
@RoCienfuegos1
Los resultados de las elecciones de medio mandato o “midterms” en Estados Unidos, si bien arrojaron varias sorpresas notables, también describen la crónica sobresaliente de un electorado que habló con fuerza y claridad absolutas en contra del gobierno de un hombre que se creyó el rey de la Casa Blanca y, más aún, de todo el globo. Si bien la temeridad fructifica muchas veces, es claro que también impone facturas y límites, sobre todo.
Lo peor de la temeridad, aun ésta sea política, es que basta una sola vez para que se le desahucie. Eso fue lo que acaba de suceder en Estados Unidos. Donald Trump fue desahuciado, algo con lo que tendrá que lidiar los dos años que le quedan en la Casa Blanca, pero que no serán fáciles para él, su país y el mundo entero. Es probable, sí, que esta elección marque un antes y un después
de Trump, pero siempre habrá matices.
Es cierto que para una inmensa mayoría de los electores estadounidenses, 240 millones de votantes, la jornada comicial del primer martes de noviembre ha derivado en una expectativa rebosante de esperanza y buen ánimo nacional, según acabo de recoger con base en diversos testimonios de aquel lado de la frontera norte de México. El martes tres de noviembre quedó inscrito ya como un día maravilloso en la historia del país vecino, y por extensión, para el mundo entero. Esto ya es bastante, sin duda. Después de todo, los demócratas barrieron en las
dos cámaras del Congreso.
Se añaden resultados inéditos en todo el país, en especial con las victorias de minorías y en particular de las mujeres. Es un hecho que los triunfos fueron mejores aun de lo que nunca se creyó. Quedó incluso descartada la posibilidad de un empate en el Senado que pudiera haber sido decidido por un voto del vicepresidente JD Vance, la fórmula política quizá más afectada después de Trump.

Foto: Captura de pantalla en Redes Sociales.
Entre otras muchas cosas, los resultados electorales marcarán el principio del fin para las aspiraciones imperiales del señor que habita en el Kremlin, lo que anticipa una mayor presión en Moscú procedente de Washington, mientras que en Teherán se respirará seguramente con alivio de cara a esta reconfiguración política estadounidense que ha puesto en evidencia el rechazo estadounidense predominante a una guerra ¿habría que agregar estúpida?
El Partido Demócrata, ganancioso fuera de toda duda, tendrá que oír sin embargo y con atención lo que puso en claro el electorado. Chuck Schumer, un neoyorquino veterano en el Senado, se perfila ya como líder de la Cámara Alta, lo mismo pero en la Cámara de Representantes en el caso del afroamericano, Jakeem Jeffries. Esto a partir de enero próximo cuando se instalen ambas cámaras.
Si bien, ahora mismo hay numerosas lecturas de lo ocurrido el primer martes de noviembre, también es destacable en el ámbito de las figuras que han surgido o se afianzan en la política estadounidense. Es el caso del senador John Ossoff (Georgia). En su discurso de victoria, Ossoff fue tan elocuente, acertado, de altura e inspirador, que evocó los mejores discursos de John F. Kennedy y aún de Winston Churchill, sin exagerar. Ossoff, con sus 39 años, dejó ver que tiene madera de estadista y presidente, muchísimo más que Gavin Newsom y Kamala Harris. Al demócrata Newsom lo relevará en enero próximo, Xavier Becerra, un político hijo de una familia mexicana.
La abogada Gina Hinojosa, hija de mexicanos, hizo desbarrancar al republicano Greg Abbott en Texas, un bastión republicano por más de tres décadas, mientras que el congresista demócrata Chris Pappas, de 46 años, ganó la elección para el Senado por Nuevo Hampshire tras imponerse al ex senador republicano John E. Sununu. Es la primera vez que un legislador declaradamente homosexual logra un éxito comicial semejante.
Con victorias indiscutibles en el Senado, los demócratas se hicieron de siete estados: Iowa, Ohio, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Kansas, Texas y Maine, varios de ellos bastiones tradicionales de los republicanos, para alcanzar 54 asientos en el Senado, por encima de los 51 necesarios para tener la mayoría. En la Cámara, en tanto, los demócratas dominan 237 escaños, una cómoda mayoría, de los 435 en juego.
Con su nueva configuración, el Senado será clave para frenar el poder desbocado del señor Trump, aun cuando éste mantendrá facultades ejecutivas en temas tan importantes como la política exterior, el comercio y la seguridad de Estados Unidos, tres asuntos cruciales para México, que todavía no puede cantar victoria aun con el contundente triunfo demócrata. A México le hace falta mucho más que un triunfo electoral en el país vecino. Es cierto, los electores de Estados Unidos cobraron con creces la estulticia y peor aún, la soberbia de un gobierno que se asumió imperial bajo la consigna de Make América Great Again, Maga.
Entre los factores clave que los estadounidenses cobraron a Trump destacan una impopular guerra en Irán, la elevada inflación que se tradujo en precios altos de bienes básicos, la aparente corrupción -que está por investigarse- y una despiadada persecución de migrantes con una enorme cauda de dolor en miles de familias.
La votación del martes tres de noviembre trajo además la reconfiguración del sistema constitucional de pesos y contrapesos en un país complejo, y con una población que rebasa los 350 millones de personas. Criticado fuertemente por su propensión a conducirse como un autócrata, Trump ha sufrido una dura lección, quizá la peor de naturaleza política, a sus 80 años de vida.
El mismo día de la elección, el influyente “The New York Times”, convocó al electorado del país a propinar un mazazo al inquilino de la Casa Blanca. Dijo el rotativo que una victoria para los demócratas sería la única forma de devolver a la normalidad a “un país que empieza a deslizarse hacia la autocracia”. La única vía, alertó, para imponer “un freno, que se necesita desesperadamente”, a la actividad de Trump en los dos años de gobierno que le restan.
El llamado hizo su efecto, pero aun así habrá que esperar. John Foster Dulles, secretario de Estado con Dwight Eisenhower, puso en claro hace tiempo que Estados Unidos no tiene amigos, sólo intereses, y no olvidar nunca -aunque parezca obvio- que demócratas y republicanos, éstos últimos hoy en caída, son estadounidenses. @Rocienfuegos1
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