Psicoanálisis del gasto federalizado

Para Jaques Lacan, los tres órdenes del psicoanálisis (simbólico, imaginario y real) son registros de lo psíquico que juntos hacen posible el enfoque y análisis de una entidad o proceso. Definitivamente, Lacan no pensaba en finanzas públicas cuando redactaba su teoría de las “matemas”, pero el ejercicio analítico de aplicación de la teoría de los tres órdenes resulta bastante interesante.

El federalismo fiscal mexicano tiene estos tres órdenes o registros de lo psíquico. Lo imaginario se encuentra en los recursos etiquetados del Ramo 33 y los recursos no etiquetados del Ramo 28, sin abordar claramente los muy importantes Convenios de Descentralización, Convenios de Reasignación, los Subsidios y el Ramo 23 al que personalmente no le he encontrado objeto o sustento fiscal más que político.

Asimismo, pensar que el federalismo fiscal se reduce a lo Ramos 33 y 28, toda vez que la determinación de los recursos por Ramo 23 y Convenios de Descentralización y Reasignación son casi discrecionales. Cuando hablamos de Federalismo Fiscal no pensamos necesariamente en los acuerdos políticos por los cuales se maneja el Ramo 23 o los Convenios de Descentralización. La Auditoría Superior de la Federación habla de 96 programas presupuestarios del gasto federalizado. En un artículo anterior yo exponía 90 programas que presentan duplicidad, triplicidad, tetraplicidad y, no sabría expresar, cuando nueve programas tienen los mismo propósitos.

Lo simbólico está en los Fondos de Aportaciones Federales a Entidades Federativas y Municipios del Ramo 33, toda vez que se consideran recursos etiquetados; no obstante, tienen cinco u ocho etiquetas cada uno con varios objetos y propósitos que no hacen clara ni su determinación, ni su operación. Tienen objetos tan disímiles como encontrados, ya que pueden servir para infraestructura, el fortalecimiento de las finanzas públicas, agua, aguas residuales o pago de pensiones. Por otra parte, su tratamiento es de programa presupuestario, cuando estos fondos son eso, fondos.

Lo real en México es en lo que ocupan los estados y municipios los recursos del gasto federalizado. No es “cómo vamos a gastar los recursos del gasto federalizado”, sino “cómo vamos a comprobar su operación”. Tenemos en los registros trimestrales proyectos de gasto de inversión o financiamiento de programas validados por entidades federativas que se gastan en objetos, propósitos y fines muy alejados a los indicados en la Ley de Coordinación Fiscal, los lineamientos generales y otra normatividad. Tenemos así proyectos registrados en las categorías Deporte, Arte y Cultura, Comunicaciones y el preferido por todos “Otros Proyectos”, una categoría sin categoría. Existen iniciativas de atracción turística que las entidades y municipios quieren registrar como “Saneamiento Financiero.”

El federalismo fiscal mexicano requiere una revisión y reconceptualización urgente: la eliminación de programas duplicados y triplicados. En este cambio de administración, estamos ante una gran oportunidad para aportar certidumbre a los recursos del gasto descentralizado. No digo que se debe aumentar el gasto federalizado, de ninguna forma; pero debemos hacerlo más eficiente. Esta certidumbre requiere replantearnos las fórmulas de determinación, los objetos posibles para la operación de los recursos, la desaparición de los componentes políticos en los convenios de reasignación y descentralización, la fiscalización y auditoría total del Ramo 23 antes de plantearnos un tratamiento de posible psicosis.

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