¿Cómo impulsar el desarrollo local a través de las finanzas públicas municipales?

por | Nov 12, 2025 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Me gusta pensar que las finanzas públicas son como las finanzas personales. Una persona trabaja, gana dinero y lo gasta tratando de llegar a fin de mes con la mejor calidad de vida posible. A veces hay imprevistos: el coche se descompone, el techo gotea o llega un gasto inesperado. Entonces toca pedir prestado, quedar a deber o empeñar algo para salir del apuro.

Las finanzas de los gobiernos locales no son tan distintas. En palabras simples (sin tecnicismos), los municipios también deben equilibrar ingresos, gastos y deuda.

Los ingresos son todo el dinero que el municipio recibirá en el año. Vienen de dos fuentes principales:

  1. Lo que recauda directamente, como impuestos, derechos o servicios.
  2. Lo que recibe del gobierno federal, a través del llamado gasto federalizado (ramo 28 y ramo 33).

Los gastos, por su parte, son los pagos que el gobierno realiza durante el año. Se dividen en dos grandes tipos: gasto corriente y gasto de capital.

Foto: Archivo.

El gasto corriente es lo que se necesita para mantener el gobierno en marcha: sueldos, gasolina para patrullas, pago de luz y teléfono, limpieza de oficinas o mantenimiento de parques. Es lo mismo que en casa cuando pagamos la renta, la despensa o el plan del celular. Son gastos inevitables: mantienen el patrimonio, pero no lo hacen crecer.

El gasto de capital, en cambio, sí genera crecimiento. Son inversiones que aumentan el patrimonio público: construir una calle, instalar alumbrado, ampliar la red de agua o comprar equipo para los bomberos. También incluye capacitar a los funcionarios o adquirir tecnología para mejorar los servicios.

Si lo pensamos en términos personales, estudiar una maestría o aprender un oficio puede ser caro, pero a la larga mejora nuestras oportunidades. Así también, el gasto de capital es la inversión que impulsa el desarrollo local.

En economía se distingue entre riqueza (acumular bienes) y capital (invertir para generar valor). Y, aunque suene curioso, la parábola de los talentos que aparece en la Biblia ilustra muy bien esta idea: tres personas reciben talentos; una los gasta, otra los guarda y una tercera los invierte.

  • De los tres personajes, el primero que gasta todo se queda sin nada. Es como el gobierno que derrocha en camionetas nuevas, fiestas o publicidad. Pésimo.
  • El segundo entierra sus talentos: mantiene lo que tiene, pero no lo hace rendir. Es el municipio que dedica todo su dinero al gasto corriente. Paga sueldos, gasolina o luz, pero sin mejorar los servicios ni impulsar nuevas políticas. Mediocre.
  • El tercero invierte sus talentos y obtiene ganancias. Ese es el gobierno que destina más recursos a gasto de capital, que capacita a su personal, mejora sus sistemas de recaudación y aumenta la producción y provisión de los servicios públicos e invierte en infraestructura. Excelente.

La deuda pública merece una mención aparte. Durante años se usó mal: algunos gobiernos comprometieron los recursos del futuro para beneficio propio. Pero endeudarse no es malo en sí mismo si se hace con responsabilidad, con un plan de pago claro y con proyectos que generen beneficios duraderos. Una deuda bien utilizada puede ser una herramienta de desarrollo.

¿Cómo saber si mi municipio gasta bien?

Podemos hacernos dos preguntas sencillas:

¿Mis ingresos son mayores que mis gastos?

  • Si termino endeudado cada año: pésimo.
  • Si cierro en ceros: mediocre.
  • Si logro ahorrar o invertir el excedente: excelente.

¿En qué se va mi gasto?

  • Si el capítulo 1000 (sueldos) creció demasiado por nuevos puestos innecesarios: pésimo.
  • Si casi todo se destina a gasto corriente: mediocre.
  • Si un 30 % o más se destina a infraestructura, capacitación y tecnología: excelente.

El desarrollo local no se construye con discursos, sino con presupuestos que invierten en el futuro. Cada peso público debería pensarse como un talento: si lo gastamos sin cuidado, se pierde; si lo enterramos, se estanca; pero si lo invertimos con visión, multiplica el bienestar, el empleo e impulsa verdaderamente el desarrollo local.

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Juan Martínez

El autor es Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de San Luis, Maestro en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas y Antropólogo Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Tiene experiencia en evaluación de Fondos del Ramo 33 y Federalismo Fiscal. Profesor Investigador de El Colegio Mexiquense, A.C.  

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