febrero a abril de 2021, se asoció con un repunte de 8.5 veces en la cantidad de niños huérfanos o que perdieron a sus cuidadores en abril (43,139 niños más que el total de marzo) en comparación con marzo (5,091 niños más que el total de febrero).

Es tiempo en consecuencia de voltear a mirar esta situación grave e inédita en numerosos países del mundo, pero en particular en México. Si la desdeñamos, la factura para las vidas de estos menores y por supuesto para el país podrá ser mucho, infinitamente mayor. Si no, al tiempo.

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@RoCienfuegos1

 

 

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