El agua es parte de la historia de la Ciudad de México y no debemos olvidarlo. Ésta fue uno de los elementos que permitieron a los conquistadores españoles tomar México Tenochtitlán. Tras la caída, la Ciudad vivió otras inundaciones que iniciaron la historia del Canal del Desagüe.
Cuando Hernán Cortés llegó a México-Tenochtitlán, el Albarradón de los Indios ya estaba en funcionamiento y había modificado la geografía del Valle de México. Bernal Díaz del Castillo, quizá el cronista más conocido, escribió lo que vieron arriba del “gran cú”:
“Y veíamos el agua dulce que venía de Chapultepec, de que se proveía la ciudad, y en aquellas tres calzadas, las puentes que tenían hechas de trecho en trecho, por donde entraba y salía el agua de la lagua de una parte a otra; y veíamos en aquella gran laguna tanta multitud de canoas, unas que venían con bastimentos y otras que volvían con cargas y mercaderías; y veíamos que cada casa de aquella gran ciudad, y de todas las más ciudades cúes y adoratorios a manera de torres y fortalezas, y todas blanqueando, que era cosa de admiración, y las casas de azoteas y en las calzadas otras torrecillas y adoratorios que eran como fortalezas”.

Foto: agua.org.mx
El Valle de México estaba transformado de su fundación, en 1325, a la llegada de los extranjeros en 1519. Las diversas islas primitivas (Nonoalco, Tlatelolco, México-Tenochtitlán, Tultenco y Mixhuca) se relacionaban a través de puentes, acequias y canales que las comunicaban y conjuntaron para crear a una de las grandes urbes de América, comparable a las principales de Europa.
La historia de la “noche triste” ha sido relatada de diversas formas, pero en todas ellas el agua fue el factor y escenario donde los españoles vivieron una primera derrota y otras victorias.
Fuera de México-Tenochtitlán, Hernán Cortés decidió tender un sitio a la ciudad. Tres guarniciones avanzaron para hacerlo y en Tacuba recibieron los primeros gritos que los retaban. Escucharon misa. Sigue Bernal: “…acordamos que entrambas capitanías juntas fuésemos a quebrarles el agua a Chapultepec, de que se proveía la ciudad, que estaba desde allí de Tacuba a media legua”.
Antes de llegar a Tacuba, previendo la situación, algunos grupos de indígenas buscaron cerrarles el paso, pero, con la ayuda de los Tlaxcaltecas, los españoles lograron hacerlos huir y “…les quebramos los caños por donde iba el agua a su ciudad, y desde entonces nunca fue a México entretanto que duro la guerra”.
Díaz del Castillo escribió que luego de los diversos enfrentamientos, donde los españoles perdieron a cuatro y tuvieron cien heridos: “Ésta fue la primera cosa que hicimos quitarles el agua y dar vista a la laguna, aunque no ganamos honra con ellos”.

Foto: INAH.
En su Visión de los vencidos, Miguel León Portilla recuerda:
“Y todo el pueblo estaba plenamente angustiado, padecía hambre, desfallecía de hambre. No había agua potable, agua limpia, sino que había agua de salitre. Muchos hombres murieron, murieron de resultas de la disentería.”
Por otra parte, Gonzalo de Sandoval, que había partido de Texcoco, para ganar Iztapalapa estaba impedido de acudir en ayuda de los que en Tacuba esperaban a Cortés, pues, para hacerlo debía avanzar por una calzada que atravesaba la ciudad: “…si por ella viniera no hubiera bien entrado cuando la desbaratasen los contrarios, por causa de que entrambas a dos partes del agua le habían de guerrear, y él no había de ser señor de poderse defender y a esta causa se estuvo quedo”.
Cortés y sus trece bergantines se encontraron con las flotas de canoas dispuestas a defender la ciudad, pero evitaron el enfrentamiento esperando un viento favorable. Al tenerlo, embistieron a los indígenas y los hicieron retirarse. Avanzaron a Coyoacán y enviaron ayuda a Iztapalapa.
La batalla se estableció en y por el agua para ganar lo puentes y cegarlos a fin de cortar el suministro del liquido y las comunicaciones pluviales. Las victorias sucesivas en tierra y agua de los españoles modificaron la tendencia de los vecinos de los aztecas; los naturales de Chalco, Texcoco y Tlaxcala se aliaron a los conquistadores.
Después de muchos días de pelear, Cortés envió mensajeros para hacer la paz con Cuauhtémoc sin que éste aceptara. Gonzalo de Sandoval, con doce bergantines, logró apresar al emperador y ganó la batalla decisiva.
Preso Cuauhtémoc y ganada la ciudad, Cortés ordenó “que adobasen los caños de agua de Chapultepec a la manera que solían estar, y que luego fuese el agua por sus caños a entrar en la ciudad de México…”
Fernando Benítez relata:
“El indio abarcó toda la magnitud de su derrota y de su posterior degradación. El llanto se extendía como las aguas negras de su laguna y las lágrimas golpeaban Tlatelolco, como si fuera lluvia. Estas metáforas de un pueblo lacustre no agotan el tema del llanto”.
La destrucción que hicieron los conquistadores de la lógica urbana trajo como consecuencia la destrucción de algunas partes del gran Albarradón de los Indios.
En el año de 1553, la Nueva España, recibió una prolongada lluvia que, en su primera incursión, duró más de veinticuatro horas. El resultado lógico fue una gran inundación.
Para contener la emergencia, el Virrey Luis de Velasco ordenó construir una albarrada que se extendía en las hoy conocidas Calzada de Guadalupe y San Antonio Abad. Esta construcción fue el Albarradón de San Lázaro.
Frente al futuro que deparaba más lluvias y emergencias, una de las primeras propuestas de solución para evitar las inundaciones en el Valle de México, y en especial en la Ciudad, fue la de Francisco Gudiel, expuesta en el Cabildo el 26 de noviembre de 1555:
Gudiel, de profesión barbero, expuso claramente su conocimiento del Valle:
“…habiendo muchas veces visto las cercanías de esta ciudad y lugares, ríos y fuentes de donde proceden, y para buscar el remedio del desaguadero de las aguas de las lagunas de dos días a esta parte, he andado más de sesenta leguas de camino cercando las lagunas y viendo las partes y lugares de crecimiento de las aguas y ríos y fuentes que entran en las lagunas que hacen crecimiento en ellas, y pesando las aguas y el crecimiento que ha habido en los ríos, procurando entender de dónde viene el daño, y dónde se puede haber el remedio para remediar esta ciudad y desaguar las lagunas, y que éste esta ciudad muy segura, y que las aguas dejen las que pareciere y que cuando faltaren, se traigan fácilmente”.
Francisco Gudiel argumentó que las aguas no fueran muchas ni pocas y señaló que su crecimiento, aún en temporada de secas, ponía en peligro a la ciudad. Los ríos de Cuautitlán, Tepozotlán, Tenayuca y Tacuba eran los que más peligro representaban por lo que debía dárseles salida y desaguarse y, aunque las albarradas ayudaran, solamente “serían una resistencia y ésta no quitaría el daño de los ejidos, pastos y llanos y calzadas…”
Luego de afirmar que el río de Cuautitlán era el más caudaloso, propuso desaguarlo cerca de un cerro que estaba cerca de una estancia de Alonso Dávila. El desaguadero podía ser de dos leguas y una acequia de sesenta pies de ancho que fuera a parar a ciertas entradas de Huehuetoca, por donde caería para el río de Tepexeque (Tepeji).
La propuesta de Gudiel advirtió la importancia que Huehuetoca tendría en la solución del problema del desagüe del Valle de México. ¿Cuál fue exactamente la propuesta de Francisco Gudiel?
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