Comunicar mal y de malas

Por Felipe Reyes Barragán

Será necesario cambiar el discurso, aplicar la fuerza del Estado que no es más que la aplicación de las leyes y, entonces sí, esta crisis podrá estar encaminada a su contención y control.

Hace un par de días fuimos testigos de los lamentables acontecimientos sucedidos en Culiacán Sinaloa y que terminaron por  cerrar una semana negra en el tema de la seguridad y las fuerzas del estado con lo que paso también en Aguililla y en Guerrero.

Como lo habíamos escrito  en este mismo espacio, el gobierno debe estar preparado, con protocolos y procedimientos para salir adelante en sucesos como los arriba citados, recordemos que los vacíos de comunicación no quedan así, algo o alguien más los llenará y no necesariamente de la mejor manera.

Por supuesto que ningún equipo de comunicación o gestión de crisis puede anticipar hechos precisos, pero sí prever qué situaciones como la integridad, atentados o hechos que pongan en riesgo a la población, desde la arista de los grupos delictivos, sucedan, y más en un país como México.

El caso de Culiacán es, tristemente, un ejemplo de lo que no debe hacerse, y no solo por lo que implica, sino por las consecuencias en haber guardado silencio o no prestar atención  a sucesos que rápidamente en redes sociales fueron divulgados con una rapidez que contrasta, con la reacción de las autoridades y que hoy, días después, sigue causando molestia en sectores de la sociedad, pero sobre todo, pone en duda las estrategias de seguridad y sobre todo, la fuerza del estado para enfrentar y afrontar a los grupos delictivos.

El primer error visible fue la tardanza en reaccionar  y en dar declaraciones a  los medios y al público, no solo de  Culiacán, sino del país. Pasaron más de  5 horas para que el gabinete de seguridad saliera a los medios, en un espacio físico  que en nada ayudó a dar una imagen de fortaleza y poder, sino de improvisación, a decir, en una primera declaración, que los hechos fueron fortuitos, derivados de un ataque a un convoy y que más tarde, al darse cuenta de lo que paso, se suspendieron las acciones. Hoy sabemos ya qué pasó, pero en ese momento, usar un concepto ambiguo como “suspender”  encendió más el ambiente y dirigió la narrativa a supuestos y también a fake news. El consejo siempre será, sal y di con claridad lo que sabes y si no sabes, di que estas  por confirmar la información, mantén al público informado.

El segundo error es dar declaraciones a un medio y a los demás, dejarlos con la primera versión. En nada abona discriminar medios y notas, al menos, no en este momento. Para ese entonces se sabía, de forma extraoficial que el hijo de Chapo había sido soltado y esto  no fue mencionado en la audiencia que se dio en la noche.

El tercer error, del presidente, fue no haber dado un interés mayor al tema, y pudo haber sido tan sencillo como primero, tener TODA la información,  ser cuidadoso con sus palabras y gestos, parecía por momentos molesto o hasta indiferente al miedo que vivió la población de aquella ciudad sinaloense.

El no poner en el centro de la comunicación la preocupación de la población en un primer momento puede ser contraproducente, nunca hubo una declaración de control ni tampoco se vio, al menos en medios, una reacción de las autoridades, todo esto pasó hasta  la noche siguiente cuando enviaron refuerzos, sí, 24 horas después.

El cuarto error y es preocupante, es centrar el tema en el pasado y en lo que se hizo y dejo de hacer, en concreto, en referencia al sexenio de Calderón, aunque misteriosamente el periodo de EPN, que también tuvo un aumento en los caídos y que no tuvo grandes acciones, ni siquiera es mencionado en la discursiva usada en la mañanera y en las declaraciones posteriores.

Por último, el uso de dilemas éticos en cuanto a la justificación de la liberación del hijo del Chapo tiene sus aristas, por supuesto, no queremos más muertos, pero aunque se dice que el haberlo soltado evitó 200 muertos, lo cierto es que este grupo seguirá  operando, seguirá secuestrando, seguirá cobrando derecho de piso y, sobre todo, las muertes seguirán, ya sea de grupos rivales o de civiles que se vean  en medio de enfrentamientos, es decir, el grupo seguirá operando y quizás, con mayor poder, al saber que tiene una estrategia para controlar al gobierno.

Una crisis se controla cuando el suceso ha pasado o ha perdido poder potencial de destrucción, en este caso, ni lo uno ni lo otro, será necesario cambiar el discurso, aplicar la fuerza del Estado que no es más que la aplicación de las leyes y, entonces sí, esta crisis podrá estar encaminada a su contención y control.

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