Singladura / ¿Una corcholata menos?

Por Roberto Cienfuegos J.
@RoCienfuegos1

El último día de noviembre pasado, a propósito de un capítulo de ira que estalló entre usuarios abordo de un vagón de la Línea 3 del Metro, la misma donde el sábado siete de enero último sobrevino un “alcance de trenes”, según las autoridades del gobierno capitalino con un saldo fatal, alerté en este espacio sobre el peligro que deriva de la operación de “un sistema de transporte de quinta, así éste sea la columna vertebral del transporte de la Ciudad de México”, uno que mueve a tirones y jalones a unos cinco millones de personas cada 24 horas, en lo que constituye una urbe subterránea, aunque peligrosa de manera creciente.

Hice entonces esta pregunta: “¿Se atreverían nuestros gobernantes a abordar uno de estos vagones del metro en las horas pico de este sistema de transporte?” Y expresé mis dudas al respecto. Sume más dudas sobre el conocimiento que tienen nuestros gobernantes capitalinos de “la forma en que viajan cada uno de sus días sus gobernados” en el Metro.

Foto: El Financiero

Y aun concediendo que conocieran la manera y condiciones en que se transportan millones de capitalinos en el Metro, queda claro que no les importa esto conforme la evidencia que han dejado las desgracias ocurridas en los últimos meses, entre ellas y la peor sin duda por el número de víctimas, el desplome de un tramo elevado de la Línea 12, el 3 de mayo del 2021 -curiosa y coincidentemente, Día de la Santa Cruz- con un saldo de 26 muertes y casi un centenar de heridos.

¿Acaso no se dijo entonces y al fragor de la tragedia, que se tomarían todas las medidas para impedir la repetición de un desastre similar? ¿Se dijo? Claro que se dijo, se prometió y se perjuró que nunca más una tragedia en el Metro. Ajá.

Foto: Publimetro

El “alcance de trenes” del sábado 7 de enero puso en claro la importancia que los gobernantes dan a sus compromisos y, peor aún, a su palabra. No les importa, así en ello vaya la vida de ciudadanos que carecen de otra forma de desplazarse por la Ciudad.

Sobran además las evidencias, palmarias todas ellas, de que para “los gobernantes, subir al metro es una oportunidad nunca desaprovechada de tomarse la foto, de parecer personas sencillas y aún idénticas a los que sufren
cada día todo tipo de vejámenes”, y más recientemente la muerte incluso.

El comentario que aludo de noviembre del 2022 fue hecho a propósito de la manera en que opera en general y especialmente en las horas pico el Metro de la Ciudad de México y la calidad de un servicio venido a menos con los años, al grado de que podría decirse hoy que este sistema, -insisto- que constituye la columna vertebral de la movilización urbana, está en vías, de convertirse, si es que no ya lo es, en un peligro subterráneo para millones de usuarios, obligados a correr el riesgo de semejante experiencia.

Dos accidentes graves y fatales en menos de dos años, más otros muchos más aún menores si se quiere, deberían ya encender las luces rojas de todo el sistema. Ciudad de México, y refiero a sus habitantes en forma particular, merecen un metro que garantice en primer lugar su seguridad e integridad cabal, así como también la eficiencia y rapidez de un servicio crítico para millones. Esto deberían tenerlo sobradamente claro quienes ejercen funciones de gobierno, y de manera particular quienes han externado sus aspiraciones de alcanzar y ejercer cargos públicos de mucha mayor responsabilidad en el ámbito nacional.

Foto: Gobierno de México

Es el caso de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, quien públicamente ha admitido y dado a conocer sus legítimas aspiraciones de suceder en el mando del poder Ejecutivo federal a Andrés Manuel López Obrador, su más firme respaldo hasta ahora, y bajo cuya sombra, la mandataria capitalina se aferra a la esperanza presidencial, con una ilusión casi frenética. Fue esta aspiración, precisamente, la que llevó a Sheinbaum el primer sábado de enero a viajar fuera de la capital para visitar Michoacán, donde sería ponente de una conferencia intitulada “Las políticas
exitosas de la CDMX”. Vaya paradojas. Esto mientras en la capital del país, el Metro registraba una tragedia.

Es previsible que tras este segundo desastre del Metro, ahora en la Línea 3 entre Indios Verdes y Universidad, sobrevengan consecuencias, efectos e impactos, si no en las aspiraciones presidenciales de la Doctora Sheinbaum Pardo, sí en el gran dedo elector del inspirador, padre y propietario de Morena.

Como bien sabemos, la gobernante capitalina rivaliza por la codiciada candidatura presidencial de Morena con dos políticos de peso pesado como son el canciller Marcelo Ebrard y el titular de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, éste último conforme a fuentes políticas confiables, el verdadero caballo negro en la carrera presidencial del 24. “¿Caballo negro?”, sí, el término que se atribuye nada menos que al gobernador guerrerense, Rubén Figueroa, hacia mediados de la década de los 70.

Sin embargo y aún en medio de este escenario, que se cree adverso para la doctora Sheinbaum Pardo, una cosa queda en claro, hasta ahora y en especial en un año crucial como el que inicia para la vida política mexicana: en este } campo, el político, no hay nada escrito ni mucho menos definitivo. Así que aun con los desastres del metro y las consecuencias fatales asociadas, uno debería poner en duda, o por lo menos preguntarse si hay una corcholata menos. ¿Será?

@RoCienfuegos1

 

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