Lo sagrado y lo profano del derecho al acceso a la información

por | Mar 31, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Por el Dr. Juan Carlos Martínez Andrade.*

En el año 2019 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó el 28 de septiembre como Día Internacional del Acceso Universal a la Información. Este derecho, cuya base constitucional se encuentra en el 6º de la Carta Magna mexicana, encuentra su contraparte en el Principio de Máxima Publicidad que mandata a los entes públicos a presentar a cualquier persona la información que posean o que generen, así como la justificación legalmente fundada y motivada de sus acciones.

En este sentido tenemos, sin oportunidad de contradicciones, la obligación del Estado y el derecho de los ciudadanos perfectamente alineados para conocer la información pública.

¿Por qué entonces los gobernantes se muestran reticentes a compartir o justificar su información? ¿Es la opacidad un tipo de corrupción? En los siguientes párrafos propondré a título personal una reflexión desde la teoría antropológica en torno al suplicio que implica para el ciudadano acceder a la información pública, así como a la reticencia del servidor público a abrir sus expedientes.

Foto: Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno.

Para Bronisław Malinowski (1993) ninguna sociedad está exenta de apego a una cosmogonía religiosa, de prácticas mágicas o hechicería, así como de conocimientos científicos. Es probable que alguna u otra sociedad se acerque más hacia una de estas dimensiones, pero ninguna carecerá de estos elementos. La religión dota de un corpus de significado en torno al destino de la humanidad, es decir un credo. La magia genera esperanza en los medios que se requieren para alcanzar un fin deseado. Por último, la ciencia aporta lógica y racionalidad a los instrumentos y prácticas realizadas en la vida cotidiana.

Tanto la religión como la magia se encuentran en el espacio de lo sacro mientras que la ciencia, o secularización del conocimiento, se encuentra en el espacio de lo profano (Eliade, 2014). El mito sirve entonces para unir y justificar ciertos conocimientos y prácticas a la luz del credo. El mito posee una función cultural de referencia del conocimiento, contiene las pautas de comportamiento y ofrece un plan de acción ante ciertas eventualidades. En este sentido, el mito preserva a las instituciones, es decir, las “normas de conducta establecidas de una forma particular de vida social” (Radcliffe-Brown, 1986, 19).

Pese a no ser nuevos ni el principio de máxima publicidad, ni el derecho al acceso a la información, se enfrentan a un credo aún más antiguo: la vetusta creencia patrimonial de los recursos públicos por parte de los funcionarios. En el México del siglo pasado cuando una persona era contratada para ejercer un rol o puesto público con la certeza de que duraría ahí décadas, los campos de acción y la información se volvían posesión del funcionario.

Los archivos eran generados y destruidos a contentillo y no había posibilidad de solicitar justificaciones ante determinadas acciones: exigir información era considerado desacato a la autoridad. El funcionario, ungido de potestades, era incuestionable. Esa era la institución imperante del México del siglo pasado: casi como religión, existía una creencia de que los funcionarios eran dueños de la información y la magia consistía en ofrecer datos sin fuentes confiables, crear historias para encubrir delitos y alterar registros públicos.

La secularización del conocimiento, una sociedad cada vez informada y orientada hacia la educación y la ciencia, ha roto con el viejo credo, profanando las tumbas de los archivos y estableciendo instituciones que democratizan la información pública. El cambio de siglo implicó un cambio organizacional e institucional, y este cambio requiere de nuevos mitos y ritos que preserven y propaguen las nuevas instituciones. Uno de los primeros será celebrado el próximo 28 de septiembre en todo el mundo y su objetivo es promover que el acceso a la información se institucionalice, es decir, se acepte y se preserve colectivamente.

Referencias

  • Malinowski, B. (1993) Magia, ciencia y religión. Planeta-De Agostini.
  • Radcliffe-Brown, A.R. (1986) Estructura y función en la sociedad primitiva. Planeta-De Agostini.
  • Eliade, M. (2014) Lo sagrado y lo profano. Paidós.

*El autor es Profesor investigador de El Colegio Mexiquense, A.C. [email protected]

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El autor es Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de San Luis, Maestro en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas y Antropólogo Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Tiene experiencia en evaluación de Fondos del Ramo 33 y Federalismo Fiscal. Profesor Investigador de El Colegio Mexiquense, A.C.  

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