Singladura / Cuando el poder se impone

por | Oct 2, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

@RoCienfuegos1

El acuerdo petrolero Caracas-Washington, anunciado en agosto último y la entrevista casi al cierre de septiembre pasado en un lujoso hotel de Nueva York entre el presidente Donald Trump y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, revela de manera nítida que los políticos y gobernantes, peor cuando se incuban de manera ilegítima en cualquier país del mundo, tienen a su disposición y/o bajo la manga una amplia gama de recursos listos para usar a cambio del reconocimiento, y más aún, de preservar el poder cuando éste se tambalea o está en riesgo de perderse.

Delcy, la heredera política del chavismo-madurismo, el binomio que destruyó Venezuela entre 1999 y 2026, llegó a la Gran Manzana al cierre de septiembre con el propósito esta vez de afianzar su gestión y obtener el aval del presidente Trump como parte de un vulgar y traidor trueque para preservar su permanencia, accidental e ilegítima, en el palacio presidencial de Miraflores, junto con las canonjías asociadas. Su presencia en Nueva York fue la primera visita como mandataria venezolana a territorio estadounidense en los últimos ocho años cuando Nicolás Maduro, ahora encarcelado, cumplió una escala allí.

Foto: Embajada de Estados Unidos en México.

En el caso de Delcy Rodríguez, y en una primera evaluación del acuerdo petrolero con base en una información escasa hasta ahora, este trueque resulta aún más costoso y mucho peor para los venezolanos, su dignidad y soberanía, pues la mujer que vive y presuntamente lleva las riendas del poder ejecutivo del país ni siquiera fue electa por los venezolanos.

Delcy ascendió al poder tras la “extracción” o captura de Maduro, a quien Trump le frustró el tres de enero de este año su necedad de perpetuarse de manera ilegal e ilegítima en la presidencia venezolana. Esto como consecuencia de su derrota en las elecciones de julio de 2024, cuando el candidato presidencial, Edmundo González, se impuso en los comicios con una ventaja abrumadora conforme las actas comiciales exhibidas por la oposición a Maduro, quien nunca acreditó su presunto triunfo electoral.

El solo intento de burlar la decisión electoral venezolana impondrá costos adicionales al país, que trascienden o rebasan el burdo propósito de Maduro, empeñado hasta enero pasado en perpetuarse en el poder. Y esos costos, claro, -hay que insistir- los pagará Venezuela toda. Dicho en otras palabras, las maniobras de un aspirante a sátrapa, capaz de negociar cualquier cosa en su intento, le impondrá costos  económicos elevados a los venezolanos, más allá de los que ya han pagado en los 27 años del chavismo-nadurismo, que son incalculables.

Es claro que al igual que Delcy, otros gobernantes de nuestra adolorida América Latina pactan con fuerzas peligrosas dentro de sus geografías nacionales, lo mismo que con potencias imperiales y aun supranacionales, para asirse del poder, el sueño supremo que hace sucumbir a sus países, sin que a ellos poco o nada importe. Y no son pocas las veces en que logran sus propósitos, así tengan sus países que pagar facturas económicas elevadas, si no es que también cuotas de la tan cacareada soberanía, trastocada en un recurso adicional de esos sabandijas del poder.

Foto: ONU.

Es un hecho que los gobernantes tienen un amplio arsenal de recursos, lícitos o no, para impedir la pérdida del mando. Lo hacen a plena luz del día, pero también en todo tipo de conciliábulos traidores. Frente a este fenómeno político, no de cuño reciente hay que aclarar, las sociedades, ciudadanas y ciudadanos, están obligados a reaccionar, así resulte una tarea muy cuesta arriba o empinada.

Aun y cuando la ciudadanía en general disponga de pocos recursos para oponerse, rechazar y aún muchos más escasos o nulos para deponer a esas criaturas políticas embelesadas con el poder. Menos todavía cuando en numerosos casos se les captura el derecho a decidir en elecciones, algo que no dudan en hacer aquellos falsos demócratas y/o presuntos redentores de la patria. Así ha ocurrido siempre. Vea usted si no las experiencias y casos de países como Cuba, Nicaragua, Venezuela y otros en ciernes.

La ominosa intervención estadounidense en Caracas del tres de enero de este año para poner un hasta aquí a Maduro, arrogante en el ejercicio indebido del poder pero sometido vergonzosamente por otro más grande que él, dejó ver  de manera descarnada la impotencia de un pueblo que por años bregó contra el madurismo y que reaccionó incluso con alivio al uso de la fuerza, así haya sido extranjera, para propinarle un manotazo definitivo.

Aunque inicialmente aceptada de cara a todos los infructuosos esfuerzos para deshacerse de Maduro y sus esbirros, los venezolanos ven ahora la otra cara de la moneda en el rostro de Trump.

Delcy ha aceptado con toda su ilegitimidad las condiciones estadounidenses en materia petrolera. Es una forma de consolidar su poder en Venezuela, así y en realidad detente un cargo no conferido por los venezolanos en las urnas, única forma válida y aún legítima de ejercerlo.

Sujetos a una especie de tutelaje estadounidense, los venezolanos serán casi espectadores de cómo Estados Unidos utiliza el petróleo, su principal riqueza nacional. Esto poco o nada le importa a Delcy y su claque. El poder es lo importante para ellos.

El acuerdo prevé el desarrollo de 17 campos petroleros con unos 65.000 millones de barriles de crudo, equivalente a una quinta parte de las reservas venezolanas. El gobierno de Trump sostiene que este proyecto garantizará  derechos económicos y de gobernanza sobre la nueva estructura empresarial encargada de operar esos activos. El esquema prevé además la creación de una empresa conjunta con North American Blue Energy Partners (NABEP), una empresa del controversial empresario venezolano Alejandro Betancourt. Washington destaca que el acuerdo “asegura nuestro dominio energético para el próximo siglo”. ¿Y las elecciones y la democracia? Ambas pueden esperar.

Un negocio redondo, sin duda, para Washington y una consecuencia de la tozudez primero de Maduro, ahora de Delcy, que han hecho de la riqueza venezolana una moneda de cambio por el poder que aún hoy detentan. ¿Cuántos otros poderes políticos están y estarán dispuestos a echar mano de éste o de cualquier otro recurso para garantizar su permanencia en los palacios nacionales o residencias presidenciales, especialmente cuando conculcan los derechos electorales propios de una democracia? El poder y su ejercicio es siempre una enorme tentación, más aún cuando se incuba de manera fraudulenta.

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Roberto Cienfuegos

Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Dirección Comercial. Su trabajo periodístico en México, América Latina, Europa y Asia ha sido publicado por McGraw-Hill, la revista colombiana Dinero, las agencias noticiosas Ansa (Italia), United Press International (UPI de Estados Unidos) Xinhua de China y Notimex de México, los diarios La Opinión de Los Angeles, Hoy y The Dallas Morning News.

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