Durante años, las albercas de las Unidades Deportivas municipales de Tijuana sufrieron cierres y fallas de infraestructura que impidieron su funcionamiento constante. Hoy, ese escenario empieza a cambiar.
Fotos: Cortesía del XXV Ayuntamiento de Tijuana.
Después de no operar por más de 4 años, seis espacios acuáticos administrados por el Gobierno de Tijuana se encuentran en funcionamiento, ampliando las alternativas para practicar natación y realizar actividad física en distintos puntos de la ciudad.
Para lograr este acontecimiento, seis albercas municipales se encuentran actualmente en funcionamiento simultáneo, un hecho que no se registraba desde hace más de cuatro años y que representa uno de los principales avances recientes en la recuperación de la infraestructura deportiva de la ciudad.
La operación conjunta se concentra en cuatro unidades deportivas: la alberca olímpica y la alberca semiolímpica de la Unidad Deportiva Tijuana; la alberca semiolímpica de la Unidad Deportiva del Bosque; el chapoteadero y la alberca semiolímpica de la Unidad Deportiva Reforma, y la alberca semiolímpica de la Unidad Deportiva CREA.
Más que poner nuevamente en servicio instalaciones deportivas, la recuperación de estos espacios significa devolver a las familias, alternativas cercanas para mantenerse activas, aprender a nadar, entrenar o simplemente encontrar en el deporte una opción de convivencia y bienestar.

La recuperación de las albercas forma parte del trabajo que realiza el XXV Ayuntamiento de Tijuana, a través del Instituto Municipal del Deporte, para atender de manera progresiva las necesidades de las Unidades. Para este proceso se destinó una inversión de 1 millón 500 mil pesos, enfocada en trabajos de rehabilitación y mantenimiento de instalaciones acuáticas que requerían distintas intervenciones para volver a operar en condiciones adecuadas.
Cada espacio presentaba necesidades particulares. Por ello, los trabajos no fueron iguales en todas las instalaciones y se concentraron principalmente en aquellas que requerían atención para recuperar su funcionamiento.
El resultado es una infraestructura acuática que hoy ofrece mayores posibilidades para la práctica deportiva en diferentes zonas de Tijuana, evitando que la disponibilidad de estos espacios dependa de que una sola instalación se encuentre en condiciones de recibir a los usuarios.
Una alberca municipal no es solamente un espacio destinado al entrenamiento de atletas. También puede convertirse en el primer acercamiento de una niña o un niño con la natación, en un lugar para que jóvenes desarrollen una disciplina deportiva o en una alternativa para que, personas adultas incorporen actividad física a su rutina.
La recuperación beneficia a usuarios de distintas edades y permite que las Unidades Deportivas vuelvan a cumplir una función fundamental dentro de las comunidades: ofrecer instalaciones donde la ciudadanía pueda practicar deporte sin tener que trasladarse necesariamente a espacios privados.

En este contexto, que seis albercas se encuentren operando al mismo tiempo adquiere una relevancia que va más allá de una cifra. Se trata de recuperar capacidad instalada y aprovechar infraestructura pública que durante años no había podido mantenerse en funcionamiento simultáneo.
Cabe resaltar que, la puesta en operación de las albercas no representa el punto final del proceso; el mantenimiento de una Unidad Deportiva requiere atención permanente y una programación de trabajos que permita resolver, de manera gradual, las necesidades que existen en cada espacio.
Hoy, seis albercas vuelven a operar de manera simultánea en Tijuana; el reto siguiente será mantenerlas en buenas condiciones y continuar recuperando el resto de la infraestructura deportiva municipal.
Entre las próximas acciones contempladas por el Gobierno Municipal, se encuentra la rehabilitación de los baños públicos de aquellas Unidades que requieren intervención, con el propósito de mejorar las condiciones de servicio para quienes utilizan diariamente las instalaciones.
También se contempla atender el pasto sintético de las canchas de fútbol rápido que presentan mayores necesidades de mantenimiento, fortaleciendo la infraestructura disponible para esta disciplina. La estrategia parte de una premisa sencilla: recuperar los espacios existentes, mantenerlos funcionales y avanzar progresivamente en las áreas que todavía requieren atención.
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