
José Alberto Márquez Salazar.
La complejidad de las sociedades y su desarrollo requieren del mínimo de confianza entre las instituciones y las personas. De otra forma, los proyectos, planes y políticas públicas, carecen de legitimidad y eficiencia. La confianza parte de la reciprocidad entre narrativas y hechos. Las instituciones tienen la responsabilidad de informar, comunicar, dialogar, transparentar y rendir cuentas y las personas escuchar, opinar, cuestionar y participar.
El Programa General de Desarrollo de la Ciudad de México (PGD):
“1.… es el instrumento al que se sujetarán los planes, programas, políticas y proyectos públicos; la programación y ejecución presupuestal incorporará sus objetivos, estrategias y metas…
2.… definirá las políticas de largo plazo en las materias de relevancia estratégica para la Ciudad. Tendrá por objeto la cohesión social, el desarrollo sustentable, el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, el equilibrio territorial y la transformación económica.”
(Artículo 15, Apartado A, inciso 8, de la Constitución Política de la Ciudad de México).

Foto: Alcaldía Cuauhtémoc.
La Ciudad de México (CDMX) no cuenta con la actualización de este instrumento desde hace 20 años y el proceso de construcción del PGD para el 2025-2045 está en peligro.
No es menor que el proyecto de PGD esté cuestionado por su contenido, la forma de su consulta y las dudas sobre el tratamiento que se hará a las observaciones, dudas y planteamientos de especialistas, vecinas, vecinos habitantes.
¿Puede la CDMX avanzar al futuro sin un PGD? Sí, pero parcialmente y con traspiés.
¿Puede construirse un PGD sin el consenso vecinal? Sí, pero sin legitimidad y colaboración.
El 7 de octubre del 2025 fue publicada en la Gaceta de la CDMX “…la Convocatoria para la consulta pública para presentar opiniones y propuestas del Proyecto del Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México.” El objeto principal de la Consulta Pública:
“Es la participación directa de las personas habitantes y vecinas, que, a través de la deliberación pública, presentan opiniones y propuestas que, en caso de ser procedentes, serán incorporadas al Proyecto del Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México, permitiendo que el proceso de planeación del desarrollo sea decidido por las personas habitantes y vecinas de la Ciudad de México.”
Desde el inicio de la consulta, la comunicación del Gobierno de la CDMX fue confusa dado que, sin un proyecto inicial de análisis, circuló una versión que muchas personas tomaron como fidedigna: las noticias falsas circularon y siguen presentes.
La convocatoria definió como:
“l) Deliberación democrática. – La reflexión de los pros y contras, entre dos o más personas para tomar una decisión en democracia, y
…”
La deliberación es más que una consulta.
Existe prisa de la mayoría del Congreso de la CDMX para aprobar el PGD antes del inicio de la Copa Mundial de Fútbol, en este año, 2026. El instrumento es importante, pero más lo es el consenso que se logre.
Hay preguntas que la autoridad responsable constitucionalmente de construir el PGD, el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México (IPDP), debe responder con claridad:
a) ¿Se modifica la figura de las Comisiones de Participación Comunitaria (Copacos) como lo señaló el coordinador de Planes y Programas del IPDP, Erick Serna?
“Lo que se propone es hacer un rediseño de las Copacos hacia asambleas vecinales, como en su momento hizo una transición de jefes, jefas de manzana hacia Copacos”. (Reforma, 07/03/26)
¿Quién formuló esa propuesta?
b) ¿De dónde parte la idea de construir, en cada alcaldía, una Casa de Gobierno? ¿Éstas sustituyen la función de diálogo de las Copacos y alcaldías con el gobierno central?
c) El 25 de febrero, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, extendió al 10 de abril el plazo de consulta y festejó la participación y realización de 650 actividades y 68 asambleas comunitarias, la recolección de 450 mil cédulas domiciliarias y la recepción de ¡12 mil 500 propuestas!
¿Cómo van a analizar, procesar, digerir, elegir e integrar las propuestas? ¿El IPDP tiene la capacidad y el tiempo para ese monumental trabajo?
d) Cómo va a recuperar, el gobierno de la CDMX, la confianza de quienes participaron, de las y los vecinos y habitantes.
El Proyecto de Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México 2025-2045 señala en su página 25:
“La consolidación de un sistema de participación ciudadana integral y permanente, donde las decisiones sobre el territorio se tomen de manera colectiva, es un objetivo prioritario del sistema de planeación y el de derechos humanos.”
Y, en la 26:
“Fortalecer la democracia, las libertades y el acceso a la justicia en la Ciudad de México requiere reconstruir la confianza entre gobierno y ciudadanía. La gobernanza participativa, que significa gobernar con la sociedad, se basa en el diálogo y la colaboración horizontal. Un gobierno cercano, inclusivo y transparente debe garantizar mecanismos efectivos de participación, rendición de cuentas y justicia accesible.”
Parece que ninguna de las dos intenciones está presente en el ejercicio de construcción del PGD.
La desconfianza, e inclusive las impugnaciones, de organizaciones de vecinos, deben modificar el actuar y la narrativa del gobierno de la CDMX (especialmente el IPDP) ¿Quién escucha y cómo escucha? En el gobierno de la CDMX hay experiencia para tender puentes con las y los vecinos, vecinos y habitantes. No la dejen de lado.
El gobierno de la CDMX debe recuperar la confianza que se deterioró durante el proceso de consulta pública para la construcción del PGD; dejar atrás el silencio y la omisión a las dudas existentes. Veinte años del futuro de la Ciudad requieren de un buen ejercicio político.
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