Las tareas de los primeros 100 días

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SombraDurante las campañas políticas las promesas de todo tipo son el pan de cada día. Los abrazos, los saludos y las sonrisas acaparan las planas en los diferentes medios de comunicación. También las acusaciones, las descalificaciones y los ataques cobran especial relevancia. Pero al final sólo unos cuantos ganan, y esto ocurre cuando les entregan a los candidatos victoriosos la constancia de mayoría.

Es entonces cuando aquellos que triunfan se enfrentan al duro desafío que implica gobernar; desafortunadamente en ocasiones no están preparados, lo que complica la situación cuando reciben una administración con problemas añejos, con recortes presupuestales, con sindicatos controladores, con vicios de décadas que difícilmente resolverán en tres años.

El inicio de la gestión es un momento clave para la nueva administración, y es cuando el marketing político juega un papel fundamental. Es un periodo que consideramos que va desde los días previos a la toma de posesión hasta fechas posteriores a esta jornada, en general los primeros 100 días de gestión.

Como paso inicial se deben realizar levantamientos muestrales en ciertos lugares, mediante los que se pueda conocer el pulso de la gente. Los problemas sociales que tendrá que atender la nueva administración no siempre son los mismos que se vivieron durante la campaña.

Por ejemplo, actualmente se ha agudizado la crisis económica, reflejada en el desempleo y en la inseguridad relacionada con el robo, y tal vez en campaña esto no fue lo más importante.

Además de lo anterior, existen múltiples variables de los temas coyunturales, tanto nacionales como locales, que pueden ser un punto de quiebre en la toma de decisiones. Con encuestas y grupos de enfoque se puede obtener información muy valiosa al respecto.

RETOMAR LAS PROMESAS

Con las mismas herramientas se deben planear y medir la nueva imagen, la identidad gráfica y auditiva, así como el mensaje central que servirá para identificar a la administración naciente. Son decisiones importantes, ya que cuando se definen esas cuestiones es posible empezar a enviar los primeros mensajes de que hay un nuevo inquilino en el Palacio de Gobierno. Sus colores, su figura, sus actos y la música, todo en conjunto debe distinguirlo, o de lo contrario empezarán comparaciones lamentables.

El nuevo alcalde generalmente se hace preguntas del siguiente tipo: ¿Por dónde empezar?, ¿qué es lo primero que debo hacer? Aquí es donde entra el trabajo del marketing político. Por ejemplo: ¿Cómo debe ser la toma de posesión?, ¿suntuosa, sencilla, que transmita calidez, que se note el músculo político (acarreo incluido)? Cada quien elige su personal manera de gobernar y ése será el sello de toda la administración.

En la ceremonia de toma de posesión todo comunica: el lugar, las personas que acompañen al flamante munícipe, los invitados especiales y la fotografía. Todo es un mensaje en sí.

El gobernante tiene que dejar en claro lo que se hará durante la administración. Es recomendable retomar las promesas de campaña y establecer allí los ejes del plan de gobierno. No es necesario descubrir el hilo negro para saber qué le duele a nuestro municipio, qué requiere nuestra gente, por dónde empezar la gestión.

DIME CON QUIÉN ANDAS …

De esa misma naturaleza es el siguiente paso que ha de dar el nuevo gobernante: la decisión de elegir a quienes lo acompañarán en el trabajo diario. Una persona mal vista o pésimamente calificada por la sociedad puede generar dolores de cabeza y cerrar puertas. Posiciones clave que tengan que ver con la seguridad pública, las finanzas y la infraestructura estarán constantemente en el ojo del huracán, y si estono se valora al momento de elegir, se debilitará el poder de acción del mandatario y de su administración.

Tampoco se puede dejar de lado la incorporación de representantes de los poderes fácticos, el pago de facturas políticas, la generación de nuevas alianzas y la promoción de otros actores importantes que le dan vida al entorno social.

Debemos señalar que, como ocurrió en la campaña, la labor gubernamental también responde a percepciones: “dime con quién andas y te diré qué tan ladrón eres”.

Lo simbólico también entra en escena. Basten como ejemplo los llamados 100 primeros días de gobierno. Esto se debe a que la gente, si bien concede una tregua al inicio de la gestión, no cuenta con mucha paciencia para que quienes lleguen tomen las riendas y se enteren dónde queda el baño y lo que contiene cada cajón del escritorio. Los ciudadanos exigen resultados pronto. Los periodos se cumplen rápido y la siguiente elección está a la vuelta de la esquina.

Un aspecto que todo alcalde o alcaldesa debe atender antes de iniciar, o recién comenzado su periodo, y no necesariamente a las luces de todo mundo, es arreglar todos los “amarres” con personajes locales de importancia. Cuando uno gana, invariablemente el otro sale perdiendo, y en ello van grupos, sectores y gremios. Unos pocos pueden desquiciar a muchos: marchas, cierres y revueltas no son lo más recomendable como válvula de escape para estos grupos.

Así como se satisfacen necesidades y peticiones locales, también hay que localizar a personajes de enlace con los gobiernos estatal y federal. Esto muchas veces depende de los colores que enarbolen la administración propia y las otras; esto es, si nuestro partido también gobierna el país y el estado.

Tampoco debe quedar fuera el trabajo del partido del alcalde. Pareciera que esa institución política sólo existe en época electoral, y posteriormente no se ve mayor trabajo, y es durante la campaña cuando quiere realizar todo lo que no hizo durante la administración. Más vale que el trabajo sea conjunto y continuo, ya que así los resultados serán más rentables.

Asimismo, hay que tener funcionarios en continuo movimiento, sacarlos del escritorio y llevarlos a la calle. Aunque no se pavimenten calles ni se tapen baches, parecerá que esto se está haciendo y que los trabajadores están por todos lados. Entonces se dirá que el alcalde sí tiene laborando a los empleados del ayuntamiento.

Lo que también vale la pena subrayar es que a toda costa debe evitarse confundir la percepción con la simulación. Si a las actividades descritas arriba le sumamos la intervención de los medios de comunicación, éstos, en lugar de hablar sobre lo bien que se está trabajando, harán eco de malas noticias y dirán que efectivamente hay gente en las calles, pero que no se hace nada. Esto también es reflejo del gobernante y la opinión pública es volátil y siempre contundente; los números no mienten.

En suma, el marketing político juega un papel fundamental en el pulso y ánimo de la opinión pública. El gobierno debe entrar a lo que conocemos como campaña permanente, y no sólo de proselitismo, sino de comunicación constante con sus gobernados.

Cada esfuerzo se enfoca en un fin, y si nos queda claro que las funciones estratégicas más importantes de todo gobierno son hacer y comunicar, tendremos más y mejores herramientas para gobernar.

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