SINGLADURA | ¿Quo vadis, México?

Por Roberto Cienfuegos J.

¿A dónde va México? nos preguntamos muchos de sus hijos, azorados, incrédulos, escépticos y preocupados sobre lo que está pasando en prácticamente todos los frentes importantes del país

Afable lectora, apreciado lector, esto más que un artículo es una invitación a la reflexión y sobre todo una pregunta sobre cómo están usted y su familia ante un panorama nacional, donde seguimos aferrados a la sobrevivencia en estos días pandémicos y que digo días, ya más de 13 meses, inmersos en un proceso electoral que muchos definen como vital y definitivo, una economía estragada, con una inflación en ascenso, un desempleo que asusta, una inseguridad que aterra y una clase política en general que más que resolver, agudiza los problemas. Para acabarla de amolar, -según decimos- con un gobierno que confronta, divide, descalifica y estigmatiza, pero sobre todo cuyos resultados son magros a todas luces, así se insista en lo contrario.

Y ahora, de ribete, como si nos faltara algo, llegó la tragedia de la Línea 12 del metro capitalino, el peor siniestro en ese sistema de transporte en sus más de 50 años de vida, y cuyas repercusiones aún están por verse, pero que sin duda alcanzarán las elecciones del seis de junio próximo, algo que llevó incluso al presidente López Obrador a exclamar un rotundo “al carajo”, una expresión extrema del Jefe del Ejecutivo federal y que casi seguramente delata el agobio gubernamental tras una secuela de pifias y hechos abrumadores que no hayan cauce en su gestión.

De hecho, se comprobó que la mayoría de las y los pasajeros a bordo del tren fatídico eran personas sencillas, humildes, trabajadores de oficios que se afanaban por conseguir el pan de cada día para ellos y sus familias. Quienes perdieron la vida en ese desgraciado accidente, hasta ahora 26 personas, también seguramente dejaron en el desamparo a muchas otras personas, cuya suerte y destino será a partir de ahora más incierto y de una vulnerabilidad mayor.

¿Quiso el destino, la suerte que terminara así la vida de estas personas, niños entre ellas? ¿Quiso la suerte o el destino que hayan dejado en el desamparo a sus familias? Lo dudo. El percance del metro la noche del lunes tres de mayo, día de la Santa Cruz o los albañiles, pudo evitarse, como prácticamente la enorme mayoría de estos hechos, que sobrevienen por una serie de factores en juego y que se desdeñan por un sinfín de circunstancias, motivos o impulsos, y que -insisto- alentaron la expresión presidencial de “al carajo”.

¿A dónde va México? nos preguntamos muchos de sus hijos, azorados, incrédulos, escépticos y preocupados sobre lo que está pasando en prácticamente todos los frentes importantes del país, y más sobre cuál es el futuro que tenemos y cuál el de nuestros descendientes en caso de tenerlos.

Mientras, nuestro gobierno, que debería concitar a la unidad, al esfuerzo ordenado y colectivo con rumbo y destino, se la pasa despedazando la institucionalidad, una que guste o no, ha llevado años de esfuerzos y consumido ingentes recursos para construirse. Todo porque nuestro presidente encuentra más transformador desaparecer, aniquilar y suprimir que construir, erigir y crear. Retumba entonces “al carajo”.

Véase las graves y serias advertencias en estos días contra instituciones como el Instituto Nacional Electoral, el Instituto Federal de Telecomunicaciones y/o el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, sólo por mencionar algunos bajo la mira exterminadora del Ejecutivo Federal.

El argumento presidencial es la austeridad, cuestan mucho, señala y machaca. Vaya criterio. A ese paso, nos quedaremos en huesos porque resulta que todo en esta vida cuesta. Así que una austeridad como la que está en boga nos saldrá al tiempo más cara porque habrá en algún momento que reconstruir lo que la 4T se está llevando de manera generalizada y sin más justificación que las consideraciones subjetivas, personales y hasta atrabiliarias del señor presidente.

De los muertos y enfermos del Covid-19 pues ya sólo se suman cifras, así esté en marcha un pomposamente llamado Plan Nacional de Vacunación, cuyos calendarios se alargan y cuya cobertura es todavía muy reducida. Pero en el discurso oficial ya se inmunizó a los «viejitos» de 60 años y más, aun haya un déficit de al menos 4 millones de personas inoculadas en este rango de edad.

En el ámbito electoral, las cosas también están que arden, en especial luego de la cancelación de las candidaturas del innombrable al gobierno de Guerrero, cuyas amenazas, insultos e intimidaciones deberían bastar y sobrar para someterlo a un proceso jurídico bajo la presunción de ilícitos previstos por las leyes que se supone aún rigen la convivencia civilizada en este país. En lugar de eso, ahora arriman a “la torita”. Así será.

Pero como el señor, conocido por sus bufidos, es amigo de YSQ, nadie se lanza al ruedo para hacerlo entrar en razón, o al menos exigirle respeto por el país y sus conciudadanos, ya no hablemos de las instituciones. Al menos ha hecho menos ruido la cancelación de la candidatura del señor que pretendía gobernar Michoacán.

El elector, agobiado por la falta de alternativas electorales, transita entre signos de interrogación y de sorpresa cotidiana, si acaso. Se ha ensayado con el PAN tras el largo predominio priista, devenido en putrefacción en las últimas décadas y ahora Morena, una abigarrada mezcla que amenaza con intoxicar al país, en lo que trasunta un hondo drama nacional de ausencia de opciones y liderazgos políticos que beneficia en alto grado a la 4T, aun ya haya desencantado en estos 28 meses de ejercicio en el poder a vastos sectores del país, y cuando se encienden las alarmas por lo que falta de aquí al 2024, o más si se llegara a intentar primero y consumar después lo que nos parece peligroso, contrario a la Constitución y aún inconcebible.

No hay oposición real ni propuestas que entusiasmen o sumen y mucho menos liderazgos confiables. La cartelera de candidatos y aspirantes a los cargos de elección popular, más bien inhibe el voto, el recurso más preciado de cualquier ciudadanía que se precie de llamarse así.

La crisis de México es desde hace ya varios años y aún décadas, de naturaleza política. Las alianzas políticas entre PRI, PAN y PRD se antojan un recurso desesperado y de última hora para contrarrestar el desastre en el que naufraga el país y sobre el que impera Morena, pero especialmente el presidente que sigue como el mandamás, total, autoritario, absoluto, empeñado en gobernar solo, en regocijarse de su poder, y en sus ansias incluso de acumular más todavía y con el respaldo del conocimiento político que tiene del país y sus actores clave, pero también con la podadora de la Unidad de Inteligencia Financiera y el Sistema de Administración Tributaria, listos para cumplir las tareas encomendadas desde Palacio Nacional, asiento real del poder omnímodo en México, en una visión escalofriante y decimonónica que contraviene y aún lastra el futuro que no se ve por ningún lado y que más bien se anticipa ominoso.

En tanto, el país sigue sometido a los vientos de la pandemia, con una economía que podría quedar al término de este sexenio en los números con los que arrancó, en lo que anticipa un sexenio perdido. Sin contar claro los estragos de la pandemia, el desplome del empleo, el ascenso de la criminalidad, el fracaso de la política de abrazos y no balazos, la insuficiencia y aún el letargo de las inversiones en infraestructura médica, la educación en trizas, la infraestructura precaria y la incertidumbre sobre el rumbo. ¿Qué Vadis, México? ¿Por qué así?

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@RoCienfuegos1

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