Corrupción, la falla de la democracia

por | Nov 2, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Mientras las fuerzas políticas se culpan sobre la corrupción durante la administración de Guadalupe Taddei, al frente del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), las personas, especialmente los electores, debemos reflexionar sobre hasta dónde nuestro voto permite que actos así sucedan ¿Fortalecemos instituciones o a personajes?

No se trata de voltear a otro lado sino de comprender que la corrupción se alimenta con comisiones u omisiones, entre ellas las de los electores.

Los casos de corrupción dentro del INE no son nuevos. En el 2016, el padrón electoral fue “robado” y ofertado en plataformas digitales; En una tienda de comercio electrónico, 91 millones de datos personales se pusieron a disposición de quien los comprara y, hasta en mercados tecnológicos, como en Tepito, las bases podían adquirirse.

En 2018, el Órgano de Control Interno del INE informó sobre una investigación iniciada en 2015 “por la contratación y vigilancia de un pedido para la adquisición de elevadores” y “anomalías en el procedimiento de contratación de arrendamiento de vehículos, que implicaron un total de 937 millones de pesos”. (El Universal, 19/03/18)

Los lujos y derroches de funcionarios del INE también fueron señalados en los últimos quince años sin que hubiera metodologías o controles que los detuvieran. Taddei llegó a limpiarlo y lo ensució más.

Foto: INE.

Gracias a la elite de la oposición (especialmente de gobiernos de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional), el Movimiento de Regeneración Nacional (Movimiento) utilizó a la denuncia y acusación de corrupción como arma política.

Fue el Movimiento quien ganó adeptos, votos y elecciones exhibiendo a la oposición. Hoy, cualquier indició de corrupción en los gobiernos y personajes emanados de éste –aunque mantenga altos índices de aceptación- es una refutación al propósito de su origen ¿Pueden exhibirse los actos de corrupción de los opositores y voltear la cara cuando los propios tienen denuncias sólidas?

El de la corrupción no es un problema del Movimiento solamente. La corrupción es un mal endémico de la nación. Nuestro pasado –colonial o virreinal, según acomode a su interpretación- fomentó la creencia de que las instituciones y el erario público son patrimonio de funcionarios, familiares y amigos de los personajes políticos. Seguimos anclados en la corrupción y sorprendiéndonos de las nuevas forma de su ejercicio.

La visión idealista (la lucha por los pobres, el pueblo, la nación, la patria, los desclasados, la República, la familia, los valor, etcétera), repetida, especialmente luego de la Revolución Mexicana, apapacha el camino para que la función pública sea un instrumento del enriquecimiento personal y de grupo. A nombre de las luchas por la democracia o contra las injusticias la política es instrumento para el enriquecido de miles de personas.

Los actos de corrupción no son privativos de este siglo; no los inventó el PRI, el PAN, el de la Revolución Democrática, Movimiento Ciudadano o el Movimiento; no fue el gobierno de Luis Echeverría, de Salinas de Gortari, de Vicente Fox o de Claudia Sheinbaum. La corrupción es histórica y éstos la perfeccionan.

Miremos a personajes de la política: desde el movimiento más pequeño hasta el partido más grande, muchos personajes no ganan el sustento con el sudor de sus manos, obtienen ganancias por favores y dadivas. Y no, no está mal que el trabajo político sea remunerado; lo desafortunado es que las instituciones permitan el enriquecimiento ilícito; unos más, otros menos, diría el filósofo/político, Hilario Ramírez Villanueva, Layín.

Las personas, los electores, también tenemos responsabilidad frente a la corrupción de los políticos: ¿debemos votar por personajes cuya trayectoria tenga menos indicios de corrupción, una trayectoria más “limpia”, menos contaminada de ilegalidad o por los ídolos que se dicen impolutos? La imperfección es cualidad humana.

Foto: Guadalupe Taddei en redes sociales.

Ante los supuestos cometidos por Guadalupe Taddei, su grupo y los que sobreviven de administraciones anteriores, en el INE, la reflexión debe ser más profunda.

Durante más de dos décadas se promovieron órganos autónomos que fortalecerían la democracia. Cada grupo en el poder, en el gobierno e instituciones, colocó a los suyos en puestos claves para vigilar “la democracia”. Todos obtuvieron ganancias.

No olvidemos que la elección de la ex titular del INE no fue responsabilidad solamente de un Movimiento o Partido Político, fue responsabilidad de la falta de consenso entre los grupos parlamentarios. Además, quienes conocen las entrañas del Instituto, saben que los Consejeros y grupos parlamentarios se distribuyen las posiciones en la institución.

Los ex consejeros del INE, advierten que nunca había sucedido lo de Guadalupe Taddei. La pregunta es clave: si se invirtió tanto en la institución ¿Cómo es posible que no tenga un órgano interno eficaz para impedir la corrupción? Sí, durante los últimos años se le otorgaron facultades extraordinarias a la o el titular del Consejo General del INE, pero ¿y los controles internos? ¿Y la Auditoria Superior de la Federación?

En lo de Guadalupe Taddei todos buscan a responsables y se lanzan culpas. Mo quieren aceptar que la democracia y las instituciones para salvaguardarla fallaron. Las instituciones de la democracia construida nos han dejado más daños económicos, morales e institucionales, y acrecentó agravios, redujo credibilidad y promovió derroche de recursos y daños al erario.

A la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum se promovieron y aprobaron modificaciones normativas para el combate a la corrupción. Contrariamente a otros gobiernos, que no cumplieron con el combate a la corrupción, la titular del Ejecutivo Federal tiene tiempo para reflexionar que no todo es “mandar al diablo a las instituciones” y advertir que las cosas no van bien. Construir instituciones y reforzarlas es necesario pues son el dique ante los corruptos y saqueadores (del partido o movimiento que sean).

El desgaste de los más de 70 años de gobiernos del Revolucionario Institucional fue resultado del abuso del poder, la ausencia de democracia y, especialmente, luego del 2012, de la corrupción fortalecida y exhibida durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Si la presidenta de la República, desde la tribuna, en Palacio Nacional, evidencia y recuerda la corrupción de la oposición, pero voltea y evade las acusaciones de personajes en su gabinete o en el Movimiento, seguramente fortalecerá los pactos políticos internos, pero poco ayudará a que ese mal endémico se reduzca.

¿Dónde están los resultados de las reformas e instituciones inventadas por el Pacto por México, para limitar la corrupción? ¿Dónde las iniciadas por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Dónde quedó la limpieza de arriba para abajo? ¿Dónde la Cartilla Moral?

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José Alberto Márquez Salazar

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