Elija al mejor Encuestador

Fco AbundisLos estudios demoscópicos —encuestas— han adquirido cada vez mayor protagonismo en la vida política, no sólo con fines meramente electorales sino ya también, y cada vez de manera más sofisticada, en el ejercicio de gobierno, para el que pueden ser valiosos auxiliares si se les sabe utilizar de manera apropiada.

Sin embargo, las encuestas también pueden ser mal utilizadas, como lo demuestran su uso puramente propagandístico o de manipulación de la opinión pública. A este problema debemos sumar el de algunas casas encuestadoras que realizan un trabajo dudoso, por lo que es necesario saber distinguirlas de las que han tenido una trayectoria reconocida y con prestigio.

Sobre esos temas Alcaldes de México conversa con uno de los más destacados encuestadores del país: Francisco Abundis Luna, director asociado de Parametría, quien tiene una experiencia de más de 20 años en la materia, y que además ha sido consultor de gobiernos tanto a nivel Federal como local, y de partidos políticos.

¿Cómo se ha desarrollado la demoscopia en estas dos décadas?

De manera muy positiva. Cuando empezamos a hacer esto, toda la información era del gobierno Federal, era prácticamente monopólica. A partir de 1994-1995, sobre todo con (el periódico) Reforma, comenzó a ser pública.

Un fenómeno interesante es cómo los gobiernos han ido requiriendo información de manera cada vez más descentralizada, ya que antes estaba concentrada sólo en el poder Federal. Los medios de comunicación también han participado en ese fenómeno.

Asimismo, ha habido cierto consenso en la forma de realizar las mediciones. Entre más actores y más gente haya midiendo, se va a hacer mejor, tenemos más calidad y ya no es un tema de información monopólica.

¿Cómo se puede identificar una buena casa encuestadora?

PreguntasAl final se trata de un tema de reputación, de cómo hemos medido en elecciones locales e intermedias, no nada más en presidenciales o de gobernador. Siempre es importante ver cuál es el récord de cada uno de los que están midiendo, especialmente en temas electorales, que es el más evidente.

Siempre es relevante el tema de quién es el investigador responsable. En México no existe un Gallup, que es una institución donde está la reputación institucional que precede a los investigadores. Aquí todavía es una cuestión muy personal, de quién está detrás de cada medición que hacemos: en Demotecnia es María de las Heras, en GEA-ISA es Ricardo de la Peña, en Consulta es Roy Campos, etcétera.

En México hay criterios o posiciones distintas en las mediciones. Hay quien asume, por ejemplo, que trabajar en una campaña o en un gobierno no le permite trabajar para otras entidades. Pero también existe el criterio de que finalmente los datos son neutrales, y que deben ser los mismos en cualquier caso.

Por lo anterior, que no nos comprometan entrando a cuartos de guerra o a trabajar a partir de una estrategia, porque eso puede empezar a sesgar la información. Aquí más bien de lo que se trata es de realizar la medición, independientemente de para quién sea.

MAYOR SOFISTICACIÓN

¿Nuestros políticos saben utilizar las encuestas?

En general, sí. Ha habido un gran aprendizaje de la clase política, ya que ha pasado de entenderlas en términos básicamente electorales, a usos que ya tienen que ver con toma de decisiones y con política pública, pasando por otros intermedios como son el de los medios de comunicación y cómo plantearle los temas a la población.

Ya empezamos a ver casos en los que los políticos están pensando, además de en cómo utilizarlas para su toma de decisiones, en cómo presentar el tema ante la opinión pública, lo que es ya un uso mucho más sofisticado. Hay, incluso, casos de mediciones que tienen que ver con formas de argumentar y persuadir a la población para que acepte un tema, en el entendido de que quien está haciendo la medición y utilizando la información está convencido de su política pública.

¿Qué malos usos se les dan a las encuestas?

Muchos son usos electorales; el más grave es cuando se les utiliza como propaganda lo que se hace frecuentemente. Otro es para legitimar un argumento, para lo que, si se hace bien y de manera genuina, puede ser un gran instrumento; pero si se utiliza y se hace mal, como para simular una consulta, es muy perjudicial.

Yo veo esos dos usos como los más graves: cuando se intenta hacer publicidad —sobre todo electoral— y la consulta simulada. Eso es grave y nos está afectando, además, porque mucha de la información que se publica es parcial, no fue hecha para los medios o refleja cosas que le convienen a la campaña, pero que no es un diagnóstico exacto.

Esos usos desacreditan el método, además de que es como si la campaña o el gobierno se estuviera engañando a sí mismo.

¿Cuáles son los pendientes que aún quedan en la materia?

Quiero ser optimista porque hemos tenido retos en otros momentos, y me parece que, aunque siempre tenemos divisiones en el gremio, por ejemplo las diferencias sobre cómo medir mejor, para fortuna siempre las hemos resuelto con algún tipo de consenso.

Pero sí me preocupa que empiecen a aparecer mediciones que no comparten estos consensos. Por ejemplo, cuando para procesos electorales se reportan mediciones telefónicas o, cuando se hacen en vivienda, en lugar de reproducir lo que es la elección —entregar al elector una boleta para que la tache y la devuelva al entrevistador—, empiezan a manejar números por separado por candidato y partido, lo que es muy confuso para la opinión pública.

Pero donde también hay motivo de preocupación es en el uso de los datos por los medios, porque es un problema que en las inserciones pagadas o en sus páginas interiores publiquen mediciones que contradicen su propia información.

Espero que lo anterior sea útil para la reflexión de alcaldes, gobernadores y responsables de política pública, y que se aclaren un poco más los criterios que tenemos para poder ayudarlos mejor en el ejercicio del poder.

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