Las lluvias, la historia y las grandes obras: el inicio del canal del desagüe

por | Ago 29, 2025 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Gobernada por el Virrey Martin Enríquez, la Ciudad de México sufrió una nueva inundación en el año de 1580 porque las lagunas se salieron de su cauce madre. El regidor Ruíz González propuso abrir por Nochistongo una galería que tenía como método el desagüe del agua del río de Cuautitlán y en las inmediaciones de Huehuetoca se construiría un canal abierto por donde desaguarían los ríos y los excedentes que llegaran de la lluvia.

Sin embargo, como le escribió Juan F. Gemelli Carrera, en su visita a la Nueva España durante el siglo XVIII: “Habiendo acaecido en el año de 1580 otra grande inundación, mandó el virrey don Martin Enríquez buscar un modo de desaguar toda la laguna, y se creyó a propósito abrir el canal de Huehuetoca para entrar las aguas en el río de Tula más no se comenzó la obra”.

Hasta la época virreinal, escribió Diego G. López Rosado, se pueden apreciar tres etapas en la empresa para evitar inundaciones en la Ciudad de México:

“1º. El dique, en el siglo XV y primera mitad del XVI.

2º. El desagüe directo, durante los siglos XVII, y

30. Proyectos varios y continuación del proyecto de Enrico Martínez, durante el siglo XVIII”.

Seguramente quien visita la Ciudad de México y pasea por su Centro Histórico descubre un monolito de piedra instalado en el costado izquierdo de la Catedral Metropolitana. La pieza fue colocada en 1878 por instrucciones de Vicente Riva Palacio, Secretario de Fomento, al ordenar fijar la altura de los diversos planos de comparación para los estudios hidrográficos.

Riva Palacio dispuso que el monolito se ubicara en “…la intersección que pasa por la esquina austral de la fachada de Palacio Nacional y del paralelo que forman las esquinas de las calles de Seminario y Moneda…”

Foto: Conaculta.

El monolito estaba exactamente a unos pasos del local que en 1872 obtuvo la primera licencia oficial para una cantina que tuvo por nombre “El Nivel”.

Por la violencia durante la Decena Trágica, en 1914 el monolito fue trasladado a la esquina poniente de la Catedral Metropolitana, en la calle de Empedradillo y Monte de Piedad. La obra tiene una inscripción grabada que hace homenaje a Enrico Martínez, primer científico que trabajo para salvar las inundaciones en la Nueva España.

Heinrich Martín nació en Alemania alrededor de 1555, precisamente el año en que Francisco Gudiel presentó su propuesta para evitar inundaciones.

A su llegada a México, Martín tomó el nombre de Enrico Martínez y en 1604 en su Relación, escribió:

“Al principio del año de 1604 estaba la dicha laguna tan baja que por el ejido que hay en la parte oriente de la Ermita de San Lázaro se iba a pie y a caballo al Peñol de los Baños. En este mismo año, en los meses de julio y agosto, llovió de manera que las avenidas del río de Cuautitlán y de Pachuca pasaron por encima de la calzada de San Cristóbal y la rompieron por seis puertas, entrando poderosamente en esta dicha laguna, la cual con esto y con los demás ríos y vertientes creció de manera que llegó a estar el agua de ella casi una vara en alto sobre el dicho ejido”.

Foto: UNAM.

El virrey Juan de Mendoza retomó la reparación de las obras del Virrey Luis de  Velasco con el apoyo de “indios” de los pueblos vecinos. Entre mil quinientos y dos mil peones laboraron durante cinco meses, pero los grandes problemas eran el acarreo de los materiales y el trabajo sobre y en el agua.

Enrico Martínez participó de estas obras, pero propuso una de las principales soluciones que desde entonces es guía en el desagüe de la Ciudad de México.

En su Relación, descubrió otros problemas pues en cien años se aró y labró la tierra y se transitó con ganado por lo cual “está azolvada de suerte que los aguaceros, ríos y arroyos vienen a la dicha laguna más de lo que en tiempos pasados solían traer”.

De acuerdo con sus observaciones, el vaso de la laguna se fue estrechando y subiendo del suelo por lo que “es fuerza que suba también el agua”. De seguir así, advirtió Martínez, las cosas empeorarían.

El Marqués de Salinas, con el fin de prevenir una futura inundación propuso a la Real Audiencia iniciar los trabajos de una obra para desaguar la laguna de Zumpango, por donde entraba el río Cuautitlán. La obra debería ser tan profunda para que también desaguara la laguna de México.

Los trabajos, en los que participó Enrico Martínez, iniciaron el 30 de noviembre de 1607 planeando que el 10 de septiembre de 1608 saliera el agua. La tierra suelta era un gran problema y los recursos para la obra tuvieron que incrementarse. Escribió éste: “…se ordenó que el plan de la obra se bajase de manera que pudiese servir para el desagüe de la misma laguna de México para que en tiempos de aguas se desaguase por ella la de Zumpango”.

Como escribió López Rosado, las obras iniciadas en 1607 no fueron productivas porque: “La trinchera de drenaje del lago de Zumpango se bloqueó y el túnel recibía el agua sólo del desviado Río Cuautitlán. El túnel era lo bastante profundo para drenar sólo los lagos de Zumpango y Xaltocan, pero no el de Texcoco, cuya superficie era más baja que la boca del túnel, además de que era demasiado pequeño y con una abertura estrecha para transportar el volumen de agua que exigiría emergencia”.

Una de las contingencias que podemos ver a lo largo de la construcción del Canal del Desagüe tiene que ver con la planeación y con los cambios y decisiones políticas. Como veremos más adelante, el Siglo XIX, las luchas partidistas y golpes de Estado interrumpieron frecuentemente las obras y no contaron con los apoyos humanos, materiales y financieros.

Escribió Enrico:

“Después de su ida (se refiere al Marqués de Salinas) pudieron los émulos de la dicha obra hacer en ella notabilísimo daño, sin que yo pudiera impedirlo. Fueron a causa de que se enflaqueciese y se quitase gran parte de dicha gente, y para suplir la falta de ella fue menester encaminar el dicho río de Cuautitlán derecho a la obra, según que ahora viene, que fue el único remedio de ella, y con esto se fue prosiguiendo para el desagüe de esta laguna de México”.

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José Alberto Márquez Salazar

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