Polémicos pero efectivos

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El primer parquímetro se instaló en 1935 en la ciudad de Oklahoma, Estados Unidos, como una medida para reducir el congestionamiento en el centro de la ciudad. Esta acción enfrentó gran oposición, se le consideró “antiamericana” y se dijo que duplicaba el impuesto que los propietarios de automóviles pagaban a la ciudad. No obstante, el esquema se implementó y desde entonces se ha extendido rápidamente por todo el mundo.

Más allá de la polémica, existen beneficios comprobados derivados de la instalación y operación de parquímetros: Genera un cambio en la movilidad de los ciudadanos. Muchos automovilistas optan por trasladarse en transporte público y modos no motorizados, o bien, por compartir el automóvil con amigos y compañeros de trabajo. Lo anterior disminuye el consumo energético, así como la emisión de gases contaminantes y de efecto invernadero.

Se ordena el estacionamiento en vía pública al señalar claramente los lugares permitidos y prohibidos para estacionarse. Esta medida permite recuperar para el peatón, espacios tomados por el auto de manera indebida. Para funcionar, las zonas con parquímetros requieren de constante vigilancia y de la aplicación de sanciones por incumplimiento. Los recursos que genera el sistema son suficientes para financiar esta vigilancia, sin que ello represente recursos adicionales a la ciudad.

Accesibilidad. La mayor disponibilidad de lugares de estacionamiento en vía pública que genera los parquímetros, facilita la entrada de clientes a establecimientos comerciales y de servicios, lo que aumenta sus ventas.

Se controla o se integra formalmente a los acomodadores informales (“franeleros”) que realizan una semiprivatización de la vía pública en las zonas de alta demanda de estacionamiento.

En la Ciudad de México existen actualmente 13 polígonos con parquímetros. De acuerdo a datos de ecoParq, entre enero y abril de 2015 se recaudaron 109.8 millones de pesos (mdp), de los cuáles 32.9 (30 por ciento) fueron destinados a espacios públicos al interior de dichos polígonos. Los recursos restantes (70 por ciento) son retenidos por el concesionario de los parquímetros para la operación del sistema.

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