Financiamiento para la movilidad urbana sustentable

Por: Gustavo Jiménez

Los gobiernos estatales y municipales deben evaluar sus capacidades internas para poder emprender una planificación, ejecución efectiva y gestión de proyectos infraestructura para fomentar la movilidad urbana sustentable.

México tiene una gran necesidad de infraestructura de transporte sustentable, es decir trenes suburbanos, metros, buses de tránsito rápido, trolebuses, e infraestructura ciclista y peatonal. En los últimos años, México ha invertido la gran mayoría de su presupuesto público en transporte de infraestructura vial. Según un estudio de la SEDATU, en el sexenio pasado el 81% del gasto público federal se destinó a proyectos de infraestructura vial. La infraestructura vial, sin lugar a dudas, es clave para conectar a las ciudades y fomentar el desarrollo, pero falta mucha más inversión, tanto pública como privada, paras los sistemas de transporte masivo en ciudades mexicanas. México necesita crecer hacia una movilidad sustentable, para que no sea necesario usar el automóvil para satisfacer viajes cotidianos, con esto se logra reducir el uso de combustibles fósiles y se evita el uso incontrolado del espacio urbano por la infraestructura vehicular.

Para fomentar un desarrollo sustentable se requiere planear e invertir en sistemas de transporte estructurado, donde grandes cantidades de personas se puedan mover de manera eficiente y segura en las ciudades. Para ciudades de más de 500,000 habitantes no es descabellado pensar en sistemas integrados de transporte público, muchas ciudades europeas de este tamaño cuentan con infraestructura de transporte público de calidad, inclusivo con trenes y/o tranvías. Ciudades conectadas y compactas reducen el consumo de energía y, por ende, se vuelven más costo-eficientes y limpias a largo plazo. Invertir en transporte público de calidad es desarrollar un futuro urbano sostenible.

En casi todo el mundo, los proyectos de transporte público son difíciles de realizar, no sólo porque los montos de inversión son muy elevados, sino también porque estos proyectos vienen con una gran carga política, haciendo estos proyectos vulnerables frente a los inevitables cambios en prioridades en los gobiernos locales, estatales y federales. No obstante, es posible llevar proyectos de transporte masivo a buen puerto de una manera eficaz. Desde el 2008, el gobierno federal creó el Programa de Apoyo al Transporte Masivo (Protram) con el objetivo de apoyar el desarrollo de sistemas de transporte masivo en ciudades mexicanas, aunque este programa ha sido un icono para fomentar la movilidad sustentable en México y ha promovido la implementación de muchos BRTs y Trenes, tiene sus áreas de oportunidad para poder apoyar diversos proyectos de infraestructura no motorizada y así detonar una verdadera transformación en el sector transporte.

Acceder a los fondos del Protram depende del cumplimiento de ciertos criterios de selección: a) proyecto enmarcado en un programa de desarrollo urbano y/o movilidad y transporte; b) contar con estudios de factibilidad que demuestren la rentabilidad social, técnica y ambiental, así como el marco normativo adecuado para el proyecto; c) contar con la estructuración jurídica y financiera que permita la ejecución del proyecto; d) pasar por el procedimiento de registro en la cartera de la Unidad de Inversiones de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Las ciudades mexicanas necesitan cada día más y mejor infraestructura, pero muchas ciudades y estados tienen dificultad no sólo en estructurar proyectos bancables, si no también en conseguir el financiamiento necesario para hacer de estos proyectos una realidad. Es posible conseguir financiamiento público y/o privado para proyectos de infraestructura, pero la falta de coordinación entre los sujetos de crédito, ya sea el propio estado o los inversionistas privados, genera incertidumbre para las bancas nacionales y multilaterales. Es por eso que es necesario estudiar nuevos mecanismos de financiamiento para la infraestructura sustentable. No tener un buen análisis costo-beneficio, un buen modelo financiero, o identificar correctamente los mecanismos de subsidio para la operación, generan barreras importantes para lograr la realización de proyectos de transporte sustentables exitosos.

En los últimos 20 años la ciudad de México construyó únicamente 15 kilómetros de metro, que es mucho menos de lo que necesita una ciudad que aumento casi por un millón de personas y más de tres millones en la zona metropolitana en el mismo plazo. Muchas ciudades mexicanas tienen tasas de crecimiento poblacional y vehicular insostenibles, y lamentablemente se vuelven más dependientes a los combustibles fósiles. Es por ello que, como país, se necesita invertir en sistemas de transporte público masivo de alta calidad.

En el sentido más amplio, la infraestructura puede ser financiada por los ingresos del país, del estado, o de los municipios, a través de la adquisición de deuda, o apalancándose con el sector privado en varias formas de asociaciones publico privadas (APP). Hay casos exitosos donde se generan bonos locales o estatales para conseguir el financiamiento de proyectos de infraestructura, como fue el caso del condado de Los Ángeles, en California, que, a través de subir un impuesto tipo IVA, en un 0.5% consiguió generar un bono para financiar los más de 35 kilómetros adicionales de metros y trenes.

Los mecanismos tradicionales para financiar infraestructura de transporte son en tres vertientes: 1) Ser financiados por el sector privado, 2) Ser financiados por el sector público, y 3) Ser financiados por bancas multilaterales, como son el Banco Mundial, la Banca de Desarrollo Alemana (KfW), el Banco Interamericano (BID), entre otros.

En el caso de financiamiento por el sector privado, los estados puede adquirir prestamos de bancos privados, generar bonos (también bonos verdes con menores tasas de interés), promover asociaciones publico privadas, buscar la privatización de los sistemas de transporte (dando títulos de concesión), usando fondos de inversión para la infraestructura (con deuda y capital), usando garantías con NAFIN para la mitigación del riesgo de la inversión privada, y más recientemente usando el crowdfunding, que es levantar un porcentaje del capital por muchos individuos y organizaciones.

En el caso de financiamiento por el sector público, existen mecanismos tradicionales como buscar inversión no recuperable del estado – como los apoyos del Protram o del Fondo Metropolitano, pagar la infraestructura con impuestos locales y estatales, también se pueden conseguir créditos públicos de BANOBRAS u otras instituciones financieras del estado. De igual forma, hay maneras de buscar que proyectos de transporte tengan excepciones en impuestos, como sería el caso de exportar trenes o buses de alta tecnología (como buses eléctricos) dispensando el impuesto de exportación y arancel.

En el caso de buscar financiamiento de bancas multilaterales, se pueden conseguir prestamos concesionales, buscar facilidades de financiamiento para desarrollar mecanismos de financiamiento público (por ejemplo, algunos bancos multilaterales apoyan a los estados a desarrollar bonos verdes). Adicionalmente, se encuentran disponibles fondos verdes como es el caso del Green Climate Fund (Fondo del clima verde, o GCF) que pueden apalancarse de los préstamos que otorgan las bancas multilaterales. Existe el financiamiento de carbono y comercio de emisiones, también hay agencias de crédito a la exportación (generalmente a través de deuda). Es importante considerar que las bancas multilaterales proveen deuda a tasas de interés más bajas que las bancas comerciales, de igual forma las bancas multilaterales tiene mecanismos para ofertar deuda al sector privado para el desarrollo de infraestructura pública si un título de concesión está de por medio.

A menudo hay mucha confusión acerca del fondeo y el financiamiento de infraestructura, es importante considerar que mientras la financiación se refiere a la obtención y estructuración del dinero necesario para construir la infraestructura, el fondeo se refiere a determinar cómo se pagará la deuda (o el financiamiento adquirido). Las deudas se pagan no sólo con los flujos de efectivo actuales de los sistemas de transporte, si no a través de todos los mecanismos de recaudo a disposición del estado.  El desarrollo de un buen modelo de financiamiento no termina en conseguir el dinero para construir la obra, sino también incluye determinar cómo se obtendrá el dinero necesario para operar y administrar la infraestructura de transporte a lo largo de los años. Es por esto que los gobiernos estatales y municipales deben evaluar sus capacidades internas para poder emprender una planificación, ejecución efectiva y gestión de proyectos infraestructura para fomentar la movilidad urbana sustentable. El dinero está disponible en muchas bancas, sólo falta armar buenos proyectos de transporte masivo, para que la inversión que se destine tenga la apropiada rentabilidad social, económica y financiera.

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