Y sí, nos llegó la crisis… y el coronavirus también

Por Felipe Reyes Barragán

La forma de pensar de AMLO refleja el pensamiento de millones de mexicanos que, por ejemplo, consideran que, sobre la adversidad en salud, la fe, las estampitas pues, son la mejor medicina.

En México, después de casi 3 meses que hizo su aparición en la provincia china de Wuhan, China, el 10 de diciembre de 2019, se reportó el primer caso confirmado del COVID-19 en un hombre que venía de Bérgamo, Italia, y desde entonces el tema ha ido escalando día a día, un tanto sí, por el desarrollo natural del contagio de este virus, pero otro más, por el manejo que el gobierno federal, a través de la Secretaria de Salud, ha dado al tema.

Lo primero que debemos mencionar es que ningún país de los 187 donde hay casos confirmados ha sabido, desde un principio, cómo manejar una situación sanitaria como la tenemos ahora, y no porque no hubiéramos pasado ya por alguna, recordemos la gripa porcina, el SARS, Ebola y la influenza, sino porque estos virus son tan cambiantes que si bien pueden contagiar a un gran numero de habitantes en un país, en otro, vecino, los casos pueden ser menores.

Esto puede quizás de pronto justificar las acciones y luego, las reacciones de los gobiernos que deben de tener múltiples factores en cuenta para actuar. ¿Cerrar o no fronteras? ¿Imponer sanciones o penas de cárcel a quien ande en la calle? Aunque luego entonces tengamos cientos de detenidos en un espacio confinado o lo que ha provocado debates ¿Aplicar o no cuarentena y suspender toda actividad laboral, social y religiosa? Lo cierto es quien defienda una medida encontrara un detractor de esta y viceversa, y en el tema de la comunicación política eso se vuelve todo un reto. La salud es primordial, pero ¿qué pasa si NO cancelo actividades y el sistema de salud colapsa? ¿Quién asume el costo? ¿El gobierno? ¿El ciudadano? Complejo es.

En México el tema ha sido complicado porque hasta el lunes 23 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio un mensaje, ni alentador ni aterrador, un poco mas neutro, donde se percibió que por fin asumió lo complejo de la situación y dio a conocer algunas acciones, que esas serán sujeto de análisis de las áreas y especialistas correspondientes, pero hubo al menos casi dos meses donde pasamos de la sátira, el desden, la ignorancia, el desprecio y hasta el chiste de lo que hasta ese momento significaba el COVID-19 para la máxima figura de este país. Basta recordar escenas donde el subsecretario Hugo Lopez Gatell recomendaba, en la mañana no abrazar para que minutos después el mismo AMLO lo contradijera.

Y acá rescato dos puntos importantes:

1.- La forma de pensar de AMLO refleja el pensamiento de millones de mexicanos que, por ejemplo, consideran que, sobre la adversidad en salud, la fe, las estampitas pues, son la mejor medicina. Encontramos casos donde la gente cree, derivado si de sus hábitos, formación, nivel educativo, etc. que el coronavirus es un invento de la oposición.

Este pensamiento, en términos de estrategia, impidió que las acciones de distanciamiento social, un término que, si bien es técnico, no es claro ni preciso, tuvieran impacto los primeros días, después de que se presentaron casos oficiales y observamos como la gente paseaba. Un segundo error en los mensajes fue llamar vacaciones al periodo de dos semanas de suspensión de clases que preceden la semana santa. Este error fue originado, desde el discurso y mensaje de la Secretaria de Educación Federal y el fin de semana que eso fue anunciado, fue impresionante ver las reacciones de la gente planeando “vacaciones” y los niños felices hasta que el mismo gobierno, mediante campaña en redes y medios tradicionales publicó, usando el concepto aislamiento, que esos 15 días eran para mitigar la propagación del virus.

2.- Esta ausencia de congruencia y consistencia entre los mensajes y las acciones y hasta una cierta “pasividad” de AMLO derivó en un sentimiento de abandono. Prueba de ello son las reacciones a las posturas que hacían los mexicanos a los discursos de los presidentes de Canadá, de Alemania (Canciller en este caso) o de El Salvador, o de otros países como Singapur o Corea. Y es que lo cierto es que, si bien el virus es el mismo, los países no lo son, por eso es hasta un poco fantasioso pretender que lo que se hizo en Singapur se haga en México, solo recordemos dicho país asiático cuenta con recursos que superan a México, que es un país autoritario y que impone multas y sanciones muy agresivas y que su población es de solo el 5% respecto a la nuestra.

Pero ojo, esa percepción se nota en los ánimos y en los futuros políticos, aun no sabemos ni como ni cuando  terminará esto, pero lo cierto es que lo que se haga ahora, nos guste  o no, será parteaguas para la definición política del 2021, y si se privilegian discursos donde se sustente que el coronavirus solo le da a los ricos, según el Gober de Puebla, o que no es tan letal y que muere más gente de influenza que de covid-19, que es cierto, pero que a diferencia de la influenza cuando nos pego a México, ahora tenemos una economía de pinzas, con el precio del petróleo, la posible baja recaudación y la recesión en ciernes, si,  nos llego la crisis, y el coronavirus también.

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