
José Alberto Márquez Salazar
La jefa de Gobierno de la Ciudad de México se retractó de la sugerencia para acordar, con los medios de comunicación, bajarle “a la nota roja”. Al señalar que “ni pactos de silencio ni censura”, convocó a discutir “la ética periodística y la relación entre los medios de comunicación y el gobierno” y debatir, entre especialistas, académicos y organismos de la sociedad civil, el impacto social de aquellos.
¿Por qué el poder político le sugiere a los medios de comunicación repensarse y no las audiencias?
Al describir al “socialismo real”, Czeslaw Milosz escribió “En la esfera literaria, prohíbe lo que en todas las épocas ha sido tarea fundamental del escritor, o sea, contemplar el mundo desde su propio punto de vista independiente, decir lo que considera que es la verdad, manteniéndose así como centinela y guardián en bien de la sociedad entera” (El pensamiento cautivo, 1981).
La relación entre el poder y la escritura la difusión del pensamiento (en sus múltiples modalidades) es y será difícil.

Foto: Gobierno de la CDMX.
De acuerdo al programa 41 del curso de “Formación cívica y ética” de la nueva escuela mexicana, la función social de la radio y televisión es “contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana… procurarán afirmar el respeto a los principios de la moral social, de la dignidad humana y los vínculos familiares, evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez o juventud … fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional, la amistad y cooperación internacional…” (Función social de los medios de comunicación – Nueva Escuela Mexicana Digital).
“…moral social…unidad nacional…”
De acuerdo con la mayoría de los manuales de periodismo, los medios de comunicación tiene objetivos o funciones claras y, casi, indiscutibles: informar, crear conciencia, educar y entretener.
La difusión de la información, basada en datos verificables, es la esencia del periodismo y, evidentemente, se práctica con el matiz que cada medio o periodista le imprime, basado en su tendencia política, ética, filosófica… y en los intereses que tienen. El periodismo no es objetivo, pero tiene bases para validarlo y hacerlo creíble.
El ejercicio del periodismo requiere de un código de ética, el respaldo de fuentes fidedignas y el principio de la libertad. Ésta que siempre vaga por una línea delgada de contradicción: ¿Dónde es su límite?
Es cierto, especialmente en los medios electrónicos y digitales, el ejercicio del periodismo lo realizan decenas de personas que olvidan esos tres elementos. La velocidad a la que se genera información y la necesidad de tener exclusivas olvida el respaldo de las fuentes, la información y datos fidedignos.
Hace menos de dos décadas, diversos pensadores afirmaron que el problema del presente no es la vía a los datos o información sino la forma en que se analizan y se piensan. El reto es pensar y reflexionar los datos e información verificables para su difusión.
En México, decenas de profesionales de los medios de comunicación se convirtieron en propagandistas o militantes dejando atrás el compromiso de informar. La reflexión dejó paso a la propaganda; la información es una arma política no una responsabilidad con las audiencias.
Estamos envueltos, especialmente en redes sociales, en una maraña de datos e información que sin analizar se reproduce; no se piensa, se promueve. La polaridad política nos trajo a la polaridad “informativa”.
¿Quién debe reflexionar sobre los medios de comunicación y su responsabilidad ante las audiencias? ¿El poder político debe convocar a pensar en “la función social” de los medios de comunicación?
Un periodismo alejado de los medios fácticos siempre será mejor, pero vivimos en los tiempos donde la responsabilidad queda atrás frente a la ganancia.
Sí, en México los periodistas militantes utilizan hasta un salón de belleza para desacreditar a gobiernos, movimientos, partidos y figuras políticas. Pero la Jefa de Gobierno no debe olvidar que el “San Benito” de corrupción que carga parte de la oposición fue promovido por el Movimiento de Regeneración Nacional y su fundador.
No hace mucho, la entrevista de la escritora Sabrina Berman a Eduardo Verástegui fue “censurada” por uno de los canales institucionales del gobierno de la República. Las explicaciones fueron múltiples, ninguna creíble.
La jefa de Gobierno acierta en el sentido de que los medios de comunicación generan percepciones diferentes a las realidades de la seguridad pública; lo mismo podemos argumentar de las encuestas que le dan una aprobación mayor al 60 %.
El mensaje y los mensajeros no son los responsables, es la realidad. En materia de seguridad pública son los funcionarios públicos los encargados de generar territorialmente, con datos precisos y una estrategia adecuada, los aciertos de sus acciones (si los hay).
Las declaraciones de Clara Brugada se suman a las intenciones de la gobernadora de Campeche y de otros gobernantes para incidir en el ejercicio del periodismo y eso, jefa de Gobierno, es una percepción que ya está en la mesa pública.
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