Las lluvias, la historia y las grandes obras (I)

por | Ago 15, 2025 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

En los últimos días, las lluvias rebasaron niveles históricos y la Ciudad de México vive momentos complicados. Las culpas se distribuyen. Las personas, ofendidas y afectadas, encuentran en los gobiernos el motivo de desahogo. Es cierto, quizá no previeron y mitigaron los efectos, pero olvidamos o desconocemos la historia (a veces la despreciamos) y es un pecado.

En los medios de comunicación se recuerdan fechas y decesos por las lluvias históricas en el Valle de México y poco se habla sobre la cuenca en la que vivimos, sobre las condiciones geográficas e hidrográficas.

Más aún, la opinión pública olvida que nuestros ancestros también enfrentaron los fenómenos naturales con grandes resultados. Es cierto, nuestro vivir inmediato nos impide ver más allá y la frustración por nuestro cotidiano transitar por la Ciudad nos motiva a cuestionar y enfurecernos.

Un traspié en nuestra historia es: ¿Porqué nuestros ancestros, tan sólo por una leyenda, construyeron una Ciudad en medio de una cuenca endorreica? ¿Por qué habitaron, y habitamos, en un sitio que estuvo rodeado de lagos y ríos?

Foto: Capital 21 CDMX,

La Ciudad de México está dentro de un gran ombligo, una cuenca que perdió su última salida natural durante el pleistoceno y que nos condena, durante siglos, a una constante zozobra por las inundaciones.

La lista de inundaciones es larga: La primera en 1446, luego en 1449 (durante el reinado de Moctezuma); en 1555 (ya con los españoles apropiados de la gran Tenochtitlán); más entre 1604 y 1635 (en la de 1628 falleció un 40% de la población indígena que habitaba la cuenca). Otras tantas en el siglo XX de las que tenemos memoria fotográfica.

En La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista (1982), Jacques Soustelle escribió:

“El Valle de México ha sido hecho por la naturaleza de tal manera que sus habitantes sufren a la vez dos inconvenientes contradictorios: hoy, como entonces, siempre existe o exceso de agua o escasez de ella; se sufre o de inundación o sequía”.

Fue Netzahualcóyotl el primer gobernante, previo a la conquista, quien planteó una solución luego de la inundación de 1446. Narró Francisco Javier Clavijero:

“Afligido Moctezuma con esta adversidad, consultó al rey de Texcoco, de cuyas superiores luces esperaba el remedio. El parecer que dio ese prudente rey fue que se hiciese un dique para contener las aguas, señalando el lugar donde debía hacerse y las medidas que debía tener.”

Esa obra es conocida como el Albarradón de los Indios que “se reducía a dos fortísimas estacadas de maderas paralelas, cuyo espacio intermedio se terraplenó con piedra y tierra. Lo más arduo de la obra consistía en haberse de hacer como se hizo dentro del agua y especialmente en algunas partes de considerable profundidad”, dice Clavijero. 

Dieciséis kilómetros tenía el Albarradón que iba de Azcapotzalco hasta Iztapalapa y para su construcción se requirieron más de veinte mil personas.

Pero hubo un momento en que el Valle de México, ante la sequía, fue abandonado. Fray diego de Durán nos informó:

“En el año de mil e quatrocientos y cinquenta y quatro, quuando los yndios por la quenta de sus años contauan Cetochtli, que quiere decir un conejo, y los dos años siguientes fue tanta la esterilidad de agua que uvo en esta tierra, que cerradas las nubes, casi como en tiempos de Elías, no llovió ni mucho, ni en el cielo en todo este tiempo uvo señala de querer llover…”

El Albarradón de los Indios contuvo las inundaciones hasta 1499, pues un año antes, bajo el reinado de Auizótl, y por su necedad de traer agua porque el Valle se encontraba cenagoso y dificultaba el tránsito de las canoas, se fabricó un acueducto desde Coyohuacan hasta México.

La carga de agua del acueducto se desbordó, invadió la Ciudad y destruyó todo a su paso. La historia tiene sus tintes trágicos, Jacques Soustelle nos platicó:

“Lo mismo Tezozómoc, cronista mexicano siempre pronto a exaltar a su pueblo y a sus antiguos sobreaños, que Ixtlilxóchitl, cuya historia que es visiblemente aprcial a favor de Texcoco, informan que Ahuítzotl, amedrentado, viendo que los mexicanos murmuraban y temiendo rebelión, recurrió a su socio Metzahualpilli, rey de Texcoco. ‘Ahora, señor, os quejáis y teméis, le dijo éste con buen juicio, si se hubiera evitado este inconveniente, no se mirara anegado todo, pues de ello fuiste avisado por el rey Tzotzoma de Coyoacán, que lo matásteis por ello…”

Tres fueron las principales obras que se realizaron en México-Tenochtitlán para la atención sobre el agua, antes de la llegada de los españoles:

1. Instalación de diques en: Tlacopan, Nonoalco, Chapultepec, Tepeyac, Coyoacán, Chalco y Xochimilco

2. Construcción de acequias: de La Viga, de Xoloco a San Antonio Abad, de Regina a Merced, de Monserrate, de San Juan, del Carmen, de Tezontlali a Tezontlale, de Santa Ana y de Tlatelolco.

3. El Albarradón de los Indios o de Netzahualcoyótl.

Hay que recordar las inundaciones que vivió –vive- el Valle de México y también traer al presente cómo se han enfrentado las inclemencias de la naturaleza.

Grandes obras para evitar las inundaciones fueron propuestas por Enrico Martínez, Francisco de Garay, Alejandro de Humboldt y Manuel Orozco y Berra, entre otros. De brazos cruzados no hemos estado, aunque parezca.

En 1804, Alejandro de Humboldt, reafirmó ideas ya planteadas: La Ciudad correrá siempre riesgos, mientras no se abra un canal directo al lago de Texcoco.

La llegada de los españoles cambió la traza de la Ciudad, trajo inundaciones y nuevas propuestas y obras que mitigaron las inundaciones, pero la historia de los habitantes para controlar el exceso y desabasto de agua en la Ciudad se extendió durante más de trescientos cincuenta años hasta que el villano favorito de la historia contemporánea, Porfirio Díaz, logró la construcción del Gran Canal, el Túnel y el Tajo de Desemboque, a principios del siglo XX.

Vivimos en una cuenca que se puebla cada vez más e integra a diversas ciudades. Las lluvias, atípicas o no, están y estarán presentes. La planeación urbana debe alejarse de la demagogia y las diferencias políticas. La historia nos ha enseñado cómo prevenir y mitigar las inundaciones en el Valle de México.

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José Alberto Márquez Salazar

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