Singladura / Un asunto de fe

Por Roberto Cienfuegos J. / @RoCienfuegos1

Resulta válido poner en duda la veracidad del contenido del libro “El Rey del Cash”, de la periodista Elena Chávez, ex esposa del hoy subsecretario de Gobernación César Yáñez, quien tras un castigo presidencial por una boda “a todo trapo” con una empresaria poblana, fue recientemente rescatado del virtual ostracismo.

Digo que es válido dudar del libro de Chávez, un testimonio personal, más que una investigación documental, porque todavía hoy pueblan México, al menos varios millones de ciudadanos convencidos de las bondades de la llamada Cuarta Transformación y en particular de su líder, el presidente Andrés Manuel López Obrador, un político que ha consolidado a partir de su llegada al poder una amplia red de apoyo popular con cargo al erario público, así y ésta estrategia reditúe muy poco al desarrollo ciudadano y del país y si en cambio abone muchísimo en la pleitesía que se rinde al presidente, y que parece reflejarse en numerosas encuestas.

Foto: presidente.gob.mx

Así que los millones de beneficiados con fondos públicos, así éstos poco o nada abonen a favor de superar la pobreza de vieja data en la que viven y más bien los condena a pervivir en ella, están convencidos, tienen la fe absoluta y ciega en que como machaca con frecuencia, López Obrador es un político inmaculado, incapaz de incurrir en alguna tropelía, un líder auténtico al que nunca le ha interesado el dinero y que sólo ha tenido una vida dedicada al ciento por ciento al cumplimiento de sus ideales. Es válido entonces, insisto, asumir -como lo hacen sus huestes- que el hoy presidente de la República nunca jamás se ha manchado su albo plumaje, así haya dedicado toda su vida al ejercicio político, a la búsqueda del poder, que es el fin último y esencial de la política.

Estos seguidores consumen además de manera completa el discurso del poder de turno de que si antes no se les daba ni un céntimo fue debido al robo y/o la corrupción, no probada de manera fehaciente en más de cuatro años de ejercicio gubernamental. Aun entre sectores medios del país, se cree esto y se propala la convicción de que es preferible recibir estos fondos a que se los roben.

En consecuencia, un poco de dinero en el bolsillo se ha traducido en una adoración interesada, pero sobre todo pagada. No es mucho dinero, pero es claro que genera milagros políticos, así el país en general diste cada vez más de encauzarse en una vía de desarrollo, donde las personas en plenitud física e intelectual encuentren condiciones para su propia evolución y satisfacción económica con base en sus propias capacidades personales, profesionales y/o productivas. Pero esto último tampoco importa. El país podría caerse en pedazos por múltiples razones, pero mientras el dinero, así sea escaso, fluya en los bolsillos, pues con eso es ya bastante para muchos compatriotas, que prácticamente renuncian a sus capacidades.

Esto es una diferencia clave entre el pasado y la 4T, pero también de su líder máximo, que ha tenido el tino político de venderse bastante bien ante el electorado, así el país revele déficits graves en numerosos campos.

De allí que para muchos de nuestros compatriotas también es válido, considerar que López Obrador jamás y a lo largo de muchos años violentó un solo principio moral y/o ético de los muchos que proclama con frecuencia en la matutina en Palacio Nacional para inspirar la vida, toda, de México y de todos y cada uno de los mexicanos. Es válido entonces defender la inocencia y aún la verticalidad a ultranza y a toda prueba del presidente, a quien no pocos en México siguen considerando una especie de mesías, que alcanzó el poder supremo nacional para hacer una sola cosa: el bien.

Foto: Crónica de Xalapa

Los pesos en millones de bolsillos son la evidencia contundente de esto, así haya muchos otros problemas -que todos conocemos- pero que se distancian de una narrativa y aún la imagen construida por el presidente en la psique colectiva de lo que llama el pueblo bueno y noble.

Por ello, muchos mexicanos también consideran una auténtica fortuna la coincidencia entre el ejercicio presidencial de López Obrador y el estallido de la pandemia por el coronavirus, e incluso la crisis económica del país, agravada a partir de la invasión rusa en Ucrania. Piensan que un presidente distinto a López Obrador habría actuado casi seguramente en la esfera macroeconómica, pero no de la manera paternalista, apapachadora y bonachona en que lo ha hecho el hoy inquilino de Palacio Nacional al proveer fondos de manera directa antes que a las instituciones y/o empresas para impedir, por ejemplo, la pérdida de empleos y/o el abaratamiento de la fuerza de trabajo, entre otros efectos.

Además y de igual forma, muchos mexicanos juzgan un hecho afortunado que el hoy presidente haya llegado al poder justo para detener la ola neoliberal que “azotó” a México por casi cuatro décadas, salpicada claro de una corrupción que asocian al pasado inmediato, pero que caducó con el ascenso de la 4T, sin que esto último esté comprobado.

Para quienes creen todo esto, más muchas cosas más, entre ellas el fin de la impunidad y la vigencia plena de derecho en México, resulta entonces absolutamente válido dar por una falsedad más el libro de Chávez, a quien de ribete califican de una mujer despechada, así esto último constituya una expresión misógina en extremo. Pero eso tampoco importa.

Es válido dar entonces por hecho que en la mente de millones de mexicanos persiste la fe de que López Obrador sólo está animado, inspirado por las causas más nobles y excelsas en toda la historia mexicana. Nadie como Él había llegado al poder político supremo de México. Él es el antes y el después de la historia política mexicana. Así entonces, jamás podría comparársele con sus antecesores neoliberales porque eso sería sí un insulto supremo. Él es diferente, llegó al punto máximo del poder político de México después de una brega intensa, dolorida, colmada de sinsabores y jamás traicionará a nadie porque su credo es “no robar, no mentir y mucho menos traicionar”.

Tampoco sabe odiar y la venganza le es ajena. Nadie, nadie antes que López Obrador, había comprometido su quehacer político con estos valores supremos de la moral, la ética y la decencia, y siempre en favor del pueblo. Él sí pudo y puede hacerlo porque nada hay en su historia personal y política que pudiera ensuciar su solo nombre. Impensable. Es además Él un político que duerme muy bien porque a diferencia de todos los demás, él tiene la conciencia tranquila y jamás se levanta pensando en cómo joder a México. Él es el tipo de político que nace sólo una vez cada cien años, según da fe la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, cuyas prácticas políticas son cuestionadas en diversos sectores.

Foto: 24 Horas

López Obrador es también la encarnación de la nación, del pueblo, y la patria, la magnífica trinidad pues en una sola persona, según los senadores de Morena, que apuestan a la manutención y proyección de sus carreras políticas al congraciarse con el jefe del Ejecutivo mexicano.

También López Obrador ha recibido el reconocimiento de dignatarios extranjeros, entre ellos el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien en marzo de este año se refirió al hoy presidente mexicano como “un regalo para México”.

Lula dijo que un hombre como López Obrador no nace todos los días y menos llega a alcanzar la Presidencia de la República. Hay otros elogios de la figura de López Obrador. Evo Morales, por ejemplo, otro de los fervientes admiradores del jefe del Ejecutivo mexicano, asegura que éste sostiene, inspira y revitaliza a la izquierda latinoamericana, un baluarte continental.

Así podríamos seguir con una larga lista de admiradoras y admiradores que ven en López Obrador un prohombre, inmaculado en el arte de la política, que nunca se equivoca y siempre tiene la razón. Así que frente a la fe ciega, el dinero en los bolsillos, así éste sea escaso pero regalado, y una prédica que ensalza todo el tiempo a los pobres y reniega de igual forma de los neoliberales, asociados a la corrupción y el descuido popular, no hay obús capaz de horadar los muros que en Palacio Nacional protegen a su inquilino principal.

@RoCienfuegos1

 

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