Informe sobre el informe de AMLO

Por Felipe Reyes Barragán

El informe dado el domingo 1 de septiembre no es, legalmente, un informe, vaya confusión, aunque  recibe un trato como si lo fuera, desde la perspectiva que contempla la Ley  General de Comunicación Social

El 1 de septiembre presenciamos el primer informe de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, que desde el Palacio Nacional y ante unos 400 invitados, dio un  resumen de lo hecho en los 9 meses previos.

En esta ocasión analizaremos algunos detalles de la normatividad, del ceremonial y del protocolo y de cómo inciden en la percepción general de este ejercicio de comunicación.

¿Fue o no fue un primer informe?

La ley establece, en el artículo 69 de la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos que en la apertura de Sesiones Ordinarias del Primer Periodo de cada año de ejercicio del Congreso, el Presidente de la República presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país. Si bien el presidente no acudió en persona, hizo entrega, por la tarde, del documento por medio de la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero, hecho que sucedió a las 17:00 horas, después del “informe” que dio el presidente a a las 11:00.

Hasta este punto, la ceremonia no puede ser considerada como un informe “oficial” y parte de esta confusión también tiene que ver con el uso de la banda presidencial. En la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional, en el artículo 35 mencionan que el Presidente de la República portará la Banda Presidencial en las ceremonias oficiales de mayor solemnidad, pero tendrá obligación de llevarla:

II.- Al rendir anualmente su informe ante el Congreso de la Unión;

Sin embargo, esto no se cumple, pues el artículo 69 en su reforma no menciona que el informe debe ser presencial, por lo que sería necesaria una adecuación a la ley sobre el escudo para que no haya ambigüedades.

Por lo tanto, el informe dado el domingo 1 de septiembre no es, legalmente, un informe, vaya confusión, aunque  recibe un trato como si lo fuera, desde la perspectiva que contempla la Ley  General de Comunicación Social, que en su artículo 14  dice “El informe anual de labores o gestión de los Servidores Públicos, así como los mensajes que para darlos a conocer que se difundan en canales de televisión y estaciones de radio, no serán considerados como Comunicación Social, siempre que la difusión se limite a una vez al año con cobertura geográfica regional correspondiente al ámbito de responsabilidad del servidor público y no exceda de los 7 días anteriores y 5 posteriores a la fecha en que se rinda el informe.”

¿Primer tercer informe, o tercer primer informe?

Interesante ver las reacciones que tuvo el hecho de que la mampara del evento o ciclorama dijera tercer informe de gobierno y no primero, como se manejó en la publicidad, en las redes sociales, bueno, hasta en la pasta del  informe entregado dice “primero”. En este caso, no se trata de una confusión u olvido, es, más bien, la continuidad que el Gobierno Federal quiere hacer de sus informes trimestrales que ha dado en 2 ocasiones previas como lo menciona César Yáñez, coordinador general de Política y Gobierno en la Presidencia de México, quien entrevista  con ADN40 menciona “No solo es un asunto anual sino cada tres meses. La idea es que haya informes cada tres meses de cómo vamos (…) informará cada tres meses, obvio al Congreso de la Unión entregará un primer informe año con año, se hará esa labor, pero independientemente de ese informe regular que por ley tiene que hacerse, el presidente estará informando cada tres meses».

Por lo tanto, si sigue esa dinámica, es posible que tengamos hasta 24 “informes” en el sexenio.

Ceremonial y protocolo.

En este punto pudimos observar que el informe no informe fue presentado en un espacio acotado, para invitados del primer círculo, donde llamó la atención la presencia de mandos militares así como de la familia en primera fila.

Al hacerlo en Palacio Nacional, el Presidente no se expuso a interrupciones de la oposición, es decir, tuvo un evento a modo, sin embargo, es de resaltar que al comenzar el evento, había al menos unas 2 filas vacías, que se fueron llenando en el transcurrir del acto, pero que no se llenó al  100%.

El discurso y el tono usado fue el mismo al que el Presidente López Obrador uso en su toma de protesta, es decir, sin el abuso de improvisaciones, con un orden y secuencia,  además, su voz fue no tuvo las pausas que en otras ocasiones y aunque fue un ejercicio de 1 hora y 40 minutos, no fue pesado. Fue, además, una narrativa como ya la conocemos, más emocional que racional,  que ha sido la base de la comunicación de esta presidencia, por lo tanto, no hubo sorpresas.

En cuanto a los detalles y elementos accesorios, fue un evento mesurado, sin excesos, fue en todo caso, austero y sencillo, con un ciclorama, un atril con el escudo oficial y unas banderas que en montaje simétrico y espejeado, flanqueaban desde los palcos de Palacio Nacional. Lo que sí “pego” un poco fue que el sol fue bajando y pegaba directo en la audiencia, pero no repercutió en mayor grado.

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Para finalizar, podemos decir que el formato del día del presidente ha cambiado, y se mantendrá en esta misma tónica, donde quizás no necesite más tiempo  o adecuaciones, con las mañaneras el Presidente informa cada día con un mayor alcance. Quizás sea adecuado cambiar el nombre de informe, para no caer en ambigüedades y llamarle reporte a la nación, o estado de la nación y así, dar el formalismo a los diferentes formatos y ejercicios oficiales de comunicación social y política.

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